En la última década, Venezuela ha protagonizado un fenómeno sanitario alarmante: el retorno de enfermedades que ya habían sido erradicadas o controladas durante el siglo XX. Datos aportados por organizaciones independientes confirman que, desde el año 2015, enfermedades como la difteria, el sarampión y la fiebre amarilla han vuelto a formar parte de la epidemiología nacional.
Para los especialistas, la razón de la aparición de enfermedades reemergentes no es ningún misterio biológico, sino que está directamente relacionado con las deficiencias presentes en el programa de vacunación. En este sentido, mencionan que, al tener una de las peores coberturas inmunológicas de Latinoamérica, es natural que aparezcan enfermedades que se creían controladas.
«Tenemos una deficiencia estructural impresionante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) establecen que una buena cobertura inmunológica está por el orden del 90%. Latinoamérica no cumple con estos parámetros porque la mayoría de los países anda por el 80% de cobertura, pero en Venezuela la situación es mucho más grave porque estamos entre un 45 o un 48%», dice Huníades Urbina, pediatra, intensivista y presidente de la Academia Nacional de Medicina.
El especialista menciona que la deficiencia estructural es tal que hay vacunas como la rotavirus que previene la gastroenteritis grave y neumococo que previene la neumonía, meningitis y septicemia, y no se aplican desde hace ocho años, lo que demuestra el estado de vulnerabilidad epidemiológica en el que se encuentra la población venezolana.
«Los más afectados con esta situación son los niños. Los infantes con edades comprendidas entre 0 y 5 años están totalmente expuestos. Hemos visto que se hacen jornadas, pero no hay cercos epidemiológicos ni se hace seguimiento a estos pacientes. Hay vacunas que son dos o tres dosis y a los niños se les aplica sólo una o dos vacunas, lo que les deja expuestos a enfermedades», menciona.
Un ejemplo de lo que dice el doctor Urbina se ve reflejado en la aparición de enfermedades que, durante más de dos décadas, estuvieron bajo control absoluto.


De acuerdo con lo reportado por diversos medios de comunicación, en septiembre de 2016, en Ciudad Guayana, fue diagnosticado por primera vez en 24 años un caso de difteria. Se trata de una niña que fue internada en el hospital Raúl Leoni, en el barrio Guaiparo.
Pocos días después, el 10 de octubre de 2016 el hospital de Guaiparo volvió a ser noticia por otro caso de difteria diagnosticado en una niña de dos años que murió. En el reporte periodístico, la familia de la niña admite que no tenía el esquema completo de vacunación.
Luego de estos casos, los reportes sobre los diagnósticos de difteria fueron apareciendo con más fuerza. Aunque no hubo información pública relacionada con la enfermedad, en 2023 algunos medios de comunicación filtraron un comunicado interno en el que declaraban emergencia epidemiológica por difteria. El comunicado fue entregado a directores sanitarios en todo el país.
La difteria no fue la única enfermedad que apareció en 2016. Los reportes nacionales indican que, para esa fecha, también fueron diagnosticados los primeros casos de sarampión en el país. Curiosamente, ese mismo año América fue declarado por la OMS como territorio libre de la enfermedad.
Los reportes indican que estos casos aparecieron luego de tener 10 años sin un solo contagio. Datos recopilados por el equipo periodístico de LA PRENSA DE LARA, confirman que el pico en la reaparición de esta enfermedad fue en 2018.
Un documento publicado por la OMS señala que, para entonces, el sarampión en Venezuela se había convertido en una enfermedad endémica (que es propia de alguna localidad). De acuerdo con las cifras que manejaba la institución, hasta el 20 de agosto de ese año, habían sido diagnosticados más de 3500 casos y 62 personas habían muerto.
En 2020, las autoridades nacionales publicaron un comunicado en el que explicaban que el brote había sido controlado; sin embargo, entre 2017 y 2109 a la OMS habían sido notificados, 7054 casos y habían muerto 84 personas.
