La comunidad de Barrio Unión se encuentra sumida en una emergencia sanitaria que parece no tener fin. Específicamente, en la carrera 2 entre calles 15 y 16, los vecinos conviven diariamente con un colapso de aguas negras que persiste desde hace más de tres años.
Lo que inició como una falla recurrente se ha transformado hoy en un foco de infección masiva por la rotura de las tuberías de aguas negras en siete puntos, extendiéndose desde la calle 15 con carrera 2 hasta la siguiente cuadra, sin que hasta el momento exista una respuesta técnica eficiente por parte de la hidrológica del estado Lara.
La frustración de los residentes radica en la ineficacia de las intervenciones previas. Durante el último año, cuadrillas de Hidrolara han acudido al sitio en aproximadamente cuatro ocasiones para realizar labores de destape que resultan ser paliativos temporales.
El incidente más reciente ocurrió en octubre, cuando tras los trabajos de mantenimiento el sistema sólo funcionó correctamente durante tres meses. Para el mes de diciembre, las alcantarillas volvieron a colapsar, inundando nuevamente las calles con desechos orgánicos y olores fétidos que han vuelto la vida cotidiana insoportable para las familias del sector.
Argenis Álvarez, vecino afectado, expresó con indignación la realidad que enfrentan cada día al abrir sus puertas: «Ya estamos cansados de que Hidrolara sólo venga a mirar y a decir que van a solucionar, pero nunca regresan con los tubos; los niños están brotados de alergias por los zancudos y el olor es insoportable, porque esas cloacas tienen gusanos y están frente a nuestras casas».
El testimonio de Álvarez refleja el sentimiento de abandono de una comunidad que ve cómo su salud se deteriora, mientras las autoridades se limitan a realizar inspecciones visuales que no terminan en la obra de infraestructura necesaria para detener el bote de aguas servidas.


Colapso por infraestructura obsoleta
El origen del problema apunta a una infraestructura obsoleta. Se estima que la red de tuberías de esta cuadra tiene cerca de 40 años de antigüedad, lo que hace suponer a los vecinos que el sistema ha colapsado estructuralmente.
A pesar de las constantes llamadas y reportes, la hidrológica se ha limitado a realizar inspecciones visuales y a plantear posibles soluciones que nunca se ejecutan. La comunidad exige que se realice una excavación profunda para sustituir la tubería, la cual probablemente se encuentre oxidada o fracturada, impidiendo el flujo normal de las aguas residuales.
Los niños de la comunidad presentan cuadros severos de alergias y picaduras en toda la piel que se complican rápidamente, debido a la carga bacteriana del entorno. Por otra parte, los adultos mayores están padeciendo enfermedades respiratorias e infecciones preocupantes vinculadas directamente a los gases tóxicos y al contacto indirecto con el agua contaminada.
Cansados de ser ignorados y de ver cómo su calidad de vida se deteriora, los habitantes de este sector de Barrio Unión reiteran su llamado urgente a las autoridades para que actúen antes de que la crisis sanitaria derive en una epidemia.
A pesar de las reiteradas inspecciones técnicas en la zona, la solución se ha quedado estancada en el diagnóstico. El personal de Hidrolara ha verificado el desbordamiento en múltiples ocasiones, pero la ausencia de maquinaria y materiales en el sitio confirma que esta comunidad ha sido excluida de los planes operativos inmediatos, dejando a los vecinos en un ciclo de promesas que no detiene el avance de las aguas negras hacia el interior de sus hogares y exclaman que no aguantan más.


