El sistema nervioso es una parte vital de cómo experimentamos e interactuamos con el mundo que nos rodea. Procesa todo, desde imágenes y sonidos hasta emociones y sensaciones físicas. Así lo explica la doctora María Laura Braz.
Precisa que la amígdala cerebral es una estructura pequeña con forma de almendra situada en el sistema límbico, crucial para la supervivencia al procesar emociones, especialmente el miedo, la ansiedad y las respuestas de peligro. Braz señala que esta actúa como un centro de alerta, gestionando reacciones físicas (lucha o huida) y almacenando recuerdos emocionales.
“En las personas con condición del espectro autista se ha evidenciado a través de diferentes estudios neurofisiológicos que la amígdala a menudo presenta un crecimiento acelerado, principalmente en la infancia (entre los 6 y 12 meses), lo que influye en el procesamiento de la ansiedad y el miedo”, dice la especialista.


Autismo y el sistema de alerta
En el autismo, con mucha frecuencia, el sistema nervioso puede entrar en estados de hiperactivación o desregulación, donde el movimiento funciona como una estrategia inmediata de autorregulación lo cual produce reacciones diversas tal como es el caso de las reacciones de huida o conducta de fuga.
La pediatra dice que la conducta de fuga o reacción de huida repentina en niños autistas es un fenómeno ampliamente documentado y suele estar relacionada con procesos neurobiológicos y regulatorios, y no con desobediencia o intencionalidad negativa de molestar o incomodar a otros. “En estos casos, la amígdala cerebral percibe sobrecargas sensoriales o emocionales como REALES amenazas extremas”, dice Braz, además explica que esto provoca un «secuestro de la amígdala», desencadenando respuestas rápidas de lucha, huida o paralización (meltdown/shutdown) ante estímulos que para otros puede ser inofensivos o inocuos.
“Estas situaciones de hiper alerta, sobrecargas o activación sostenida de la amígdala cerebral, muchas veces pueden dificultar el cambio a un estado de calma llegando afectar físicamente a la persona con condición del espectro autista con manifestaciones somáticas y reales problemas médicos (Taquicardia sostenida, sudoración, respiración rápida, tensión muscular, trastornos del sueño, bruxismo, dolor abdominal, entre otros)”, dice.
¿Por qué se producen estas reacciones de huida en el niño autista?
La doctora señala que cuando conocemos estos aspectos fisiológicos, sensoriales y otras características propias del espectro autista evitamos no solo hacer juicios de valor estigmatizando al niño como “El niño mala conducta” “El niño Disruptivo” sino que también se evita el uso de fármacos innecesarios que puede conducir a reacciones adversas.
La prevención o abordaje de estas reacciones requiere comprensión funcional de la conducta, adaptación ambiental y enseñanza explícita de seguridad.


