Practicar cualquier actividad lúdica o hobby que estimule la creatividad, como el tejer en dos agujas o el croché, escuchar música o aprender a tocar un instrumento son herramientas poderosas para activar la neuroplasticidad del cerebro, y preservar su función cognitiva. Así lo señalan estudios científicos y lo explican psicólogos y terapeutas.
“La música estimula de manera holística el cerebro, tanto cuando escuchamos música, como con la ejecución de un instrumento o cantando, estimulamos los diversos lóbulos del cerebro. Por ejemplo, al cantar se estimula el lenguaje al poner en funcionamiento las áreas de Broca y Wernicke, que están ubicados en el lóbulo temporal y el lóbulo frontal. Si tocamos un instrumento activamos nuestra área motora, que está en el lóbulo temporal y allí activamos el sistema sensorial que está ubicado en el lóbulo parietal”, así lo explicó María Inmaculada Velásquez, profesora en Educación Especial, especialista de Estimulación Musical y terapeuta.
Alí Pellicer, psicólogo y magíster en Neuropsicología Clínica, indicó que tejer en dos agujas o en una aguja (croché), puede aportar grandes beneficios a la salud mental, porque el movimiento de enlazar la aguja con el hilo requiere de una gran concentración y muchas personas han encontrado en este pasatiempo un refugio para disminuir la ansiedad, cuidar su memoria y alejarse de las pantallas móviles y redes sociales.


Un pasatiempo con mucho propósito
Ana Calles tiene 25 años, está a la espera de su título de psicóloga de la Universidad Yacambú y a los 19 años aprendió en tutoriales de YouTube a tejer con una aguja o ganchillo, entrelazando puntos. Crea cualquier tipo de piezas, como suéteres, bolsos, mantas, pero su especialidad son los amigurumis (muñecos pequeños y tridimensionales), que son una obra de arte. Desde una Divina Pastora hasta Mafalda y la Sirenita forman parte de la colección de encargos que ha elaborado.
Para ella, el croché ha sido una manera de conseguir ingresos para costear la universidad. Tejiendo logra silenciar sus preocupaciones, porque se requiere de extrema concentración. Maneja con agilidad la técnica y sus manos son rápidas con cada patrón y se van moviendo en automático. Recuerda cómo hasta al aula de clases llevaba su aguja y comenzaba a crear, asegura que así prestaba mejor atención en clases.
“Supe combinar dos habilidades: escuchar y participar en clases. Solía hacer pausas para tomar nota y luego seguir tejiendo. Tengo una personalidad un poco ansiosa, y cuando me inicié en el croché pude notar que disminuyeron esos niveles de inquietud”, expresó.


Marty González es empresaria y luego de haber corrido 18 maratones, asegura que el croché le proporciona la misma sensación que el correr: libera estrés, aumenta su creatividad, le da claridad mental y puede solucionar problemas. “Es como una meditación en movimiento”, dijo. Se inició en el croché hace tres años y el motivo principal fue querer tejerle una manta a su primera nieta, a través de la técnica de Granny Square (cuadros de la abuela).
“Cuando tejes estás en tiempo presente. El hilo que te queda cuando terminas un proyecto y lo cortas, simboliza el pasado. Y el futuro es incierto, porque no sabes cuánto hilo vas a requerir para realizar una creación. El croché es toda una filosofía de vida”, exclamó. Su aguja la acompaña hasta en los viajes en avión, en los que se desdibuja el tiempo creando.
Ha logrado hasta conciliar el sueño tejiendo minutos antes de acostarse.


