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jueves, 15 enero 2026
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Vivir separados, la opción de algunas parejas en Venezuela

El fenómeno "Living Apart Together" permite a las parejas vivir de forma independiente para priorizar su autonomía, estabilidad emocional y proyectos personales frente a las limitaciones económicas o el desgaste de la convivencia tradicional.

Juntos, pero no revueltos. Esta frase popular está teniendo cada vez más relevancia entre adultos contemporáneos (de entre 40 y 50 años) y jóvenes de la Generación Z (nacidos entre el 2000 y 2010), debido a que hay una tendencia entre las parejas, que consiste en establecer vínculos sentimentales, pero sin la necesidad de vivir bajo el mismo techo.

En el mundo se le conoce a esta preferencia como «living apart together», y los psicólogos consideran que las personas que tienen este estilo de vida, suelen ser más independientes, tienen mayor control emocional y poco les importa las presiones sociales que asocian la felicidad y el amor romántico, con el matrimonio y el ser inseparables.

Reynaldo Olavarrieta, psicólogo clínico, con experiencia en atención de parejas, informó que aunque en el interior de Venezuela esta manera de convivir no es muy común, en zonas como Caracas, Miranda, La Guaira, Aragua y Valencia se ha normalizado en los últimos años. La razón principal es que muchas parejas no pueden adquirir una vivienda ni pagar un alquiler por los elevados precios en la región central.

«Es una realidad que ocurre no solamente en el país, en el mundo tras la pandemia ha habido un desajuste económico que ha aumentado la desigualdad, por eso a las parejas jóvenes se les hace tan difícil adquirir vivienda… Otras de las razones por la que viven separados, es porque al no poder pagar un alquiler, evitan vivir en casa de los suegros o padres, ya que eso puede generar conflictos internos entre parejas», expresó.

Aclara que no se trata de relaciones abiertas que involucran a terceras personas, son relaciones monógamas que se sostienen por acuerdos y confianza. Estas parejas comparten propósitos de vida, tienen vínculos emocionales muy fuertes, pero le dan una relevancia mayor a los propósitos personales y laborales. Incluso, tienen hijos y aplican la crianza compartida, dan educación, disciplina, transmiten apoyo y valores, pasan la mayor parte del tiempo juntos, pero los niños crecen viviendo entre dos casas.

«Estas parejas tienen un concepto de familia distinto, aunque no tengan un espacio de convivencia en común. Psicológicamente, son mucho más maduros, se tienen más confianza, priorizan la comunicación y tienden a ser parejas más felices, porque la mayoría de las relaciones se desgastan por la convivencia diaria, los conflictos domésticos. En cambio, quienes están en una relación ‘living apart together’, tienen vínculos emocionales estables, se dan tiempo para extrañarse y terminan viviendo un noviazgo prolongado», mencionó Olavarrieta, quien es presidente del Colegio de Psicólogos del estado Miranda.

Vivir separados, la opción de algunas parejas en Venezuela

No vivir juntos no se siente como una presión

Adriano Presenza, psicólogo con experiencia en terapia de pareja y familia, sostiene que en Venezuela por la presión social el tema de hacer pareja se relaciona con la convivencia bajo un mismo techo.

Pero las personas que viven este tipo de relaciones pueden trabajar juntas, emprender, verse muchas horas al día, y en la noche cada quien se va a descansar a su casa. O se ven poco durante la semana por temas laborales y acuerdan encuentros o viajes los fines de semana.

«En Venezuela está siendo cada vez más común ver parejas que mantienen relaciones a distancia, porque uno de los miembros ha emigrado del país y deben pautar encuentros periódicos. Incluso, personas que viven en distintos estados del país por temas de trabajo, y optan por verse algunos días», manifestó.

Para que tengan éxito estas relaciones, tiene que haber una comunicación muy clara y ninguno de los miembros se debe sentir forzado o ser celoso. Deben establecer sus propios códigos y acuerdos que les permita manejarse bien en la distancia.

«Estas parejas no huyen al compromiso, pero no ceden a su estatus ante la relación. Cada miembro prioriza su proyecto personal, aunque explícitamente no lo digan», argumentó.

Esta tendencia comenzó en Estados Unidos y Europa hace bastante tiempo. Los rangos de edades en que suelen darse este tipo de relaciones son en mayores de 40 años, que han tenido experiencias en matrimonios pasados que fracasaron por la convivencia diaria, y que incluso ya tienen hijos.

También hay casos de mujeres que tuvieron previamente relaciones traumáticas, marcadas incluso por la violencia, que cuando deciden tener una nueva pareja prefieren la convivencia a distancia y su independencia.

