Por su ubicación geográfica, características, debilidad institucional (ya que no se han tomado medidas para mitigar las emisiones del efecto invernadero) y población en pobreza extrema, Venezuela es considerada uno de los países del mundo más vulnerables a los efectos del cambio climático. Así lo advirtió Juan Carlos Sánchez, doctor en ciencias ambientales y co-galardonado del Premio Nobel de la Paz 2007, durante una conferencia titulada: Impacto Económico del Cambio Climático, este martes 19 de mayo, organizada por Nestlé Venezuela.
El experto instó al Estado venezolano a adoptar planes de acción tanto para enfrentar el cambio climático, como para contrarrestar sus consecuencias, ya que las lluvias extremas, inundaciones, olas de calor por el aumento de las temperaturas, sequías y desaparición de sus glaciares en los Andes están ocasionando consecuencias humanitarias, cambios de patrones de producción agrícola, masivas pérdidas del Producto Interno Bruto (PIB), y una disminución del patrimonio familiar o bienestar humano.
El cambio climático ocurre por el aumento de las emisiones de efecto invernadero, principalmente por la actividad industrial. «En Venezuela, las emisiones totales siempre han ido subiendo, hubo un pequeño bajón cuando ocurrió el covid-19 que muchas actividades fueron paralizadas y eso ocasionó una reducción momentánea de las emisiones, pero luego siguieron creciendo», resaltó Juan Carlos Sánchez.
Explicó que el cambio climático se refiere también a la ocurrencia de eventos extremos que son cada vez más frecuentes. Existen los riesgos físicos crónicos, que son cambios graduales en los patrones climáticos que ocurren a mediano y largo plazo como, por ejemplo, la pérdida de todos los glaciares en los Andes venezolanos. «Este fenómeno en el país ocurrió a lo largo de décadas, pero transformó el ecosistema de nuestras montañas andinas», destacó.

Riesgos y desastres naturales en la región
Según el informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), titulado «Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025», publicado el 18 de mayo, Suramérica experimenta un acelerado deshielo de sus glaciares provocando un recrudecimiento de los peligros a corto plazo, como las crecidas de los ríos, y agravando los riesgos a largo plazo para la seguridad hídrica.
El cambio climático también genera riesgos agudos, como los fenómenos meteorológicos extremos y repentinos: tormentas, sequías intensas, inundaciones. Un ejemplo de esto, en Venezuela también ha ocurrido en la zona andina.
«Las lluvias torrenciales y desbordes de los ríos andinos que ocurren de manera intempestiva y afectan de manera muy adversa a las comunidades locales que son muy vulnerables y lamentablemente nuestras instituciones aún no están suficientemente preparadas para enfrentar tales eventos», argumentó Sánchez.
Resaltó que el país registra un riesgo continuo de su seguridad alimentaria por las sequías pronunciadas o inundaciones que afectan las zonas agrícolas, como ha ocurrido en el estado Zulia y los Llanos Occidentales en recientes años.

Consecuencias financieras y la necesidad de nuevas políticas en Venezuela
«Los eventos climáticos pueden amenazar la situación financiera y la solvencia de todo un país», recalcó, por la necesidad de tener que invertir muchos recursos en ayuda humanitaria e infraestructura para socorrer a poblaciones vulnerables por las desgracias naturales. Asimismo, se interrumpen las cadenas de suministro de bienes y servicios y se pierden las cosechas, esto provoca que los precios de alimentos se disparen.
«La reducción de la vulnerabilidad del cambio climático en Venezuela requiere del fortalecimiento de sus instituciones y una lucha frontal y eficaz contra la pobreza. Todas estas amenazas de impacto deberían conducir a una redefinición de las responsabilidades de los que están encargados de realizar las inversiones públicas y privadas. Porque las inversiones necesariamente van a tener que reflejar la forma en que se percibe y se gestiona el riesgo climático», opinó.
De acuerdo con el informe OMM, Suramérica ha registrado una tendencia al calentamiento más intensa, de aproximadamente 0,26 °C por decenio.

