En lugar de entender el autismo como una “anomalía” dentro de un sistema nervioso “típico”, el nuevo paradigma reconoce que todos los seres humanos tenemos cerebros únicos: estructuras con similitudes, pero con funciones diversas, procesamientos diferentes. Así nace el concepto de neurodivergencia, según explica la doctora Angélica Torres, especialista en Neurodesarrollo infantil y presidente de la “Fundación Sólo Faltas Tú”.
Precisa que este enfoque, más naturalista y funcional, se aleja del ideal de un “cerebro normativo”, invitando a pensar en términos de variabilidad humana. “Estas diferencias neurológicas no deben ser vistas como errores, sino como parte natural de la biodiversidad de nuestra especie”, dice.
Torres señala que muchas terapias tradicionales para el autismo han sido cuestionadas por enfocarse en la supresión de conductas autistas (como el aleteo, la ecolalia o evitar contacto visual), sin tener en cuenta el impacto emocional que esto puede generar.
“Hoy se promueven enfoques terapéuticos que validen la identidad neurodivergente y promuevan habilidades útiles y significativas para la vida de cada persona. Todo esto bajo el principio de la escucha activa de la persona autista y su protagonismo en su propio proceso”, recalca la especialista.
El nuevo enfoque propone que las metas educativas y terapéuticas no estén orientadas a que la persona “se parezca más a los demás”, sino a que desarrolle habilidades útiles para su bienestar, autonomía y participación social. “¿Tiene sentido enseñarle a un niño autista a dar la mano si eso le genera ansiedad, cuando podría aprender a saludar de otras formas que sí se sientan naturales para él?”, se pregunta Torres al señalar que el modelo funcional y naturalista promueve aprendizajes vinculados con la vida real; es decir, cómo manejar rutinas, desarrollar relaciones positivas, autorregularse, defender sus derechos y tomar decisiones.
“El capacitismo es un sistema que valora más ciertos individuos y modos de funcionar que otros. Bajo este sistema, las personas con discapacidad —incluidas las neurodivergentes— son vistas como “menos”, “defectuosas” o “incompletas”. El nuevo enfoque en autismo adopta una postura anticapacitista”, dice Torres al explicar que este modelo reconoce que la discapacidad no reside sólo en las características del individuo, sino también en las barreras sociales, actitudinales y estructurales que impiden su plena participación.


La presidente de la Fundación Sólo Faltas Tú, señala que desde esta perspectiva, se pone énfasis en el respeto a los derechos humanos, en la autonomía y en la participación activa de las personas autistas en decisiones que afectan sus vidas. Como señala la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, el respeto por la dignidad inherente y la autonomía individual son pilares fundamentales. Esto indistintamente de sus necesidades de apoyo. El enfoque neuroafirmativo busca valorar la diversidad, considerando a las personas neurodivergentes como sujetos de derecho y abre la puerta a un futuro donde ser diferente no sólo sea aceptado, sino valorado como parte esencial de la condición humana.
Según Torres, este enfoque trasciende la visión médica tradicional, priorizando la salud mental y el bienestar integral de la persona neurodivergente sobre la productividad y la conformidad social.
“Cuando las terapias, las escuelas y los entornos familiares adoptan esta mirada, la intervención deja de ser correctiva y se vuelve respetuosa, basada en la conexión y la confianza”, dice la doctora.
No se trata de “arreglar” el autismo, sino de crear contextos donde los autistas puedan desarrollarse plenamente, con sus ritmos, intereses y formas únicas de comunicación. Mirar diferente, acompañar mejor.
La doctora explica que cuando se deja ver el autismo desde el miedo, la corrección o el déficit, y se comienza a hacerlo desde la comprensión, la empatía y la aceptación, se abre la posibilidad de un cambio real.
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