El manto de la Divina Pastora cubre a toda su feligresía a nivel nacional, por tratarse de un fervor que no se limita a los barquisimetanos, teniendo referencia en Caracas y se extendía hacia los llanos. De allí, que en esta oportunidad arriban a 310 años de devoción y contando con el primer templo cuya construcción fue finalizada en 1.745, que tras el terremoto de 1.812 tuvo que ser levantando y cada año le rinden tributo a esta advocación mariana.
Según el padre Pablo Fidel González, principalmente el 8 de septiembre celebran la fiesta litúrgica y el 14 de enero es resaltado como uno de los más impactantes milagros, desde 1856 con la rogativa del presbítero José Macario Yépez por el cese de la pandemia de cólera que devastó con la muerte en Barquisimeto. Resalta la dedicación del padre Salvador Bello, quien promovió la construcción de un templo para la sagrada imagen en este sector ubicado en el camino que comunicaba a Caracas con La Guaira, cuando la virgen se encontraba en la catedral.
Fue traída por misioneros capuchinos, tal como lo recordó Rodolfo Valdivieso, exsacristán de la Iglesia de La Divina Pastora durante la procesión en 2025. “Es la Divina Pastora más antigua de toda Venezuela, porque es de 1716 anterior a la de Barquisimeto. Es una réplica de la sagrada imagen de Sevilla, y la de Barquisimeto es una réplica de la de aquí (de Caracas)”, recordó a los presentes el 14 de enero del año pasado.


La historia de la Divina Pastora caraqueña
El historiador David Chacón Rodríguez recuerda los registros de Teófilo Rodríguez en su libro “Tradiciones populares”, donde resalta a la parroquia caraqueña La Pastora, desde donde se acentuó el amor y fe por la madre de Dios. Describe una advocación que fue acogida por los pobladores y se extendió entre aquellos que atravesaban desde La Guaira hacia Caracas, y viceversa. La mayoría creía en su intercesión por salud y otros confiaban en su protección durante el viaje, como esa compañera de caminos.
Reseña que en la revista “Crónicas de Caracas”, se precisa la preocupación del padre Bello para rendir honores a la imagen de Nuestra Señora de la Divina Pastora, como la llamaban inicialmente. Tenían la incomodidad para las misas, procesión y demás actos, que en algunas oportunidades llegaron a realizarse en la iglesia de Santa Rosalía. No tenían libertad en el sagrario de la catedral, ni siquiera dónde colocar la modesta imagen, lo cual comunicó al gobernador del momento, Gabriel de Zuloaga, por la falta de las debidas atenciones tanto en la catedral como en la iglesia de Santa Rosalía.


La solicitud incluía la posibilidad de la construcción de una ermita, ubicada a la salida de la ciudad, con la visual hacia el puerto de La Guaira, cercana a la caja de agua. Su petición fue escuchada y comienzan a principios del año 1.743, culminando dos años después entre los dos ramales del camino de La Guaira. El obispo Mariano Martí la describió de tres naves con arcos de ladrillos, con dos órdenes de columnas y tirantes cubiertos de tejas. La fachada con tres puertas que miraban al sur y adornadas con ladrillos.
A lo interno, el altar mayor tenía su mesa de cal, encima estaba un amplio sagrario de plata sobredorada y tenía al Niño Jesús. Detrás del sagrario estaba la imagen (en cuadro) de la Madre Santísima de la Luz, un retablo y un nicho, donde estaba la imagen de Nuestra Señora Divina Pastora con un niño y una oveja. Martí no sólo reconocía la entrega del padre Bello en levantar y mantener la iglesia, que consideraron desde un proceso de reedificación al pasar de una modesta ermita a un templo formal; sino también las contribuciones a la conformación de la comunidad del mismo nombre.
El 30 de abril de 1.745 fue la inauguración con un desfile que salió desde la Catedral con la imagen de la Divina Pastora, a lo que fue su morada definitiva.


Los registros indican que afortunadamente cuando ocurrió el terremoto de 1.812, el padre Bello ya estaba muerto y no vio a su templo destruido por la fuerza natural. El techo se desplomó y la mayoría de la estructura, el frontón (acabado triangular en la fachada) se mantuvo pero sin remate y se rodaron las columnas con sus arcos.
La recopilación de Teófilo Rodríguez también mencionan que fray Olegario de Barcelona, fue uno de los religiosos más determinantes en la reconstrucción del templo, tal como se conoce en la actualidad. Describen su insistencia con la limosna para recaudar fondos y fue quien adquirió la obra “El Purgatorio” del artista Cristóbal Rojas, una de las piezas religiosas de mayor formato.
Pero lo que imprime más valor a dicha arquitectura, es la sagrada imagen que actualmente está bajo custodia del párroco Fermín Gómez y que a final de agosto de 2025 fue restaurada. La Divina Pastora siempre va acompañada de sus devotos a lo largo de los cuatro kilómetros de procesión hacia la Catedral de Caracas, con un río mariano que se siente seguro estando bajo la protección, recuperación en salud y como fiel guía de su rebaño.


