Osman Rojas | LA PRENSA.- La Semana Santa transcurre con más pena que gloria en el estado. La difícil situación económica que atraviesa el país ha convertido los días de asueto en jornadas ordinarias: la gente sigue buscando la manera de sobrellevar la crisis y hasta las tradicionales alcabalas desplegadas para garantizar la seguridad de los temporadistas han desaparecido.
En un recorrido realizado por el diario La Prensa sólo se observaron dos puestos de control vial en las principales carreteras del estado. La Circunvalación Norte tenía presencia de uniformados debido al módulo de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) ubicado en la Macías Mujica, del resto la carretera estaba desolada.
Debajo del elevado, que está en el polígono de tiros (vía Duaca), tampoco hubo policías. Históricamente, ese lugar ha sido seleccionado por los funcionarios de Polilara o por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) para montar sus puestos de control pero, curiosamente, entre lunes y martes ha estado vacía la intersección del norte.
“En las comandancias no hay suficientes funcionarios policiales como para garantizar la seguridad de los larenses. Ya las alcabalas son una rareza y ahora en Semana Santa ha quedado en evidencia el poco talento humano que tienen los cuerpos de seguridad”, denunció Eliécer Mujica, exfuncionario de la Policía Municipal.
El informante recalca que, en los últimos dos años, unos mil uniformados han pedido la baja porque se van del país o porque prefieren dedicarse a cualquier cosa que les genere más dinero. “Cobrar menos que sueldo mínimo no motiva a nadie”, dice Mujica.
La ausencia de alcabalas en la ciudad es tan marcada que en la entrada del Manto de María (lugar emblemático que es muy visitado por los turistas) no hay ni un solo uniformado. Santa Rosa y la avenida Ribereña presentan el mismo grado de abandono por parte de las autoridades municipales.
El Terminal de Barquisimeto también muestra una apatía anormal durante la Semana Mayor. Ahora mismo, no hay redobles en cuanto al número de funcionarios policiales y tampoco hay un plan especial para resguardar a los viajeros. Tanto es el abandono en el puerto terrestre que hasta el módulo de la GNB está inoperativo.
“El viernes vinieron y trabajaron hasta el mediodía, pero esta semana no han pasado”, dijo Carlos Pérez, vendedor ambulante en el lugar.

