Entre el 8 y el 18 de febrero, las autoridades sanitarias de Tailandia registraron el fallecimiento de 72 tigres pertenecientes a dos parques de animales situados en los distritos de Mae Taeng y Mae Rim, en la provincia de Chiang Mai.
Tras realizar las autopsias correspondientes, la oficina regional de ganadería confirmó la presencia de material genético del virus del moquillo canino (CDV) y rastros de infección bacteriana. Con este diagnóstico, el gobierno busca mitigar el temor social frente a un posible brote de influenza aviar.
El ministro de Salud Pública, Pattana Promphat, enfatizó en una rueda de prensa en Bangkok la naturaleza del patógeno detectado. «No ha habido ningún caso de infección de animal a humano», aseguró el funcionario, aclarando que, según el conocimiento científico actual, este virus no representa una amenaza directa para la población civil. A pesar de la ausencia de síntomas en las personas que tuvieron contacto con los felinos, se mantiene una vigilancia epidemiológica activa sobre el personal de los parques.


Vigilancia sanitaria y medidas de control
Para evitar especulaciones, el director general del Departamento de Control de Emergencias, Monthien Khanasawat, reiteró que se han tomado previsiones en caso de detectarse alguna anomalía en humanos. La aclaratoria surge como respuesta al historial del país con la gripe aviar, que entre 2004 y 2007 causó 17 muertes en el territorio.
Respecto al manejo de los restos, Somchuan Rattanamangklanan, director del Departamento de Desarrollo Ganadero, detalló el protocolo de seguridad seguido. Los cadáveres de los 72 ejemplares fueron sometidos a necropsias, desinfectados, fotografiados y posteriormente incinerados y enterrados. Estas medidas buscan prevenir cualquier uso posterior de los restos y asegurar la eliminación total de la carga viral en los recintos.


Incertidumbre sobre el origen del brote
A pesar de la identificación del moquillo canino, expertos locales sugieren que existen interrogantes sin resolver. Visit Arsaithamkul, veterinario participante en las autopsias, manifestó su preocupación por el origen de la infección.
El especialista señaló a través de sus redes sociales la posibilidad de que el suministro de alimentos fuera el vehículo de propagación, dado que ambos establecimientos se encuentran a solo 30 kilómetros de distancia y podrían compartir proveedores.
Las autoridades señalaron que factores como el estrés del cautiverio y la endogamia pudieron haber debilitado el sistema inmunológico de los tigres, haciéndolos más susceptibles al CDV, el cual se propaga por el aire y fluidos. Actualmente, los parques involucrados, operados bajo la firma Tiger Kingdom, permanecen cerrados al público mientras continúan las investigaciones sobre la fuente exacta del contagio.


