- La víctima era muy conocida no sólo en el barrio donde se crió, sino por el centro, quien caminaba o trabajaba por la carrera 16 o 17 con calles 24 y 25 sabía quién era ella.
En Barquisimeto, en los años 70, Digna Elena Piña Partidas era una mujer conocida en las calles del centro de la ciudad. Tenía 27 años y vivía en el barrio San José.
La dama solía permanecer en la esquina de la avenida 20 con calle 24 y en los alrededores del Edificio Nacional. Se la pasaba allí pidiendo dinero, ya que por su condición (era una persona con discapacidad) no podía trabajar.
La vida de Digna Elena transcurría de su casa al centro de la ciudad, pero la noche del 7 de enero de 1972 no regresó a su casa y a su familia le pareció extraño porque nunca se quedaba por fuera.
El 8 de enero, un señor que estaba cortando leña en un terreno de Carorita se sorprendió al hallar un cadáver. Eran las 4:00 de la tarde, temeroso por lo que había visto decidió avisar a los demás vecinos. Se trataba de Digna Elena.
Tras conocerse el caso, la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ) se trasladó hasta el sitio del suceso, el cuerpo estaba en un paraje solitario muy alejado de viviendas.

La mujer tenía partes de su cuerpo desprendido y al principio los funcionarios creían que se trataba de un descuartizamiento, según la información de los periodistas de ese año, la mujer estaba desnuda y presentaba señales que llevaron a los investigadores a considerar agresión sexual.
Los uniformados se mantenían en el sitio para tratar de establecer lo que había ocurrido, pero los habitantes comentaron no haber escuchado nada. Poco tiempo después, una persona logró reconocer el cuerpo y se fue hasta la casa de la familia de Digna Elena y les contó lo que estaba ocurriendo.
Resguardar escena
Los funcionarios se mantenían en el sitio y lograron reconocer que los cortes en algunas partes de su cuerpo no fueron hechos con un objeto cortante, sino que se trató de un vehículo.

El homicida de Digna Elena le pasó varias veces el carro por encima. Las personas no salían de su asombro, porque decían que al hombre no le importó que fuera una persona con discapacidad; de hecho, a pocos metros de su cuerpo fueron colectadas como evidencias las muletas.
Los familiares estaban desconsolados y pedían justicia por la muerte de la mujer y que los responsables pagaran con cárcel.
“No le bastó con quitarle la vida, sino que también le pasó el carro por encima y hasta le echó tierra al cuerpo”, comentó un familiar a un periodista ese día.
Las interrogantes que se hacían era ¿quién la asesinó?, ¿por qué de esa manera? A través de lo que iban recolectando los uniformados en el sitio, fueron reconstruyendo la escena y preguntando lograron saber quién fue la última persona que vio con vida a Digna Elena.
La víctima era muy conocida no sólo en el barrio donde se crió, sino por el centro, quien caminaba o trabajaba por la carrera 16 o 17 con calles 24 y 25 sabía quién era ella.
También sabían quienes eran las personas con las que frecuentaba; sin embargo, nadie quiso hablar de inmediato.
Los funcionarios tuvieron que iniciar las averiguaciones desde cero y comenzaron con los interrogatorios de sus familiares. Escucharon el mismo cuento, que ella salió de su casa el 7 de enero en la mañana y dijo que iba al Edificio Nacional.
La PTJ manejaba una hipótesis sobre la forma en que pudo cometerse el asesinato. Decían que la víctima había reconocido a su agresor, lo que desencadenó la lucha.
Era el resultado de las averiguaciones hasta el momento, pero el dato fuerte fue cuando revelaron quienes la vieron por última vez.

Alguien cercano
Las interrogantes y las pesquisas de los funcionarios para conocer a los principales sospechosos se redujo a cinco personas, quienes eran claves para esclarecer el crimen de Digna Elena.
Eran cinco hombres que trabajaban como transportistas en una ruta conocida en el centro.
Según lo publicado en los periódicos de ese año, los funcionarios establecieron la vinculación de estos cinco hombres porque fueron los últimos que estuvieron hablando con ella la tarde del jueves, horas antes de su desaparición.
Un vecino de la familia fue pieza clave para determinar lo que pasó. El muchacho contó que la tarde del jueves vio a Digna Elena hablando con un transportista en la avenida 20 con calle 24.