Otro rango de edad es la Generación Z, y estos principalmente optan por la convivencia a distancia por razones económicas, ya que sus ingresos se pueden ver afectados por la inflación o la precariedad laboral.

«Cuando estas relaciones se dan de buena manera, es porque hay autocontrol, paciencia y un respeto profundo a los acuerdos establecidos; es decir, cada uno se compromete en visitarse cada cierto tiempo, esperan los encuentros, llegan a escaparse juntos en un viaje para que la rutina no apague la chispa del amor», afirmó el psicólogo Presenza.

Mujeres sin hijos

Otra tendencia que se viene generalizando en el mundo es la decisión voluntaria de muchas mujeres de no tener hijos. Se conoce como «Childfree», y aunque uno de los motivos es priorizar la independencia y el empoderamiento femenino, el trasfondo de renunciar a la crianza es que las condiciones económicas impiden tener libertad reproductiva.

El Informe 2025 del Fondo de Población de Naciones Unidas registra una caída de más del 50% de la tasa de fecundidad en el último cuarto de siglo. Mientras en 2005 cada mujer tenía un promedio de cinco hijos, ahora esa tasa ha bajado a 2.2. En Europa, Estados Unidos, Asia, América Latina y el Caribe, cada mujer está teniendo en promedio un hijo máximo. Esto deja como consecuencia poblaciones más longevas y un impacto económico.

«Es un tema controversial porque se está desestructurando ese concepto o expectativa social que se tenía, de que para tener parejas tienes que tener hijos. Y tenemos que entender que el núcleo de la sociedad no es la familia, es la pareja, porque cuando se destruye la pareja se destruye la familia», considera Reynaldo Olavarrieta, psicólogo.

Alega que existen muchos constructos sociales que se están derrumbando, por ejemplo, que una pareja es funcional para la sociedad cuando tiene un hijo, o que se considera a una mujer de verdad cuando da a luz a un hijo.

Muchas mujeres están decidiendo no concebir, para priorizar sus estudios académicos y porque hay una realidad global: Las féminas tienen una inserción laboral más precaria que los hombres. En Latinoamérica, la mayoría trabaja en empleos informales, sin un seguro médico, sin una vivienda digna, con un salario bajo y esto es una condicionante para tener descendencia.

Por este motivo, muchas parejas jóvenes prefieren tener mascotas, como perros o gatos, antes que planificarse para concebir a un bebé, por los costos que eso implica.

Vivir separados, la opción de algunas parejas en Venezuela

Genera preocupación

El sociólogo Dioni Salas, profesor de la Universidad de Oriente, indicó que los factores sociales y económicos de Venezuela pesan mucho en la decisión de construir relaciones de pareja.

«Los factores económicos no permiten tener vivienda propia y muchas veces ni un espacio alquilado para poder construir un proyecto de vida. Eso es grave, porque influye en la falta de compromiso y en la falta de asumir responsabilidades que tienen muchas jóvenes en este momento. Eso significa también que hay desesperanza», argumentó.

Alega que la ONU plantea una agenda 2030 sobre perspectiva de género, que trata de acabar con las desigualdades de los grupos vulnerables, como las mujeres, y combatir la pobreza, pero también reconoce y respeta la diversidad sexual y de identidades de género.

«En la sociedad está habiendo un cambio en la estructuración de la familia, como tradicionalmente se conoce: hombre y mujer. Ahora hay mucha más libertad para la conformación de parejas Lgbtq+, y eso puede ser una de las razones por la que los niveles reproductivos están cayendo», expresó.

En cuanto a la decisión de algunas parejas de vivir separadas, Dioni Salas considera que eso está relacionado a la falta de responsabilidad. «Hay personas que tienen menos capacidad de integración, de ser gregarios y alcanzar satisfacciones en un proyecto colectivo y de familia. Esto también nos revela que las redes sociales están asumiendo un papel de formación y de estructuración de valores, porque estas tendencias son exógenas», manifestó.

Considera que en Venezuela, por la realidad económica, pasa un fenómeno particular: la tasa de natalidad en las clases sociales medias y altas se está reduciendo, pero la tasa de natalidad en los sectores más empobrecidos sigue aumentando. «Eso significa que tenemos una sociedad empobrecida. Los sectores más desposeídos son una fábrica de pobres», alegó.

Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, la tasa de fecundidad en adolescentes en Venezuela en el año 2020, fue de 85,3%, una de las más altas de Latinoamérica. El embarazo precoz es uno de los problemas estructurales que ha padecido el país en las últimas décadas.

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