La enseñanza de las ciencias integradas fomenta el pensamiento crítico al despertar el interés de los estudiantes mediante herramientas tecnológicas y artísticas que hacen del aprendizaje un proceso dinámico. La docente Migdalys Ocando promueve este enfoque desde la educación inicial para derribar el estigma de que estas materias son inalcanzables, evitando así que el alumno se aleje del conocimiento científico.
Ocando imparte capacitación a docentes y directivos acerca de la aplicación de este enfoque que integra las ciencias, como biología, química, física y matemáticas, tal como lo realizan en países como Colombia, Perú, Chile, entre otros, que forman de manera divertida y cubriendo las expectativas de las nuevas generaciones que aprenden a asociar, para tener varias connotaciones, lo que les permiten una mayor comprensión.


Un modelo dinámico y participativo
Es un modelo que trasciende del docente con patrones repetitivos y sin estimular la curiosidad e investigación del alumno. Es una enseñanza que sale de las cuatro paredes del salón de clases, que se extiende a su entorno, a través de la explicación en un laboratorio, o mientras respiran la frescura en el jardín, en un espacio en el que pueden aprender de las ciencias y a la vez valorar la naturaleza.
Física, química y biología se complementan a través del lenguaje matemático, pero es el arte el que define su finalidad. No se trata sólo de estética; el arte aporta una visión ecológica y funcional. En este proceso, el verdadero valor reside en el desarrollo de la lógica y la colaboración: un espacio para debatir ideas, sumar perspectivas y construir soluciones en conjunto.


El impacto temprano de las ciencias sociales
Con la visión compleja que aporta esta herramienta, desde el preescolar y durante los primeros años de primaria, con la enseñanza de ciencias sociales —que trasciende del lenguaje con lectoescritura y las operaciones numéricas de matemáticas— para poder acercar a las situaciones cotidianas que permitan interactuar con el entorno.
Precisa Ocando que desde la óptica «Steam» (siglas en inglés de Science (Ciencia), Technology (Tecnología), Engineering (Ingeniería), Arts (Artes) y Mathematics (Matemáticas), los alumnos determinan la intención y lo que quieren, al responder interrogantes como ¿por qué? y ¿para qué? Así, de los alumnos surgen las alternativas para su plantel educativo, su ciudad y su espacio en general.
Advierte que los docentes deben atreverse a invitar a socializar a partir del conocimiento, sin planteamientos aislados. También evitar la costumbre de repetir los patrones, al limitarse a un plan de evaluación que puede mantenerse por varios años consecutivos. «Todavía existe la resistencia a los cambios que pretende ignorar el dinamismo del mundo en la actualidad», resalta.
Involucran más a los estudiantes en la organización de festivales científicos y proyectos, como en robótica, cuyas investigaciones sean concebidas no sólo por el resultado, sino disfrutando de todo el proceso, aprendiendo de los errores. Al final, son estudiantes con un pensamiento crítico que permite tener varias conclusiones, siempre bajo la orientación del docente.
Las nuevas generaciones están abiertas a los debates, a intercambiar experiencias y en aportar a la innovación.


