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miércoles, 3 junio 2026
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Más de 100 incendios forestales han devorado 3.000 hectáreas en un año

Lara ha perdido 3.000 hectáreas vegetales en el último año debido a más de 106 incendios forestales provocados por la deforestación agrícola, lo que amenaza gravemente las principales reservas de agua y parques nacionales de la región.

En el último año se han registrado en Lara más de 106 incendios forestales, perdiéndose 3.000 mil hectáreas, según alertas emitidas por Global Forest Watch (GFW), un atlas virtual de acceso gratuito para monitorear satelitalmente los bosques de todo el mundo.

Álvaro Zambrano Carrera, ingeniero forestal e investigador de economía climática, explicó que esa cantidad de incendios ocasionados por la deforestación representan una pérdida diaria de entre ocho y 10 hectáreas vegetales, según el conteo tomado de febrero 2025 a febrero 2026.

Lo que está arrasando con los bosques altos de Lara, con las principales cuencas y nacientes de agua, con los parques nacionales y las zonas semiáridas (que son el 70% del territorio regional), es el avance de la frontera agrícola, específicamente por la tala indiscriminada para cultivar café a pleno sol, piña y explotar la madera para producir carbón.

Zambrano ha determinado que el 73% de la deforestación que se registra en Venezuela es por causa de la agricultura y la ganadería.

«La importancia de Lara es que está perdiendo los bosques que producen agua. Están desforestando aceleradamente reservas extraordinarias, como los parques nacionales que son Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae). Uno de los más afectados es el Parque Nacional Dinira, en Morán. Allí se produce café a pleno sol, al igual que en el Parque Nacional Terepaima, municipio Palavecino, donde están acabando con las aguas subterráneas de acuíferos por la siembra y las invasiones», expresó.

En el Parque Nacional Yacambú, en el municipio Andrés Eloy Blanco, la observación satelital deja en evidencia la gran cantidad de árboles que se han perdido por el cultivo del café que avanza hasta el municipio Jiménez.

«Se registran más incendios forestales en Iribarren, Jiménez, Morán, Andrés Eloy Blanco y Torres. Este último municipio es una tormenta perfecta porque tiene sequía, poca vegetación, mucho polvorín por la tala de especies, como curarí, cují y vera para producir carbón. Eso facilita el avance de los incendios», acotó Zambrano.

Más de 100 incendios forestales han devorado 3.000 hectáreas en un año

Incendios recientes

El 12 de abril un incendio se registró en Cerro Azul, municipio Simón Planas, que alertó a los habitantes de la comunidad. El lugar queda en los límites del Parque Nacional Terepaima. El hecho ocurrió en una pendiente que drena la quebrada El Guacho.

«Fue en las adyacencias de La Miel, parroquia Gustavo Vegas León, presuntamente por la deforestación ocasionada por la siembra de café al sol, que llamamos café mata bosque», opinó Francisco Cañizales, de la Iniciativa Cotoperí.

Otro hecho ocurrió el 13 de abril, habitantes del municipio Palavecino denunciaron la tala de 13 árboles de neem (Azadirachta indica), en la avenida La Manga de Los Rastrojos, como parte del plan «Pica y Poda» que realiza Corpoelec para «proteger» el tendido eléctrico. «¡Esto es un crimen ecológico! No es una poda, es una tala que debe estar prohibida. ¿Cuántos pajaritos quedaron sin refugios para anidar o cuántas iguanas?, alguien tiene que frenarlo», exclamó un señor en un video publicado en redes sociales.

Acabar con los árboles en zonas urbanas es desatar un fenómeno de islas de calor. Comunidades de Palavecino e Iribarren se han convertido en «selvas de concreto» porque han talado muchos de los árboles que estaban en sus islas o aceras, cuya función era mitigar el calor y la contaminación.

Más de 100 incendios forestales han devorado 3.000 hectáreas en un año

Saldo ambiental

La tala de árboles genera sequía y rompe con el ciclo normal del agua.

«Los árboles tienen un proceso de evapotranspiración, ellos capturan humedad y la suben a la atmósfera de un estado a otro. Los árboles funcionan como bombas de agua que mantienen humedad. Una vez talados, se pierde ese proceso. La poca humedad hace que las lluvias disminuyan significativamente», explicó Álvaro Zambrano, profesor universitario de la UCLA.

Deforestar es provocar una acumulación de restos vegetales y disparar el calor extremo. «Las zonas donde se tala se convierten en un polvorín, sustrato ideal que aumenta los incendios», detalló.

El satélite NASA Firms (Fire Information for Resource Management System), refleja el mapa de Venezuela lleno de puntos rojos que representan «incendios» o anomalías térmicas. Para el 16 de abril, el país ocupaba el primer lugar en densidad de focos de calor en Sudamérica.

El geógrafo y climatólogo, Jorge López, explica en su canal de YouTube «Biosfera Norte de Suramérica», que el mes de abril es uno de los que registra los valores térmicos más elevados en Venezuela.

«Esta dinámica está relacionada con el fenómeno llamado declinación solar. El sol incide de una manera perpendicular. La declinación está entre 6 y 7 grados de latitud norte en los llanos centrales y orientales. Esto incide en focos de calor e incendios forestales en zona central, Llanos Occidentales y el norte de Venezuela», argumentó.

El otro mes donde se esperan valores térmicos más elevados en Venezuela será en agosto.

Álvaro Zambrano, ingeniero forestal, indicó que la consecuencia fundamental de la deforestación es que afecta las cuencas de los ríos.

«Afecta la cuenca del río Caroní o del río Portuguesa, de los llanos, del río Tocuyo, que es el principal reservorio de agua del estado Lara, del que se surte el Embalse Dos Cerritos que proporciona agua potable al 80% de los habitantes de Iribarren, Morán y Jiménez», comunicó.

Eso provoca el aumento de la sedimentación, ya que al talar los árboles se pierde la cobertura vegetal y todo ese suelo es arrastrado. Los sedimentos reducen la capacidad de producción de agua para las centrales hidroeléctricas. «La mayoría de esos embalses de Venezuela están full de sedimentos. Producto de todo ese material de particulas sólidas que viene rodando y se deposita en los embalses disminuyendo los niveles de agua», acotó.

Si un suelo está desprotegido de vegetación con cada gota que impacte se rompe su estructura, y esas partículas comienzan a correr por las cuencas de los ríos provocando inundaciones. Tales como las ocurridas en el río Limón, estado Aragua, en septiembre de 1987 y septiembre de 2020, que afectaron a centenares de viviendas y arrastraron a personas y vehículos. O inundaciones como las de Mérida el 25 de junio del año pasado, en Apartaderos, que dejó como saldo más de 270 familias afectadas y viviendas tapiadas.

«En Mérida ocurrió un fenómeno que llama la atención, el mismo día se registró un deslave, pero con 30 años de diferencia. Yo hice un estudio sobre lo registrado y comparé que la escorrentía pluvial, el año pasado fue mayor, por la pérdida de suelo, por la erosión que hizo que el agua no se filtrara, se perdiera», manifestó Zambrano.

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