Iribarren y Palavecino son dos de los tres municipios en todo el país que cuentan con un estudio de microzonificación, y el otro municipio sería Libertador, en Caracas. Este análisis de suelo, que permite determinar los niveles de riesgo que puede tener una ciudad ante un sismo, indica que, de las nueve microzonificaciones que hay en el área metropolitana, Cabudare sería la de mayor riesgo por estar fundada sobre un suelo de sedimentos que tiene un espesor superior a 280 metros y que termina por amplificar los efectos de un sismo.
Es lo que pasó en La Guaira, por citar un ejemplo, la explicación que dan geólogos es que las ondas que viajan por debajo de la tierra cuando se produce un terremoto se amplifican cuando se encuentran con un terreno inestable que tiene tanto espesor. Es un caso distinto al de Ciudad Bolívar que, al ser un suelo rocoso, minimiza el impacto de un temblor.
¿Qué significa esto? y ¿cómo el espesor de este tipo de suelo representa un riesgo para las personas en Palavecino? Eduardo Chollet, ingeniero consultado para este reportaje, explica que Palavecino es una especie de fosa que tiene más de 200 metros de profundidad de aluviones (sedimentos producto de lluvias). El ingeniero refiere que, a lo largo de los años, este espacio se fue llenando con un material poco solvente que, al estar en un espacio tan profundo, hace inestable cualquier edificación.
Por esta situación, el microestudio de suelo indica que para esta zona es más factible construir casas. La razón de esto la encontramos en lo que los ingenieros llaman período de movimiento y es que el comportamiento del suelo hará que un sismo tenga mucho mayor eco en esta zona, generando colapsos estructurales.
«Como ingeniero yo debo buscar alejarme de estos períodos, para que la edificación no se me caiga», señala.
El período de movimiento en Cabudare es muy diferente al que se puede encontrar en los cerros del estado Lara. Allí, sí es conveniente hacer edificaciones altas porque el piso es sólido y eso hace que la vibración sea de período corto.
La explicación técnica a este fenómeno se encuentra en la capacidad de resistencia. La roca, al ser sólida, minimiza de alguna manera el impacto de un sismo, lo que hace que no se genere resonancia en la edificación.

¿Qué pasa si alguien en Cabudare quiere hacer edificios altos?
La respuesta a esta pregunta la encontramos en la misma ingeniería estructural. En este punto, Chollet señala que si alguien quiere ignorar las recomendaciones de la microzonificación entonces tendrá que construir aisladores sísmicos, para poder levantar su estructura.
En palabras no técnicas, básicamente, las personas tendrán que construir una especie de basamento artificial que les permita levantar una estructura que soporte los movimientos sísmicos, no es imposible, pero sí bastante costoso.
«Esto es lo que han hecho ciudades como Dubái. Tienen que construir pilotes estrambóticos que hacen el papel de aisladores sísmicos», dice.
El problema con este tipo de construcciones es que también obliga a la ciudad a modificar el sistema de cloacas, acueductos o vialidad.
Otro de los problemas que están presentes en las construcciones que se hacen en Barquisimeto están relacionados con el talud o ladera del terreno porque, sin que haya sismos, la ciudad está en una meseta que drena hacia el río Turbio y hacia La Ruezga. Al final, esas aguas tanto superficialmente como internamente migran y aflojan terrenos debajo de fundaciones, lo que hace inestable las edificaciones.
Esto es lo que sucede en la avenida Uruguay, por citar un ejemplo, en donde el desplome de la vialidad y los problemas que empiezan a presentar algunas construcciones son cada vez más evidentes.
«Imaginemos ahora las condicionantes que tienen estas construcciones y si a eso le sumamos la posibilidad de un sismo, el riesgo de las edificaciones es mucho mayor. Hay que saber construir en los taludes, la norma sísmica nos castiga porque, montado en un talud, el sismo se acelera un 20 o 30% más», explica Chollet.
El ingeniero menciona que, a pesar de tener analizado microscópicamente los suelos en Barquisimeto y Cabudare, cada rincón de estas ciudades es riesgoso para la construcción. Lara es un estado que es atravesado directamente por fallas tectónicas.
«Lara es un estado ubicado en una zona sísmica, lo que significa que en todo su territorio existen lo que en ingeniería se conoce como amenaza, peligro y riesgo. La amenaza es un fenómeno natural; si ocurre en un cerro deshabitado no pasa nada y el peligro es muy bajo. Sin embargo, si esa misma amenaza se presenta en una ciudad poblada, el peligro aumenta drásticamente», señala Chollet.

