El gremio médico en Venezuela considera que no compartir información relacionada con contagios de fiebre amarilla en el país es repetir los mismos errores que cometió la administración pública durante la pandemia de la covid-19.
Desde mediados del año 2025, el virus ha mostrado una expansión preocupante. Lo que comenzó como casos aislados en zonas selváticas ha mutado en un riesgo de transmisión urbana inminente, a pesar de ello los boletines epidemiológicos continúan sin ser publicados y las especulaciones en torno al tema están a la orden del día.
Huníades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina, señala que, mantener una postura silente con el propósito de no generar angustia, termina siendo algo contraproducente porque las personas, lejos de mantenerse ajenas a lo que está sucediendo, terminan cayendo en desinformación.
«Lamentablemente, no aprendimos nada de la pandemia. En su momento se ocultó la realidad de casos y muertes para no crear un pánico generalizado, pero eso no sirvió de nada. Seguimos estando a ciegas. Indefensos, epidemiológicamente hablando», dijo Urbina.


Una realidad
El doctor denuncia que no hay transparencia con las cifras y tampoco con la ubicación de casos. En este sentido, Urbina considera que no se ha dicho la verdad en torno a las muertes que hay en el país, producto de esta enfermedad.
«Todo lo que se diga es especulación porque no hay una cifra oficial pero, históricamente, la fiebre amarilla tiene una tasa de mortalidad del 50%. Si tomamos como referencia estos números tenemos que decir que, ahora mismo, hay por lo menos 18 muertes por este virus, porque el gobierno ha dicho que son 36 los casos confirmados; sin embargo, esta cifra no la conocemos», denuncia.
El especialista recuerda que, desde el año 2021, se viene diciendo en los pasillos de hospitales en Maturín que hay casos de fiebre amarilla en la zona, pero esto es algo que, al día de hoy, las autoridades no han confirmado.


«Nosotros no podemos decir a ciencia cierta cuáles son las zonas más criticas del país porque no tenemos esa información. Sabemos que hay estados que fueron priorizados y sabemos que en Lara hay casos sospechosos y se habla de una muerte, porque el mismo gobernador lo dijo pero, más allá de esto, no tenemos la certeza de cómo se ha comportado esta enfermedad en las zonas urbanas», lamenta el doctor.
Urbina recuerda que la fiebre amarilla es una enfermedad de notificación obligatoria lo que significa que, por ley, el Estado venezolano tiene el deber de hablar sobre estos diagnósticos. Esta es una realidad muy similar a la que se vivió durante la pandemia de la covid-19 cuando, organizaciones nacionales e internacionales, denunciaron una subcifra relacionada con morbilidad y mortalidad muy superior a lo publicado por el gobierno venezolano.


Datos son esenciales
Antonio González Mata, médico infectólogo, coincide con Urbina en cuanto a la necesidad de publicar información oficial sobre los contagios y muertes en el país. El especialista señala que esta es la única forma efectiva de poder crear cercos epidemiológicos que sean realmente efectivos.
«Sobre los casos detectados en Lara no tenemos mayor información que la dicha por las autoridades. El gremio médico no tiene acceso a este tipo de información y eso es algo preocupante», dice.
Ante la incertidumbre que hay en Venezuela por la ausencia de información oficial, representantes del Colegio de Médicos en el estado Lara hicieron un llamado a las autoridades para que se compartan los boletines regionales.
«Esta información debe salir de epidemiología. No es el gobernador o el alcalde los que deben hablar de estos casos», denunció Deyanira Gentile, secretaria de la casa gremial.
Aunque son enfermedades distintas, la tasa de mortalidad tanto en la covid-19 como con la fiebre amarilla es muy alta, por lo que es natural que la presencia de este virus en algunos estados del país genere una preocupación especial en la colectividad.


