¡Naguará, mis panas! Uno cree que ya lo ha visto todo recorriendo las calles de nuestro querido Barquisimeto, pero la intersección de la calle 22, también conocida como avenida Andrés Bello, con la carrera 24, nos recuerda que la desidia no tiene límites.
Lo que comenzó como una pequeña falla a finales del año pasado, hoy se ha convertido en una socavación del asfaltado monumental, de 3 metros por 3 metros, con una profundidad que alcanza fácilmente el medio metro en su punto más crítico.
El origen del hueco es el que ya muchos conocemos: la medicina resultó peor que la enfermedad. Según los residentes y trabajadores de la zona, el personal de Hidrolara asistió al lugar para supuestamente solucionar un problema, pero la labor quedó a medias.
Dejaron la vía raspada, la calzada removida y nunca regresaron para reasfaltar y nivelar el pavimento. Desde entonces, la vía ha ido cediendo poco a poco hasta llegar al estado desastroso en el que se encuentra hoy.

Avenida Andrés Bello entre huecos y «remedios» caseros
Es por ello que los comerciantes y vecinos han tenido que tomar cartas en el asunto. Para evitar que los vehículos se desarmen al pasar, han rellenado el hueco con tierra y piedras grandes, intentando mitigar la profundidad del «cráter».
Mi amigo Ramón Escalona, quien hace vida en la zona, me relató con preocupación cómo las unidades de transporte público sufren en este punto. Hace apenas unos días, una buseta que venía a cierta velocidad no pudo esquivar el hueco y el impacto fue tan fuerte contra el pavimento irregular que terminó accidentada y trancando la vía metros más adelante.
El riesgo para los que andan en carros o motos es grande. Yveth Iriarte compartió una historia que nos pone los pelos de punta: durante un día de lluvia, una mujer que transitaba en su moto no pudo distinguir la profundidad del hueco, debido al agua acumulada y terminó lesionada al caer aparatosamente.
Y es que cuando llueve, esta zona se convierte en una trampa ciega; el agua oculta la socavación y cualquier conductor está en peligro de sufrir un accidente grave o perder el tren delantero de su vehículo.
El llamado es claro: no podemos esperar a que ocurra una tragedia mayor para reparar esta vía. La ciudad merece calles dignas y seguras para transitar. ¡Manos a la obra, que la comunidad no aguanta más!