Estímulo neurológico en las manualidades
Un estudio de 2007, titulado: “Fundamentos neurológicos de la ocupación” publicado en la National Library of Medicine, arrojó que hacer manualidades estimula el sistema neurológico y mejora la salud. Además, permite regular las emociones y evitar pensamientos intrusivos. Según investigaciones de la Facultad de Medicina de Harvard, tejer mejora la concentración y retrasa el deterioro cognitivo. Así lo publicó un artículo de la revista National Geographic, en noviembre 2025.
Alí Pellicer, especialista en neuropsicología, explicó que tejer activa las capacidades atencionales, sensoriales y motrices del cerebro. “A nivel neurológico se estimula la capacidad visoespacial (función cognitiva para percibir de manera visual el ambiente) y también la capacidad óculo-motora, que es la grafomotricidad (movimiento de manos y dedo, que se sincroniza con todo lo que se ve y la orientación espacial).
Por lo tanto, lo primero que se activa es el lóbulo parietal del cerebro”, argumentó. Por su parte, María Inmaculada Velásquez, sostiene que en terapia se utiliza la música como una herramienta para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Ella ha implementado la música para tratar a niños neurodivergentes.
Sostiene que la estimulación musical potencia las capacidades de una persona que ya está en desarrollo.
“La música es una herramienta para fomentar la coordinación bilateral. Por ejemplo, si notamos que un niño utiliza un brazo más que el otro, podemos intervenir usando un tambor o un xilófono. Al colocar baquetas en cada mano, el juego musical lo impulsa a ejecutar el instrumento de forma simétrica. Este simple ejercicio de percusión es, en realidad, un potente estímulo para que el cerebro aprenda a integrar ambos lados del cuerpo en simultáneo”, contó.


Bienestar físico y mental
El psicólogo Alí Pellicer, especialista en Neuropsicología Clínica, resaltó que tanto practicar croché como hacer cualquier actividad física que involucre repeticiones, estimula las funciones ejecutivas del cerebro y generan bienestar físico y mental.
“El área prefrontal del cerebro es responsable de cualquier actividad que requiera de una serie de pasos o planificación. Son capacidades cognitivas complejas que le permiten a la persona actuar de manera adecuada en el ambiente y esto involucra aspectos que el croché estimula: Capacidad de planificación, de secuenciación, de atención sostenida”, resaltó.
Afirmó que tejer es fundamental en una sociedad que está perdiendo sus capacidades de atención perdurables, por el lapso de tiempo que se invierte en móviles que afectan la memoria a corto plazo.


“Esta técnica de tejido en puntos te enseña a tener paciencia y a equivocarte. Si te saltas un punto, tienes que retroceder porque se rompe la simetría del diseño. A mí me ha tocado deshacerlo todo y volver a comenzar. Ser bueno en el croché no se logra de la noche a la mañana, puede demorar meses o años y eso requiere de perseverancia”, apuntó Ana Calles, graduanda de la carrera de Psicología en la UNY.
Con la música se activan el sistema límbico del cerebro, asociado a las emociones y a los recuerdos. En el caso de pacientes con demencia senil o alzhéimer, a través del canto o las melodías musicales se ayuda a evocar imágenes, recuerdos que le permite a la persona conectar con el presente. Así lo señaló María Inmaculada Velásquez, profesora en Educación Especial, mención Dificultades del Aprendizaje y especialista de Estimulación Musical.
La música es un estímulo que ayuda al cerebro a liberar dopamina, serotonina, oxitocina, hormonas del placer y la felicidad.


Útil para cualquier edad
Elaborar piezas de croché deja efectos positivos a cualquier edad. Alí Pellicer indicó que desde la infancia se le sugiere a pacientes con trastornos de neurodesarrollo (del espectro autista, trastornos de déficit de atención), que lo practiquen.
“Quienes tienen esta condición los nutre mucho las manualidades que activan la capacidad motriz, porque contribuye a la autorregulación y a que puedan tener atención sostenida”, explicó. Se puede comenzar a tejer desde los cinco años.
Desde los 18 hasta los 50 años, tejer ayuda a estimular la capacidad cognitiva. “Se sabe que trastornos como la depresión generan interferencias cognitivas a nivel de atención. Entonces, para una persona que quiere mejorar esta cualidad o dificultad secundaria producto de la depresión, le viene muy bien estas actividades en lo que requiera focalizarse durante un tiempo”, mencionó Pellicer.


En los adultos mayores, el tejer permite mejorar las capacidades sensoriales y motrices. “En trastornos neurocognitivos mayores, una de las deficiencias que se presentan es a nivel tanto visoperceptivo y motriz, precisamente por el sedentarismo que puede haber con el envejecimiento. Y esas capacidades se fortalecen con las manualidades”, especificó Alí Pellicer.
Por su parte, para tratar a niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la música o el aprender a tocar un instrumento influye en su concentración, porque debe seguir instrucciones para llegar a un objetivo. “La música en niños con trastornos de este tipo, le ayuda a relajarse”, contó Velásquez.