«Este tipo de cosas ocurren cuando no se tiene un programa fuerte de vacunación. El deterioro de nuestro sistema de salud se evidencia con la aparición de enfermedades que son prevenibles», comenta el internista Orlando Hernández.
La tercera enfermedad que apareció en Venezuela luego de haber sido erradicada por completo fue la fiebre amarilla. En el año 2019 se emitió una alerta por unos casos que aparecieron, originalmente en el estado Bolívar y de allí fueron migrando a otras entidades, como Monagas.
Los reportes indican que esta enfermedad apareció luego de 14 años de total control. Para ese entonces, los médicos responsabilizaron a las autoridades nacionales ante la baja cobertura inmunológica que, para ese momento, era del 43%.
El avance de esta enfermedad se evidenció en octubre de 2021, cuando se registró un brote en los estados Anzoátegui y Monagas. Aunque al día de hoy no hay estadísticas oficiales que permitan medir el impacto de la enfermedad, una nota publicada en mayo de 2025 señala que al menos 15 millones de venezolanos necesitan vacunarse contra la fiebre amarilla.
«Al no tener cifras oficiales no podemos monitorear lo que está pasando realmente, pero por los casos de boca a boca sabemos que se siguen registrando contagios», dice Urbina.


Venezuela sin vacunación estable
Además de la difteria, el sarampión y la fiebre amarilla, hay otras enfermedades que son perfectamente controlables, pero siguen sin contar con programas de vacunación estable, como la tuberculosis.
En datos, Venezuela registró un total de 10.641 casos durante 2024. Los números de 2025 no han sido publicados, pero esta cifra confirma que Venezuela es uno de los países con mayor cantidad de contagios en el continente.
La mayoría de estos casos se concentran en sitios de extrema pobreza o lugares con hacinamiento o muy bajos niveles de higiene.
Esta enfermedad es prevenible con la vacuna BCG, pero los expertos mencionan que este es un tratamiento que no se está aplicando a todos los niños en la actualidad, al contar con un programa de inmunización incompleto.
En septiembre de 2025, el gobierno venezolano anunció la adquisición de 300.000 dosis de vacunas contra la tuberculosis traídas desde Brasil. En la información mencionan que también fueron adquiridas 226.000 dosis de vacuna contra la fiebre amarilla y 2.407.000 vacunas contra la poliomielitis y la hepatitis B que llegó como parte de los acuerdos de cooperación que Venezuela mantiene con Irán; sin embargo, los expertos mencionan que esto no es suficiente al no ser distribuidas bajo un programa epidemiológico pensado para atender a los infantes.
«Las vacunas que están llegando en su mayoría son donaciones. Esta supuesta dotación no forma parte de un plan de inmunización. Es todo muy improvisado. Vemos que llegan cargamentos de vacunas que parecen muchas, pero ignoramos que, en promedio, por año nacen unos 500 mil niños que necesitan tres o cuatro dosis de algunas vacunas, lo que hace que las cifras de 700 u 800 mil vacunas se vuelvan sal y agua. La mayoría de estos niños no tiene un esquema de vacunación completo», dice Urbina.
Además de enfermedades que se pueden prevenir con vacunas, Venezuela también debe lidiar con brotes de dengue debido a la ausencia de programas de fumigación, lo que confirma que la medicina preventiva no está funcionando.
«Hay que recuperar estos programas de salud pública que son muy importantes para la colectividad. Hay enfermedades que se pueden evitar. Lamentablemente, no contamos con boletines epidemiológicos que nos permitan identificar esos focos que se pueden convertir en grandes problemas», menciona el médico internista Carlos Navas.
El retroceso del sistema sanitario en Venezuela es tan evidente que en marzo de 2025, en medio de la celebración por el Día del Médico en Venezuela, Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana, afirmó que la salud en Venezuela había retrocedido 100 años.
Durante su intervención, el especialista hizo mención directa a la situación de los hospitales y ambulatorios en el país; sin embargo, la frase es perfectamente aplicable para entender el contexto epidemiológico nacional en el que siguen apareciendo cifras de morbilidad que, hasta hace 20 años, eran consideradas patologías erradicadas.


