«Soy capaz, fuerte e imparable», así se siente Diego Sojo Valladares, larense, quien nació con espina bífida, lo que le causó deformación en la columna vertebral por cifosis mielodisplásica, desarrollando una acentuada curvatura.
Tiene ocho años y es la edad límite para practicarle la intervención quirúrgica, así extraerle las dos vértebras que sobresalen y afectan con riesgo su crecimiento, sistema digestivo y caja torácica comprometiendo riñones y pulmones.
Su familia lanzó una campaña de recolección de fondos para costear los $35 mil necesarios para ser operado urgente en el Hospital San Juan de Dios, en Caracas, y así recuperar su movilidad y sus sueños de tener más libertad.
El gran espíritu de Diego
Él es incansable y se acopla a una rutina de terapias desde los dos meses de nacido, bajo el control de un equipo multidisciplinario. Pese a ser movilizado en silla de ruedas, aprendió natación, por ser uno de los ejercicios más completos y en clases particulares de música le fascinó la batería. Con el deporte, le gustó el ping pong y fue tanta la concentración que pertenece a la selección regional de tenis de mesa adaptado, siendo un momento de escape, cuando sus sueños vuelan a mayor velocidad que la pelota.
Tampoco descuida sus obligaciones, al cursar segundo grado en la escuela Pedro Gual de Palavecino, ni la simpatía para hacer amigos y la complicidad con su hermanita Luciana, quien también celebra cada uno de sus logros.

Próximo gran reto
Diego con su tono de voz dulce y la ternura que irradia su mirada, invita a ser parte de su historia, confía en unir esfuerzos para superar esta lucha contra el desequilibrio muscular y demás anomalías en su columna.
Están en cuenta regresiva para que le practiquen una rizotomía que es costosa, supera los $21 mil sólo para materiales, como barras, tornillos, determinado injerto y además de la hospitalización, a cargo del especialista Armando Pineda, cirujano ortopédico de columna vertebral.
«Es indispensable que sea operado lo más pronto posible, porque el ángulo de la curvatura está afectando la piel con la amenaza de escaras y la cicatrización puede ser tardía», señala su madre Daniela Valladares, con el temor de que se siga extendiendo y sea mayor la deformidad de su cuerpo. Advierte que lo más delicado son los pulmones que no van a tener la capacidad para el sistema respiratorio. «A Diego le va a costar respirar y cualquier gripe, será de alto riesgo», lamenta.

Detrás de esa sonrisa y sus deditos unidos que regalan corazones, Diego es un milagro para esta familia y un ejemplo de fuerza para abrazar la vida, que con la bendición de Dios y el acompañamiento de su familia superó cuatro intervenciones a su corta edad.
Nació y al confirmar el diagnóstico, antes de sus 15 días le hicieron el cierre del tubo neural (en la espalda), debido a la mielomeningocele que es la complicación grave de espina bífida, derivando en parálisis e hidrocefalia, porque el líquido cefalorraquídeo no recorría completo por la columna. «Estaban expuestos los nervios y todos los tejidos de la columna que deben cerrarlos al momento de nacer», lamenta.

A sus 21 días, la hidrocefalia exigió la válvula de presión mediana y afortunadamente no ha requerido sustitución. Luego a su primer año de vida, le practicaron una cirugía ambulatoria para evitar la inflamación en el escroto y no se había descendido un testículo, a causa de hidrocele y a los pocos meses le extirpan una hernia inguinal. Así le disminuyeron las infecciones urinarias, luego de un año que estuvo muy sometido a la administración de antibióticos.
Los riñones son los más afectados, por lo que a Diego le realizan una especie de cateterismo cada cuatro horas a diario para vaciarle la vejiga y así ayudar el funcionamiento con los intestinos. Un proceso manual realizado con sondas para disminuir las infecciones.
Diego desea caminar, correr, poder llegar a comer chocolates y les recomienda a los niños que luchen por sus sueños, sin limitaciones.