Los familiares contaron que ella tenía buena comunicación con los transportistas y era amiga de ellos; de hecho, eran ellos quienes la trasladaban a su casa al final de la tarde.
Ese mismo día la vieron hablando con cuatro transportistas más, por lo que los funcionarios decidieron detenerlos para que rindieran declaraciones.
La Policía tenía entre ceja y ceja que el homicida estaba más cerca de lo que todos creían. Por eso continuaron los interrogatorios no sólo con los cinco detenidos, sino también con los familiares.
Una sobrina de la mujer contó que su tía mantenía una relación con un transportista, pero que este era casado.
Para ese entonces, la sobrina contó que Digna Elena había tenido altercados con la esposa del hombre que la cortejaba; de hecho, las personas corroboraron que con él siempre la veían hablando y hasta los vieron discutiendo.
A los cinco transportistas los mantuvieron bajo interrogatorios para que confesaran el crimen, pero los hombres sólo decían que la conocían y que eran incapaces de hacerle daño y menos de esa manera.
Una semana
Luego de los interrogatorios y las investigaciones, los funcionarios determinaron que los cinco transportistas detenidos no tenían que ver con el crimen, pero sí mantenían las averiguaciones hacia uno que pertenecía a la misma ruta.

Luego de ocho días de intensas investigaciones, los funcionarios lograron detener a quien fue señalado como el responsable.
Se trató de un hombre, de 37 años, que estaba casado y que era justamente la persona que la sobrina de Digna Elena había descrito.
El hombre, al no poder más con su “conciencia”, decidió entregarse y confesar el crimen. Cuando llegó a la comisaría sólo dijo que se trató de un accidente.
Los funcionarios determinaron que el hombre, luego de golpearla, arrastró el cadáver hasta el sitio desolado y le pasó el carro varias veces por su cuerpo.
El señalado de cometer el hecho sostuvo que él había agarrado a Digna Elena en la carrera 16 con calle 24, luego ella lo acompañó hasta la parada de la ruta. Él le preguntó que si se quedaría allí, pero ella dijo que lo acompañaría a una segunda vuelta.
“Cuando nos detuvimos en Carorita comenzó a decirme groserías y se fue en contra de mí.
En respuesta la golpeé, pero decidí agarrarla del piso y la monté en el carro, pero cuando estaba arrancando ella abrió la puerta y se lanzó”, fue lo que dijo el hombre a los periodistas el día que fue capturado.
El hombre hacía creer que le había pasado el carro por encima accidentalmente, justo cuando ella se lanzó.
Pero la PTJ le tumbó la versión cuando determinaron que este hombre mantenía una relación de 10 años con Digna Elena y que estaba celoso porque otro transportista la estaba cortejando, situación que originó una discusión que terminó en tragedia.
PTJ halla evidencias en el vehículo de transportista
Luego de conocerse quien era el responsable, los funcionarios de la PTJ hicieron una experticia al vehículo del hombre en el que lograron hallar manchas de sangre y restos de cabello de Digna.
Los uniformados también observaron rastros de sangre en los cauchos del carro.
Por eso, el cuento de que era un accidente se desmontó y más por los hallazgos, cuyas pruebas fueron enviadas a Caracas y determinaron que se trataba de la víctima.
Al hombre lo trasladaron al Tribunal para que se iniciara el proceso judicial y según lo publicado para ese año, el caso iba encaminado porque él había confesado el crimen contra Digna.
Luego se supo que el transportistas fue condenado por el homicidio de Digna y quienes conocieron a la víctima resaltaron que eso era lo que se merecía por quitarle la vida a una mujer que lo único que hacía era buscar su sustento en el centro de la ciudad.
La violencia es contada por generaciones
Más de cinco décadas después, la historia de Digna Elena no quedó únicamente en las páginas de los periódicos que registraron su muerte. En Carorita y El Trompillo, parroquia Unión, generaciones que crecieron escuchando hablar de aquel caso, todavía recuerdan el relato de aquella tarde de enero de 1972.
Entre las historias está la de quienes aseguran haber escuchado, o haber oído contar que se escucharon los gritos de una mujer en el lugar donde fue encontrada. El relato ha pasado de generaciones a otras y algunos dicen que se trata de un mito.

«Los gritos ocurren a la medianoche y son desgarradores», cuentan algunos habitantes.
Quienes han escuchado estos gritos, supuestamente, salen asustados de la zona. Actualmente, la zona está más poblada que antes.
Hay quienes dicen que el alma de Digna se mantiene en el lugar como un «alma en pena» y otros aseguran que es porque la víctima residía en la misma parroquia donde ocurrió el crimen.
Digna fue víctima de la violencia de un hombre que celoso decidió acabar con su vida de la forma más cruel, dejando su cuerpo en un terreno y huyendo de la escena, pero por sentir culpa se entregó.
Tenía varias parejas
El agresor no solo tenía a su esposa y nueve hijos, sino que tenía otras mujeres. La víctima era la tercera en esa lista.
Según lo recabado por los periodistas, el hombre vivía en concubinato con dos mujeres a la vez, mientras que Digna también era su pareja, pero no vivían juntos.
El hombre, cuando fue capturado, contó que al momento que golpeó tan fuerte a Digna se le vino a la mente sus hijos y que por eso dejó de golpearla y la montó en el carro, pero lo que no se percató es que ya estaba muerta.
El hombre le pasó el carro encima al cadáver.
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