- Para el año 1974, cuando ocurrió el crimen del ingeniero, los reportes de los medios regionales señalaban el incremento de los índices delictivos en zonas residenciales.
- La familia de Miguel Ángel al conocer que los responsables estaban identificados, dijeron estar satisfechos porque habría justicia.
Miguel Ángel Luna miró hacia el patio porque algo había llamado su atención. Era la tarde del 15 de diciembre de 1974 y el ingeniero se encontraba solo en su residencia. Lo que vio detrás de la casa lo hizo salir y unos segundos después, un disparo lo dejó mortalmente herido.
La tarde de ese domingo parecía transcurrir con normalidad en la quinta, que se ubicaba en la avenida principal de la urbanización Los Libertadores, al este de Barquisimeto. Miguel Ángel estaba solo. Su esposa y sus hijos salieron a visitar a unos conocidos y el ingeniero agrónomo decidió quedarse en la casa.
Cerca de las 4:45 de la tarde decidió caminar de la sala al cuarto, pero algo llamó su atención. Había personas extrañas merodeando por el patio y decidió salir a ver qué estaba pasando, pero no alcanzó a llegar muy lejos.
Por la cerca de la casa, estaban unos hombres escondidos, y a medida que él se fue acercando uno de ellos le disparó sin mediar palabras.

Uno de los proyectiles alcanzó al ingeniero en el cuello y comprometió el pulmón derecho. Miguel Ángel se fue desvaneciendo y su cuerpo cayó al suelo, mientras que los responsables salieron corriendo.
Los vecinos de inmediato salieron a ver qué estaba ocurriendo y solo vieron a unos muchachos correr por la avenida principal.
Un vecino se percató que Miguel Ángel estaba herido de bala y de inmediato lo auxiliaron. Lo trasladaron al Hospital Central Antonio María Pineda, pero la víctima murió en el camino, antes de llegar al centro asistencial.
La familia del ingeniero se enteró de lo ocurrido en la casa al poco tiempo y de inmediato se fueron al Hospital Central.
Al conocerse sobre el crimen en Los Libertadores, los vecinos denunciaron lo ocurrido y los funcionarios destacados en los diferentes cuerpos de seguridad se desplegaron por la zona.
Una bicicleta y pistas
Al sitio del suceso llegó una comisión de la Policía Técnica Judicial (PTJ) para hacer las experticias. Los funcionarios comenzaron a reconstruir sus movimientos.
A pocos metros del lugar hallaron una bicicleta y los funcionarios recogieron huellas, estaban tratando de buscar el más mínimo detalle para establecer quiénes habían estado allí.

También encontraron cápsulas en el solar, sin embargo, el arma no apareció.
Para ese momento, los investigadores presumían que se trataba de un revólver calibre 38 de cañón largo.
Los funcionarios se desplegaron por todo el sector y comenzaron a interrogar a testigos. La principal sospecha apuntaba a delincuentes jóvenes que no pasaban de 18 años de edad.
Pero aquella noche la policía todavía no tenía nombres. Entre la noche y madrugada del 16 de diciembre, las comisiones de la PTJ practicaron alrededor de 80 detenciones. Uno tras otro, los procedimientos fueron descartando personas.
El jefe de Operaciones de la PTJ para esa época confirmó que las detenciones habían resultado negativas. No existía siquiera un sospechoso plenamente identificado.
Mientras los funcionarios recorrían las calles, en Los Libertadores permanecía la escena de un crimen que todavía tenía demasiadas preguntas.
¿Quiénes eran los hombres que se ocultaban detrás de la casa?, ¿Por qué habían llegado hasta la residencia?, ¿Habían ido únicamente a robar?, ¿Y cómo consiguieron escapar después de dispararle?.
Las preguntas sin respuestas y la presión no solo de la familia, sino de todos los que conocieron a la víctima mantenían trabajando de noche y de día a los funcionarios.
La familia le dio sepultura al ingeniero, pero mantenía la fe de que pronto atraparían a los responsables.
Pasaron tres días y la PTJ no tenía el radar de los implicados. Según los reportes de los periodistas para ese año, el comisario del cuerpo detectivesco les informó que no había ninguna persona detenida ni tenían identidades.
Lo que tenían los funcionarios es que algunos testigos vieron a los responsables del crimen y los detectives los llamaron para que declararan a ver si se lograba hacer un retrato hablado.
Durante ese tiempo, los funcionarios se desplegaron en operativos por toda la urbanización y sectores aledaños. Se metían por zonas boscosas, en las que actualmente hay edificios y centros comerciales.
Los funcionarios lograron detectar que por la forma en como ingresaron a la vivienda y de manera sigilosa, los delincuentes conocían la casa.

