Tener acceso a créditos y contar con políticas gubernamentales fuertes que faciliten la creación de empresas y atraigan la inversión es lo que identifica a los países que tienen el mejor entorno para iniciar un negocio y que lideran el ranking mundial Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2025, que es la investigación académica más grande del mundo sobre emprendimiento.
Venezuela fue evaluada y quedó de penúltimo lugar de una lista de 55 economías analizadas, porque su entorno económico «destruye» la maduración de las empresas.
A esa conclusión llegaron investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), responsables de realizar el GEM 2025 en el país. Un estudio que fue publicado el pasado 18 de marzo, en el que se destaca que sólo el 7% de la población venezolana está emprendiendo. La primera vez que esta investigación se hizo en Venezuela fue en 2003 y en ese momento, el 27,3% de los ciudadanos decía que estaba emprendiendo, tras el paro petrolero.

«La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA), que evalúa los emprendimientos de cero a tres años y medio de creados se ubicó en 7,7%, representando una caída de cuatro puntos porcentuales en comparación con el 11,7% registrado en 2024», reseña el estudio.
Esto representa que la actividad emprendedora en Venezuela se ha contraído en el último año. «El entorno ha perdido aproximadamente 1.3 millones de emprendedores, pasando de 2.7 millones en 2024 a cerca de 1.4 millones en 2025», resaltó Edwin Ojeda, uno de los autores de la investigación, quien es licenciado en Ciencias Administrativas y Gerenciales y profesor asociado del Centro de Innovación y Emprendimiento del IESA.
¿Por qué pasa esto?
Los académicos consultaron a poco más de 1.888 personas mayores de 18 años en el estudio APS del GEM, que mide el emprendimiento de adultos, en todos los estados y estratos sociales del país, y entrevistaron a 36 expertos sobre las condiciones estructurales del entorno, a través de la Encuesta Nacional de Expertos (NES), deduciendo que son varios los factores que podrían estar impulsando la muerte temprana de los emprendimientos. Uno tiene que ver con el impacto que ha dejado la migración.

74% de los emprendimientos tempranos los desarrollan personas entre los 18 a 44 años, que es la población más propensa de emigrar. A esto se le suma que el 88% tiene como principal motivación para emprender «la supervivencia», por la escasez de empleos formales o los bajos salarios que hay en el país.
Otro factor que influye es el agotamiento de los ahorros. Por lo general, quienes emprenden lo hacen con recursos propios o préstamos de familiares. La cartera de créditos en Venezuela en febrero se ubicó en $3.173,80 millones, según datos del Informe Bancario de la consultora Aristimuño Herrera & Asociados, publicado por Banca y Negocios.
Pero ese financiamiento, que representa poco más del 2% del Producto Interno Bruto (PIB), tiene como prioridad a las empresas de alimentos y salud consolidadas en el mercado. Los créditos para emprendedores son muy escasos, prácticamente inexistentes, según apunta el economista Aarón Olmos, profesor de posgrados del IESA.

Otro aspecto que va en contra de iniciativas emprendedoras es la alta carga impositiva que tiene el país. Si bien existen dos leyes dirigidas a emprendedores: como la Ley para el Fomento y Desarrollo de Nuevos Emprendimientos que exige inscribirse en el Registro Nacional de Emprendimiento, y ese registro tiene vigencia de dos años en los que se exime del pago de algunos tributos, como el Impuesto Sobre La Renta (ISLR).
Esta normativa también exige que pasado ese tiempo, deberán migrar al Registro Mercantil y constituir una Pequeña y Mediana Empresa (PYME), o una Compañía Anónima (C.A.), asumiendo toda la carga fiscal.
También existe la Ley Orgánica de Coordinación y Armonización de las Potestades Tributarias de los Estados y Municipios (Locaptem), que en su artículo 43 señala que para los nuevos emprendimientos, la sumatoria de todos los impuestos municipales no podrá exceder el 1% de ingresos brutos anuales obtenidos por los contribuyentes.
Pero estas leyes, según investigadores, no son suficientes para que haya una política fuerte que promueva la creación de empresas en el país. Sin apalancamiento financiero los propietarios de negocios tempranos presentan grandes problemas para generar suficiente flujo de caja que les permita pagar salarios y asumir compromisos fiscales.
Por eso hay un «enanismo empresarial». Según el estudio, el 77,8% de la actividad emprendedora se encuentra en etapa naciente (de 0 a 3 meses, sin aún pagar salarios), mientras que sólo 1,9% logra consolidarse. Es decir, dos de cada 10 emprendimientos sobrevive después de los 42 meses. «Lo que mantiene a Venezuela en los niveles de sostenibilidad empresarial más bajos del mundo», resalta el documento.

