- A 21 días del sismo que devastó el litoral, la sociedad organizada encabeza las labores de búsqueda de más de 44.000 desaparecidos.
- La población teme que la tragedia sea invisibilizada por la agenda política y la gestión gubernamental.
Tres semanas después del doblete sísmico que devastó el litoral central venezolano, en La Guaira, la tierra sigue temblando. No es una falla geológica la que ahora estremece a los sobrevivientes, sino el miedo a que la memoria de lo ocurrido se desvanezca entre discursos, acusaciones y la vorágine de una agenda política que, dicen, ya comenzó a devorar la tragedia.
«Nos estamos quedando solos», es una denuncia que, constantemente, se deja ver en redes sociales. En las últimas 72 horas, este clamor se escucha con mucha más fuerza, pero ¿qué está pasando realmente en La Guaira? La respuesta a esta pregunta la encontramos en los reportes de diversos medios de comunicación que han documentado lo que es un secreto a voces: la sociedad civil organizada es la que parece estar preocupada por sacar a sus muertos de entre los escombros.
La postura pasiva de las autoridades gubernamentales contrasta tremendamente con el heroísmo anónimo de la sociedad que, literalmente, ha sacado a personas vivas de entre los muertos. En este sentido, los números hablan por sí solos: dos terremotos, el primero de magnitud 7.2 y el segundo de magnitud 7.5 han dejado la escalofriante cifra de más de 4.500 personas fallecidas y más de 44.000 desaparecidos que están siendo buscados, mayormente por familiares, amigos o desconocidos que se han solidarizado con La Guaira.
Son miles de voluntarios, sin coordinación estadal, sin maquinaria pesada, sin generadores eléctricos ni esmeriles para cortar metales, los que están trabajando por su cuenta. En redes sociales, en diversas ocasiones, durante este lapso de tiempo se ha posicionado la etiqueta «Solo el Pueblo salva al Pueblo», un mensaje que, de alguna manera, grafica un sentimiento generalizado en las zonas afectadas.
El temor de las personas en La Guaira no es infundado. Venezuela tiene una historia de catástrofes naturales sepultadas por la política. La tragedia de Vargas de 1999 es un claro ejemplo de ello. De acuerdo con algunas estimaciones, este deslave cobró la vida de al menos 10.000 personas, pero el número sigue siendo una especie de territorio en disputa, porque las cifras oficiales han sido minimizadas y, al final, la reconstrucción del estado quedó inconclusa.

Los sobrevivientes de La Guaira conocen esta historia y le temen
La iniciativa ciudadana en este punto deja al descubierto la inacción gubernamental. ¿Cuántos desaparecidos hay?, es una cifra que no se toca en los balances que se hacen público; sin embargo, portales como «Desaparecidos Terremoto Venezuela» han elaborado una base de datos que, de alguna manera, muestra el impacto de este doblete sísmico.
En este portal se dice que, al 14 de julio, fecha en la que se redacta este reportaje, hay 44.268 registros de personas desaparecidas y 29.873 personas de las que no se tiene ningún tipo de contacto. La web también aclara que han sido localizadas 14.395 personas.
Una nota publicada por Infobae el 01 de julio, recoge denuncias de familias enteras que aseguran sentirse abandonadas. Los testimonios de estas personas coinciden en un mismo punto: primero llegó la ayuda de la sociedad organizada que el apoyo de instituciones gubernamentales.
Para efectos de este reportaje, el equipo periodístico de LA PRENSA DE LARA hizo una búsqueda en línea para ver los artículos que han sido publicados en torno a este tema y también hizo un rastreo en redes sociales para ver las denuncias que hace la sociedad civil.
La evidencia documental en este punto es contundente. En La Guaira hay un descontento generalizado y en el resto del país una especie de indignación por cómo se ha manejado la tragedia.
Ciertamente, los voceros gubernamentales siguen entregando balances diarios relacionados con muertes, refugiados y la construcción de campamentos temporales para las personas que se han quedado sin hogar; sin embargo, un sector de la sociedad, las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación, han puesto en entredicho unas cifras que no cuadran del todo.
Dioni Salas, sociólogo, explica que esta necesidad de autogestionar la crisis no aparece de la nada, sino que forma parte de un modelo político que ha llevado al venezolano a «resolver» sin la necesidad de esperar que el Estado lo haga.

El venezolano tiene una autogestión impuesta
Esta «autogestión impuesta» se evidencia en la respuesta que hubo ante el desastre. Los manuales de rescate internacional señalan que, a la hora de atender un desastre de esta naturaleza, las primeras 72 horas son claves. Los reportes de medios de comunicación señalan que la reacción por parte del Estado venezolano fue lenta, a pesar de ello, antes de las 7:00 de la noche del mismo 24 de junio ya había personas haciendo labores de rescate.
France24 elaboró un reportaje en el que denuncian que, más allá de la magnitud del terremoto, el doblete sísmico ha desnudado a un aparato gubernamental que ha llegado tarde a socorrer a las víctimas y que incluso, se mostró negligente a la hora de transportar herramientas para poder atender la emergencia.
El resultado de esta respuesta tardía ha quedado documentado en las redes sociales. Videos de personas enfrentándose a funcionarios policiales o enfrentamientos entre los mismos vecinos que están trabajando por su cuenta, demuestran la rabia y frustración colectiva que hay.
Quizás por esta improvisación que hubo al principio con el tema de los rescates y por estas denuncias que aparecen ahora, 21 días después de los sucedido, es que cada rescate en La Guaira era celebrado como un milagro.
Con todo esto, sólo queda claro que la tierra en La Guaira sigue temblando y no necesariamente por los movimientos sísmicos que ocurren en la zona, sino por el miedo a la desmemoria, una amenaza silenciosa de que la tragedia se convierta en un asterisco de la historia política en Venezuela.
Por ahora, hay cientos de preguntas que siguen sin respuesta. Los números de muertes y damnificados crecen todos los días, pero hay una subcifra que las autoridades no mencionan y es la de la cantidad de voluntarios, que, al día de hoy, siguen levantando escombros.

