Guiomar López | LA PRENSA.- El rumor que se corrió a comienzo de semana fue sobre la cadena viral por las redes sociales que recomendaba abstenerse de comprar los productos que han subido de precios, tales como la carne, queso, pollo y otros.
Comparan con la reacción de los argentinos en la década de 1980 para “evitar apoyar la inflación y presionar al comerciante ante la posibilidad de pérdida de la mercancía”.
Pero las reacciones en la calle insisten en que se trata de una especie de abstención impuesta ante la falta de poder adquisitivo para comprar los alimentos de la cesta básica. “¡Qué te puedo decir, cuando mi desayuno fueron varios cambures, perdí la cola para sacar efectivo y para rematar ni conseguí las medicinas!”, rezonga el señor Rafael Dudamel mientras muestra un par de frutos que le quedaron en la bolsa.
Para el médico Carlos Revilla la solución no es pasar hambre, sino comprar lo básico como harina, pasta, arroz y el resto ajustarlo a la dieta con sustitutos que igualmente alimentan. Sugiere que puedes comer menos cantidad de carne y complementar con vegetales.
Otra respuesta que retumbó fue la exigencia de las medidas por parte del gobierno sin el sacrificio del pueblo. Para la estudiante María Escalona, la inflación se ataca con más regulación, ajuste de precios y estimular la producción. “¿Por qué debemos terminar de hundirnos? ¿Qué hace el gobierno?”, se preguntó al pensar que la idea no es que se descompongan esos alimentos en depósitos, sino que sean más accesibles.
Confían que el control no implique una persecución a los comerciantes para que también se oigan sus necesidades. Ponen de ejemplo que ya cuando al venezolano se le habla de ajuste de sueldo es un nuevo drama por la zozobra del alza de los precios en los artículos básicos.