Falta propósito claro
El 79% de los venezolanos consultados en la GEM 2025 cree poseer los conocimientos necesarios para emprender. Eso representa que hay un «nivel de autoconfianza elevado». Pero la cifra contrasta con la cantidad de emprendimientos que mueren antes de cumplir 3.5 años.
«El venezolano no tiene miedo de emprender. Por ejemplo, una señora puede vender tortas de piña en su casa e irle bien. Pero esa persona no se preparó para vender, cobrar, tener una operación logística eficiente, lo que le importa es hacer tortas de piña… Entonces, el venezolano es así, no tiene miedo. Pero si lo comparamos con cifras de otros países donde se crean más empresas, como Emiratos Árabes o Estados Unidos, vemos que quienes emprenden en esos países sí se preparan», enfatizó Edwin Ojeda, profesor asociado del Centro de Innovación y Emprendimiento del IESA e investigador de este estudio.
El 53% de los emprendedores tiene educación secundaria y un 24% posee educación superior (terciaria). Y 50,3% de los que participan en emprendimiento temprano son hombres y 49,7% mujeres. En 2024, la brecha era 74% hombres y 26% mujeres.

Aarón Olmos, economista y especialista en economía digital, destaca que otro factor que hace que la mayoría de los negocios muera en su etapa temprana, es por la falta de un propósito claro de su modelo de negocio.
«Cuando se inventa un emprendimiento se requiere compromiso, el saber quien integra el equipo, se necesita estructura, acceso a dinero, generalmente todos los miembros deben tener claro si es viable que el negocio trascienda a la fase de formalidad», explicó.
Hermann Pargas, CEO de Aprende, consultora organizacional en el estado Trujillo y quien tiene más de 16 años de experiencia formando emprendedores, señaló que uno de los errores más recurrentes que cometen quienes emprenden en Venezuela, es que al comenzar a ver ganancias, rápidamente se pueden descapitalizar.
«Lo que conduce a un negocio al fracaso es que cuando el emprendedor empieza a producir, a hacer algo de fondos, se compra un carro o una moto. Empieza a sacar plata del emprendimiento para cubrir necesidades personales y eso genera vacíos que no les permite crecer», argumentó.

Los que logran avanzar en Venezuela
Para Marco Teixeira, presidente de la Cámara de Pequeños y Medianos Industriales de Lara (Capmil), los emprendimientos que logran crecer en Venezuela son los que llegan a industrializarse, logran encontrar un nicho correcto, entienden muy bien el mercado donde se encuentran y su propuesta es innovadora.
La tecnología es fundamental para lograr una propuesta de valor en los negocios. «La gran mayoría de los emprendimientos en Venezuela tienen una carga de tecnología y elementos fintech (modos de financiación alternativos o nuevos métodos de pago electrónico), muy alta. Esto evidencia que el principal reto que registran los emprendimientos en el país es poder formalizarse», acotó Olmos.
Los expertos señalan que muchos de estos emprendimientos creados se quedan operando en la clandestinidad por dos razones: la burocracia para constituir una empresa. En 2023, el informe Índice Burocracia en Latinoamérica señalaba que en el país una persona tardaba entre tres y siete meses en trámites del Registro Mercantil, mientras que países como Paraguay tardan 15 días o en España demoran 13 días. La segunda razón es la voracidad fiscal.