Según lo publicado en medios, la investigación permitió conocer que la residencia de la familia Luna había sido visitada anteriormente por estos delincuentes.
Varias versiones
En la urbanización se escuchaban varias versiones de cómo ocurrieron los hechos.
Una de las versiones señalaba que los delincuentes habían corrido hacia la zona de monte después de ser descubiertos.
Otra versión indicaba que los hombres habían llegado temprano al sector y permanecido en las cercanías de una laguna, que estaba detrás del campo deportivo del Colegio San Vicente de Paúl.
De hecho, los vecinos hasta llegaron a contar que la familia Luna quería contratar a detectives privados para que agilizaran las investigaciones y así atrapar a los responsables.
Sin embargo, esta versión fue desmentida por uno de los hermanos de la víctima, quien dijo que confiaban en las indagaciones que llevaba la Policía Técnica.
Implicados en crimen fueron enviados a reten
Los adolescentes implicados en el crimen del ingeniero fueron enviados a un reten de menores, durante el tiempo que duró su proceso legal.
Aunque no se supo más nada de estos jóvenes, en los medios regionales de la época indicaron que fueron condenados por el delito de homicidio y que estuvieron un largo tiempo detenidos.

Bajo la Ley Tutelar del Menor vigente en 1974, el hermetismo institucional del Consejo Venezolano del Niño impidió rastrear su paradero final o saber si, al alcanzar la mayoría de edad, fueron trasladados a una cárcel de adultos.
Sin embargo, en el estado Lara existe el Centro Socioeducativo Dr. Pablo Herrera Campins, que fue fundado en agosto de 1990.
Actualmente la función que tiene es de reclusión, atención y formación socioeducativa de adolescentes procesados y penados bajo el Sistema de Responsabilidad Penal del Adolescente.
Luego de cinco días, la PTJ logró ubicar y detener a los responsables de la muerte del ingeniero.
Fueron tres adolescentes los implicados en el crimen. Los funcionarios determinaron que los hombres, quienes eran menores de edad, conocían el sector porque uno de ellos residía allí.
El día del crimen estuvieron en un club y se bañaron en la piscina, luego se fueron a los alrededores del Complejo Ferial de Barquisimeto, lugar en el que, supuestamente, planificaron lo que iban a hacer.
Pasadas las 4:00 de la tarde, los adolescentes se fueron a la urbanización y fue cuando ocurrió el crimen de Miguel Ángel.
Según las indagaciones de la PTJ, los jovencitos ingresaron a la casa porque su plan era buscar dinero, pero al quedar al descubierto y sorprendidos decidieron dispararle a la víctima.
Además, los funcionarios resaltaron que los responsables, aparentemente, andaba bajo los efectos de alguna sustancia.
Justicia
La familia de Miguel Ángel al conocer que los responsables estaban identificados, dijeron estar satisfechos porque habría justicia.
«Teníamos plena confianza en las labores de investigaciones que hicieron los funcionarios de la Policía Técnica Judicial (PT)», comentó un familiar de la víctima.
A los implicados los trasladaron hasta el comando de la PTJ para iniciar el proceso judicial. A medida que iban pasando las horas y con los interrogatorios, los funcionarios detuvieron a un cuarto implicado, pero luego lo dejaron libre por no tener nada que ver.
El asesinato de Miguel Ángel produjo consternación en la comunidad y en la universidad en la que impartía clases. Los estudiantes lo describieron como una persona muy recta y siempre al servicio de las demás personas.
Hampa asechó a Barquisimeto en el 70
Barquisimeto ha sido una ciudad que ha estado envuelta en criminalidad, según fuentes policiales hay décadas en las que estuvo más envuelta en hechos sangrientos.

Para el año 1974, cuando ocurrió el crimen del ingeniero, los reportes de los medios regionales señalaban el incremento de los índices delictivos en zonas residenciales.
Según lo publicado, los delitos como robo, hurto, homicidio y abusos sexuales era lo que más se reportaba a las autoridades de seguridad.
Además, la delincuencia se trasladaba hasta los sectores más vulnerables para cometer sus fechorías.
El caso de Miguel Ángel Luna puso en evidencia lo que a diario denunciaban las personas y era como la delincuencia estaba echando raíces en la ciudad crepuscular.
Los medios regionales para esa década, denunciaron que a diario la Policía Técnica Judicial (PTJ) recibía denuncias de hurtos en residencias, así como robo a mano armada.
También denunciaron que en la ciudad se perpetraron robos en establecimientos comerciales, cuyos responsables pusieron «de cabeza» a los funcionarios porque no lograban identificarlos.
La mayoría de estos delitos se lograban esclarecer y detener a las personas en poco tiempo.
Jóvenes con armas
Para ese año, la mayoría de los crímenes que se perpetraron fueron con armas de fuego, que estaban en el poder de personas que no pasaban los 30 años.

En el caso del ingeniero se supo que lo mataron con un arma tipo revolver calibre 38 cañón largo.
Autoridades de seguridad de esa época realizaban operativos por diferentes sectores de Barquisimeto y en las redadas detenían a las personas sospechosas, entre esas había incautaciones de arma de fuego.
El delito de posesión ilícita de arma de fuego sigue vigente en Venezuela.
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