- Desde un centro de cocina en Barquisimeto, el chef Sergio Arango y un grupo de voluntarios preparan y conservan caraotas mediante técnicas de empaquetado al vacío para distribuirlas a las víctimas de dos terremotos.
- Hasta el momento, la iniciativa ha enviado más de mil kilogramos de alimento a localidades de Puerto Cabello, Caracas y La Guaira.
Alimentar y asegurar la conservación de la comida son las metas del chef Sergio Arango, al preparar caraotas al vacío para enviar a las víctimas de los dos terremotos. A tres semanas de dedicación a esta labor, junto a voluntarios, superan los mil kilogramos enviados desde Barquisimeto a los afectados en Puerto Cabello, Caracas y La Guaira. Una manera de aportar proteínas que se pueden mantener hasta por siete días.
El sudor corre por la frente de Arango, así como de su esposa Nora Muñoz y Freddy Hernández, quienes están de lleno en esta manifestación de caridad. La cocina está caliente y es que los borbollones de la olla contentiva de 22 kilogramos sueltan el aroma a sazón, aunque simplemente le agrega sal y un mínimo de condimentos basados en comino y ajo.
Así se han mantenido estas semanas de julio, gracias a la donación de un amigo productor de Turén, quien aportó varios sacos con 1.500 kilogramos de caraotas. También recibió de manos generosas las primeras tres mil bolsas al vacío, 50 kilogramos de sal, entre otros.

El chef y sus voluntarios trabajan arduamente
Casi una semana fue de limpieza, con voluntarios que se turnaban. No podía quedar rastro de tierra y había que garantizar el remojo durante 12 horas, luego un poco más de dos horas en la inmensa olla bajo intenso fuego.
«Es un acto que mueve varias voluntades, pensado en la seguridad de la comida, siendo una valiosa proteína con beneficios para el organismo», dice de una entrega pausada, de acuerdo a lo que se vaya necesitando, en presentaciones de bolsas de 1.5 kilogramos, equivalentes a seis raciones como para una familia.
Esta delicia llega a afectados en Puerto Cabello a través de Cáritas. En Caracas con dos centros de acopio con el Instituto Europeo del Pan y el chef Tomás Fernández, que se encargan de distribuirlo. Son raciones que al descongelarse, se pueden servir directamente, incluso estando a temperatura ambiente.
Arango y los voluntarios que lo acompañan cuidan cada detalle. Esperan que las caraotas estén blanditas, luego las sirven calientes y sin caldo en la bolsa al vacío. Las sellan e introducen en el abatidor y el proceso de pasteurizado es para llevar de 80°C a 30°C, lo cual no supera una hora. El caldo se transforma en una rica crema para los niños del Honim.
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