El entretiempo del Super Bowl LX, celebrado en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, marcó un precedente en la historia de la NFL. Bad Bunny, como figura central, encabezó un despliegue artístico que transformó el campo de juego en un escenario de visibilidad para la cultura latina durante el enfrentamiento entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks.
Simbolismos de pertenencia y diseño escénico
Uno de los elementos visuales más destacados fue la inclusión de “La Casita”, una estructura que el artista ya había utilizado en su última gira. Este elemento representó el concepto del hogar y la memoria colectiva de la diáspora puertorriqueña. El escenario funcionó como un punto de transición para la narrativa del show, evocando la vida comunitaria y el sentido de pertenencia caribeño en un entorno global.


Complementando esta estructura, el campo fue diseñado como un laberinto urbano inspirado en las plazas y calles de Puerto Rico. Cada sección de este recorrido escénico estaba vinculada a una atmósfera rítmica diferente, permitiendo una transición fluida entre géneros como el reguetón y fusiones tropicales. Esta disposición permitió al artista interactuar con el espacio de manera dinámica mientras interpretaba temas como “Tití me preguntó”.
Colaboraciones e invitados especiales de Bad Bunny
El espectáculo contó con la presencia de famosos como Karol G, Pedro Pascal, Young Miko, Cardi B, Jessica Alba y el beisbolista venezolano Ronald Acuña Jr.. Aunque no todos participaron en la ejecución musical, su presencia en el entorno de “La Casita” reforzó el mensaje de comunidad latina.


Un momento notable fue la actuación de Lady Gaga, quien interpretó una versión en salsa de su tema “Die With a Smile”, adaptando su estilo a la estética caribeña del evento.
Por su parte, Ricky Martin aportó una capa de contenido social al interpretar un fragmento de “Lo que le pasó a Hawaii”. Esta elección musical no fue casual, pues la letra aborda temas sobre la identidad cultural y la gestión de recursos, estableciendo paralelismos entre las realidades de Puerto Rico y Hawái.
El segmento también incluyó breves homenajes sonoros a precursores del género urbano como Don Omar, Daddy Yankee y Tego Calderón.


Mensajes de unidad y representaciones sociales
La narrativa del show también integró escenas de la vida cotidiana, como la representación del mercado neoyorquino “La Marqueta” y la presencia de un niño, Lincoln Fox, quien interpretó a una versión joven del cantante. En este segmento, el artista entregó un premio Grammy al menor bajo el lema “Cree siempre en ti”, reforzando el mensaje de superación personal que cruzó toda la presentación.
Un detalle que generó conversación fue el balón de fútbol americano que portaba el cantante, el cual llevaba inscrita la frase “Together, we are America” (Juntos, somos América). Tras esta acción, el intérprete realizó una mención de diversos países del continente, subrayando una visión de América que trasciende las fronteras de los Estados Unidos.


Un enlace matrimonial auténtico
Uno de los sucesos más inesperados fue la celebración de una boda real sobre el escenario. Lo que inicialmente se percibió como una coreografía resultó ser un enlace legal de una pareja que previamente había invitado al cantante a su ceremonia. Incluso, esta parte de la presentación mostró a un niño durmiendo arriba de unas sillas unidas, un guiño a algo muy tradicional en las fiestas latinas.
El intercambio de votos y la firma del certificado, con el artista como testigo, se llevaron a cabo minutos antes de la intervención de Lady Gaga, consolidando el enfoque de «videoclip en vivo» del evento.


Estética y agradecimientos finales
En cuanto al vestuario, Bad Bunny optó por un conjunto monocromático blanco, diseñado con una estética sobria que contrastaba con la energía del reguetón. Según se informó tras el evento, el artista tuvo un gesto de agradecimiento con el personal de la firma española Zara, responsable de confeccionar la prenda, enviando obsequios a los empleados involucrados en su creación.
El espectáculo concluyó como una experiencia diseñada para la diáspora latina, apelando a la nostalgia y al orgullo de identidad en uno de los escenarios deportivos más importantes del mundo. El show no solo fue una demostración de éxito comercial, sino un diálogo cultural que integró política, sociedad y entretenimiento en apenas unos minutos de transmisión.