Sedimentos en Cabudare solo permiten construir casas
Julio Gutiérrez, presidente del Colegio de Ingenieros en el estado Lara, señala que la vulnerabilidad del suelo en Cabudare hace que la zona sea ideal para construir casas y no edificaciones altas porque, ante un eventual sismo, las grandes estructuras serían las primeras en colapsar.
«Hay zonas como la parroquia José Gregorio Bastidas, de Palavecino, cuyo centro es Los Rastrojos, en la que la capa de sedimentos tiene un espesor de más de 280 metros y por eso es que el crecimiento urbano en este lugar es horizontal, no hay construcciones verticales, porque allí no puede haber edificaciones de más de cuatro pisos», dice.
Esta parte es conocida como la microzona número 9 y allí las construcciones son de uno o dos niveles, porque la tipología del suelo es igual a la de los Palos Grandes, en Caracas.
En geología, este fenómeno se conoce como amenaza y vulnerabilidad. La amenaza es lo que no se puede controlar; es decir, las condiciones que por naturaleza tiene el suelo, pero la vulnerabilidad va a depender de las omisiones que se hagan a la hora de levantar edificaciones y de allí la importancia de contar con estudios de microzonificación.
El equipo periodístico de LA PRENSA DE LARA tuvo acceso al documento de microzonificación que tiene el Colegio de Ingenieros y pudo constatar el espesor del suelo en algunos lugares. La microzona número 1 tiene un espesor que va de 0.28 a 60 metros. Esta área es marcada con el color verde claro.
La microzona número 4, que está marcada con amarillo claro, tiene un espesor que va desde los 60 hasta 120 metros, lo que significa que su suelo no es tan inestable, como el de la parroquia José Gregorio Bastidas.
El estudio también muestra que hay zonas en el estado con suelo de roca y estas son las áreas especiales para construir edificios altos. La piedra, que se consigue en este tipo de suelo, es llamada «roca madre» por los ingenieros y es el fundamento que sirve para darle estabilidad a una construcción sin la necesidad de tener que usar pilotes o hacer grandes inversiones para poder crear mecanismos sismorresistentes.
En otras palabras, estas áreas no necesitan una perforación tan profunda porque hay una base preexistente. «En Cabudare se podrían construir grandes edificios, el problema es que para hacer eso la inversión tiene que ser muy alta, porque las bases deben estar a una profundidad mucho más considerable», dice Gutiérrez.

Crecen sin supervisión
A pesar de que Barquisimeto y Cabudare cuentan con un estudio de microzonificación que debería ser referencia para orientar el tema de las construcciones, la realidad es que, desde hace años, ambas ciudades vienen creciendo de forma desordenada.
En este apartado, hay que hacer una mención especial a Barquisimeto. Desde hace más de 10 años, el Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL) está vencido, lo que significa que la ciudad está creciendo de forma improvisada.
Esta realidad se ve reflejada en la cantidad de viviendas que, en los últimos años, fueron modificadas sin tener supervisión de algún ingeniero o sin que se respetaran las ordenanzas municipales.
Eduardo Chollet, señala que, en los últimos años, entre Barquisimeto y Cabudare, muchas casas han sido convertidas en negocios, sin cambiar sus fundaciones originales, lo que termina siendo un riesgo.

El ingeniero hizo esta afirmación al mencionar que hay estructuras que, de una planta pasaron a ser negocios de dos o tres niveles, incluso, algunas de estas estructuras ahora son depósitos y siguen con la misma base fundacional, lo que termina siendo un peligro porque, ante un eventual terremoto, estas edificaciones se caerán.
Otra de las cosas que le preocupa a Chollet son los materiales que se están usando para la construcción de hoy en día. «Bajó la calidad de la construcción y eso es algo que eleva los niveles de riesgo en el estado», concluye.
Michael Schimitz, profesor de la UCV, consultado para este trabajo, señala que este problema fue denunciado hace años y que en su momento, representantes de la Cámara de la Construcción en el estado, protestaron ante la recomendación de no hacer grandes edificaciones en Cabudare.
«Si se quiere ver la falla de Boconó en todo su esplendor, basta con ver la avenida Ribereña», dijo el entrevistado. La vía está en una depresión tectónica.
En resumen, Cabudare sería en teoría, la ciudad con mayor riesgo en Lara ante un eventual sismo. La composición del suelo ha llevado a los ingenieros a sugerir que no se hagan grandes edificaciones en el lugar porque colapsarían.

