El fenómeno del «Superniño» es una amenaza para la agricultura en Venezuela. La proyección que hacen expertos en meteorología, refieren que este será el fenómeno más fuerte en la historia del país, por lo que se espera que la sequía se sienta con mucha más potencia.
Ya en algunas zonas de Zulia y Falcón se ha registrado déficit de lluvia. Esta es una situación que preocupa, especialmente a los agricultores que dependen de las lluvias.
Luis Vargas, meteorólogo consultado para este reportaje, explica que, a partir del mes de septiembre, disminuirá la frecuencia de las lluvias. Esto es algo que, de forma directa, terminará afectando a los productores. «Disminuye la frecuencia, pero no la intensidad. Puede que en un solo día caiga el agua de un mes», dijo.
Rubros de la agricultura más afectados
¿Qué significa esto en términos prácticos? La respuesta es simple. Cosechas como maíz y café empezarán a perderse porque no habrá agua suficiente.
«Lamentablemente, el campo venezolano no está preparado para asumir largos períodos de sequía. Nosotros estamos viendo con preocupación cómo el agua, no sólo para lo que es la producción de alimentos, sino también para la conservación de los animales, empieza a escasear», dice Chacín.

A juicio del productor, a este fenómeno climático se le puede hacer frente con inversión, pero esto no es posible en un país con una marcada crisis económica y estructural.
Para poder dimensionar de forma correcta este problema, hay que tener en cuenta aspectos importantes dentro de la ganadería y agricultura en Venezuela. En este sentido, hay que mencionar que la mayoría de productores en Venezuela cuentan con lagunas o pozos que han construido para poder abastecer sus cosechas o animales pero, al estar en un año atípico en cuanto al comportamiento de las lluvias, la reserva de agua es mucho menor, lo que significa que con las altas temperaturas la reserva se evaporará mucho más rápido.
«Con esta situación estamos de manos atadas. Algunos podrían sugerir buscar agua subterránea, pero esto requiere una inversión que, lamentablemente, muchos productores no pueden hacer», dice.

En el caso particular de la ganadería, el problema que genera El Niño va más allá de falta de agua o altas temperaturas. Al no contar con ciclos de lluvia constantes el pasto se seca, lo que termina repercutiendo de forma directa en la salud de los animales.
Además, un animal que no se alimenta bien produce carne dura y poca leche, lo que a su vez termina generando un problema mayor para la población. «En la cadena de producción sufren todos», señala Chacín.
Debido a la sequía y a las altas temperaturas, los productores también empezarán a perder ganado. Los abortos o los infartos en vacas se vuelven una constante. «Son cosas que pasan cuando hay períodos de sequía tan extensos, como el que se prevé para Venezuela», comenta.
Una de las soluciones que da el exdirectivo de Fedenaga es la de entregar crédito a los productores para que ellos puedan trabajar en base a protección de ganado y cosecha. «No esperemos a que sea demasiado tarde para poder actuar. En otros países de la región, el gobierno ha propuesto planes para ayudar a los productores, pero en Venezuela no contamos con un plan b. El agricultor prácticamente tiene que pedirle a Dios que llueva», dijo.

Chacín recuerda que en el 2015-2016, cuando el país atravesó por otro fenómeno de sequía importante, muchos productores perdieron animales o cosechas por no tener cómo hacerle frente a la escasez de agua y esto es algo que esperan no ocurra nuevamente porque, perder ganado, significaría reducir la oferta y encarecer los precios en el mercado.
Actualmente, Venezuela cuenta con un ganado que va desde los 10 hasta los 12 millones de cabezas. Es un número que está por debajo de lo esperado porque, para estas alturas, se debería contar con 30 millones de cabezas.

