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jueves, 5 marzo 2026
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Pagan Bs. 22mil por el kilo de cobre

J. Oviedo / J. Orozco | LA PRENSA.- Los cuerpos de seguri­dad del Estado e institu­ciones están encima de los “robacobres”. Estos hampones desde hace unos seis meses comen­zaron a sustraer los ca­bles de telefonía, luz eléctrica y televisión por suscripción en las comu­nidades de Barquisime­to, sobre todo en el norte y el oeste, para vender lo que el gobierno nacional definió como “material estratégico”.

Y es que este negocio ilegal pica y se extienda. Los dueños de las chata­rreras compran el kilo de cobre hasta en Bs. 22 mil para convertirlos en deri­vados y luego sacarles el doble de partido. Las comunidades preocupadas por la incomuni­cación y la falta de electri­cidad comenzaron a de­nunciar ante entes policiales e instituciones como el Consejo Legisla­tivo de Lara (CLEL) y el Concejo Municipal de Iribarren.

El CLEL ha recibido, en los últimos cuatro me­ses, alrededor de 120 de denuncias por el robo de cables y el Concejo Mu­nicipal de 10 personas que atiende 6 exponen este problema, por lo que han remitido los casos a autoridades policiales.

El Cicpc Lara también le ha dado palo a los ladro­nes de cables. Sólo en una semana han sido de­tenidos cinco malandros en Quíbor, seis por la subdelegación San Juan y nueve en Barquisime­to, además de atacar di­rectamente las ventas de chatarra del barrio El Ja­pón en Barquisimeto.

Fuentes ligadas a los procedimientos informa­ron que en El Japón era donde había mayor inci­dencia del comercio ile­gal de cobre y otros mate­riales.

También detallaron que en lo que va de 2017, unas seis bandas dedica­das al hurto de cables han sido desmanteladas y el material incautado. Polilara también ha desmantelado cuatro bandas, una de ellas al norte de Barquisimeto y otra al oeste, donde la mayoría de los detenidos han sido adolescentes entre 15 y 17 años.

El equipo de La Prensa consultó a un joven de 18 años dedicado a esta práctica ilegal, apodado “Cheíto”, y cuenta que su trabajo “tiene precio”, pues él se sube, después, ayuda a pelar cables y ar­mar el botín. Él es el que más cobra.

“Yo cobro 6 mil bolos por kilo, los demás que se maten por lo que que­da”, confiesa entre carca­jadas.

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