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lunes, 29 junio 2026
lunes, 29 junio 2026

Lara recibe a más de 60 desplazados por terremotos

  • Los damnificados llegaron de ciudades como Caracas, La Guaira y Catia La Mar.
  • Muchos de las personas que llegaron a Barquisimeto en las últimas horas lo hicieron pidiendo cola a los carros que llevaron ayuda a las zonas afectadas.

No hubo alerta, no hubo evacuación, no hubo tiempo. A las 6:04 de la tarde del miércoles 24 de junio el suelo de La Guaira se abrió por dos terremotos seguidos con una diferencia de apenas 39 segundos. El primer sismo fue de magnitud 7.2 en la escala de Richter y el segundo fue de una magnitud superior aún: 7.5.

Menos de un minuto entre un terremoto y otro. A las 6:04 tembló y a las 6:05 familias enteras ya estaban bajo escombros o corriendo entre grietas. Los que se salvaron buscaron refugio. Algunos se quedaron en albergues improvisados, mientras que otros, abandonaron por completo el lugar y empezaron a dirigirse a destinos como Lara, en donde, según cifras no oficiales, ya hay más de 60 personas damnificadas provenientes de Caracas, La Guaira o Catia La Mar.

El equipo periodístico del diario LA PRENSA DE LARA, hizo un recorrido por Barquisimeto para ubicar a algunas de las personas que han ido llegando a la entidad. La investigación sirvió para confirmar que en sitios como El Garabatal, La Carucieña, El Cují y Cabudare se encuentran algunos de los sobrevivientes a esta tragedia.

Alejandra Pérez forma parte del grupo de damnificados que llegó recientemente al estado Lara. Ella viene de Caracas, específicamente de Antímano. Con voz nerviosa, la mujer relata que, cuando tembló, ella estaba en su casa, picando un pollo.

Su hija, quien se encontraba parada frente a la ventana del apartamento, ubicado en el cuarto piso, le dice que está temblando y ella le dice que no, para que la pequeña no se asuste; sin embargo, a los pocos segundos, el edificio entero empezó a moverse, por lo que ella decidió salir corriendo con sus cinco hijos.

«El edificio no se cayó, pero la casa se agrietó por completo. Cuando vi que las paredes que están frente al Seguro Social se cayeron yo empecé a pedirle a Dios que me diera la fuerza para llegar abajo», dice.

Pérez recuerda que llegó un momento en el que sus piernas ya no daban y fue allí cuando un vecino empezó a empujarla para que ella pudiera salir de la edificación.

Estando abajo, apareció otra preocupación. Uno de los hijos de la mujer no aparecía, no había bajado con ella y empezó a pegar gritos para ver dónde estaba el pequeño pero, afortunadamente, su otra hija se da cuenta que el niño había bajado del apartamento primero que ellos y ya se encontraba del otro lado de la calle.

«¡Fue horrible!», se limita a decir la mujer cuando se le pide que describa los momentos vividos durante el terremoto. «Una pesadilla», resume.

Pérez señala que en su edificio no murió nadie, pero sí conoce a personas que murieron durante el terremoto. «Doy gracias a Dios que el edificio no se vino abajo. Imagino que porque estábamos encima del Metro de Caracas y por eso imagino que, por esa estructura, no se nos vino abajo», relata aún con miedo.

Pérez relata que, durante dos días, estuvo en un bulevar. Ella volvió sola al apartamento, pero para buscar ropa y dejó la edificación de inmediato. «Dormíamos en el espacio cultural. Allá no quiero volver más nunca», concluye.

Pérez se vino a Barquisimeto porque tiene familia en la ciudad. A pesar de haber vivido en Caracas, los últimos 14 años de su vida, la mujer cuenta que no quiere volver a un lugar que sus hijos asocian con miedo.

Desplazados llegaron en cola

Pérez decidió viajar a Barquisimeto porque conoce la ciudad, tiene familia y amigos aquí, pero hay otro grupo de personas que se vino al estado Lara sin saber nada de la entidad. Samary Oropeza, por ejemplo, salió de La Guaira al estado Lara sin conocer a la dueña de la casa a la que llegaría en El Garabatal, al oeste de Barquisimeto.

Deplazados ninos

Ella vivía junto a su familia en Catia La Mar. Su casa, una edificación de tres pisos, no se cayó del todo, pero sí se vino abajo una pared entera que les obligó a dormir durante dos noches en la calle. «Allí en mi casa somos 15 personas. 10 son niños y cinco adultos», dice.

Oropeza se quedó sin vivienda pero, a pesar de ello, ellas no querían salir de La Guaira hasta que empezaron a recibir información por redes sociales de que seguiría temblando y los vecinos empezaron a decir que hasta un tsunami llegaría.

«Al final pensamos en los niños. La amiga de mi hija, que es la dueña de la casa en donde estamos, nos dijo que nos viniéramos y por eso tomamos la decisión. Llegamos pidiendo cola y aquí estamos», dice.

La señora recuerda con tristeza lo que vivió en La Guaira después del terremoto. Con lágrimas en sus ojos, recuerda que la gente empezó a subir a las montañas por miedo. «Parecían hormigas. Hubo gente que se infartó, hay reportes de mujeres que dieron a luz en esa montaña, la experiencia no se la deseo a nadie», comenta.

El momento más emotivo de la entrevista se presenta cuando se le pregunta a Oropeza si, por el temblor, perdió a algún ser querido. En este punto, la mujer no puede contener el llanto. Habla de su sobrino, un muchacho al que no han encontrado y también habla del papá de una de sus hijas.

Desplazados La Guaira

«Mi hija no vivía con él, pero es su papá», dice sin poder contener el llanto.

A pesar de lo vivido en La Guaira, Oropeza dice que quiere volver a su tierra. Ella vivió la tragedia de Vargas en el 99 y la vaguada del 2005, pero asegura que no cambia sus playas, el sol y sus montañas por nada en el mundo. «La Guaira es La Guaira hijo», concluye.

Daños psicológicos

La fuerza con la que el doble terremoto del 24 de junio golpeó a La Guaira no sólo generó pérdidas humanas y materiales, sino que ha causado en los sobrevivientes daños psicológicos bastante fuertes.

Rocibel Cedeño, una de las psicólogas que se encuentra atendiendo a los niños que han llegado desde La Guaira, comenta que, muchos de estos infantes, tienen terror de regresar a Caracas o La Guaira porque, además de experimentar el temblor del pasado 24 de junio, aún no superan el bombardeo del 03 de enero.

«Es un escenario que genera miedo. Es normal que presenten estos traumas porque son niños. En los adultos la situación es diferente. Hay personas en depresión porque han perdido todo», comenta.

Nataly Mendoza, médico internista que se encuentra atendiendo a las personas que llegaron a El Garabatal, menciona que, afortunadamente, no han recibido a pacientes con heridas graves. La mayoría de los damnificados presentan dolores de cabeza intensos o cuadros febriles producto del estrés y la mala alimentación a la que han sido expuestos.

«Son lesiones relativamente sencillas que están siendo tratadas. Gracias a Dios, la mayoría de personas están bien», concluye la especialista.

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