La Asociación Cardiovascular Centro Occidental (Ascardio), es referencia nacional e internacional por su formación médica, por los avances científicos para realizar procedimientos de alta complejidad y por crear una red de alianzas estratégicas que le permiten atender la salud de más de 100 mil venezolanos anualmente.
Las bases de esta honorable institución, fundada el 25 de marzo de 1976 y que es pionera en desarrollar el Programa Cardiovascular en el estado Lara, nacieron de la astucia, inteligencia y visión del doctor Bartolomé Finizola Celli. Un barquisimetano ejemplar que está próximo a cumplir 80 años, pero que cuenta con una energía envidiable para el trabajo. Hablar de Ascardio es recorrer la historia de este médico visionario que ve oportunidades en medio de las adversidades.
Desde la entrada de la biblioteca de cardiología más grande de Venezuela, llamada “La Verdad”, ha decidido contar su historia al diario La Prensa de Lara.
Camina con un bastón, pero con gran lucidez revela que trabaja 11 horas al día de lunes a sábado. “No cualquiera le aguanta el ritmo”, confiesa. Y afirma que su éxito consiste en rodearse de un gran equipo de personas que están en su misma sintonía. Es decir, comparten un mismo propósito de vida: Brindar la mejor atención cardiológica, a la mayor población posible, a un costo bajo que sea soportable financieramente para la institución.

Ascardio es resiliencia y propósito compartido
Pocos centros de salud en Venezuela han logrado tener 50 años de trabajo continuo y de éxitos. Si bien existen hospitales centenarios, como el Hospital Vargas en la ciudad de Caracas, la salud pública en todo el país ha estado marcada en las últimas dos décadas por la fragilidad estructural y la falta de recursos que impiden una atención de calidad. Pero a diferencia de esta realidad, Ascardio, que no es una institución pública, sino una asociación civil sin fines de lucro, ha sabido crecer en medio de las adversidades, por ser una organización generosa que trabaja por el bien colectivo.
“Aquí se trabaja duro porque hay un propósito común, una mentalidad de equipo. Nosotros nos vinculamos con muchas universidades en Venezuela, como la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Tenemos vínculos con instituciones en el exterior, como la Universidad de Michigan en Estados Unidos. Y todo esto lo logramos porque nos mueve hacer el bien, y cuando uno hace el bien eso se devuelve. Por eso hemos crecido más durante las crisis, aunque resulte paradójico”, afirma.

Soñaba con tener un hospital
El doctor Bartolomé Finizola Celli, director médico de Ascardio, nació en pleno centro de Barquisimeto, en la calle 26 entre carreras 22 y 23, un 18 de abril de 1946. Es hijo de Concepción Celli y de Vicenzo Finizola, quien falleció cuando Bartolomé tenía apenas 10 años de edad. De ese matrimonio nacieron cuatro hermanos, dos médicos y dos odontólogas.
Reveló que su amor por la medicina fue incentivado por su madre y por querer seguir los pasos de su hermano mayor, el ilustre médico pediatra Francisco Finizola (1935-2018), fundador de la Clínica Razzeti en Barquisimeto y director-fundador del Hospital Pediátrico Agustín Zubillaga.
“Desde muy niño yo decía que quería ser médico y que quería hacer un hospital para los que pudieran pagar, pero también para los que no pudieran pagar…Esa fue una visión que yo he tenido durante toda la vida, porque el punto es que la salud es un derecho universal. Entonces, cualquier modelo que usted haga debe tratar de llegar a la totalidad de las personas. Nunca se llega a todos, pero se trata”, relató.
En 1964, Bartolomé Finizola inició sus estudios de medicina en la Escuela Luis Raze- tti de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Luego hizo sus pasantías en el Hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja Venezolana.
Con 24 años, en 1971, comenzó a ejercer la medicina ya con una inclinación por la especialidad de cardiología. Recién graduado fue designado director del Hospital Rafael Antonio Gil de Duaca, en el municipio Crespo, estado Lara, para hacer un Curso Medio de Salud Pública, capacitarse en medicina rural y aprender a dirigir un centro asistencial. Fue en esa época en que el sueño de Ascardio comenzó a germinar.
“En Duaca aprendí algunas lecciones muy importantes en gerencia, y una de esas fue que la gente es fundamental. La comunidad es clave”, precisó. Allí con apoyo de la ciudadanía (sacerdotes, ganaderos, agricultores y comerciantes), logró adquirir un electrocardiógrafo con el que pudieron instalar un pequeño servicio de cardiología.
Le llamaron la “Red Secundaria de Cardiología”, porque dependía del Departamento de Enfermedades Cardiovasculares del Ministerio de Sanidad. Para poder comprar el electrocardiógrafo se hicieron varias actividades sociales, con el fin de recaudar fondos.
La “Perla del Norte”, como se le conoce a Duaca, era considerada una ciudad satélite de Barquisimeto, de vocación agrícola por la producción de café y comercial que tenía unos 7.000 habitantes. “Era una población lo suficientemente pequeña para hacer un conjunto de relaciones de confianza con una buena parte de la sociedad”. Así se reseña en el libro Asociación Cardiovascular Centro-Occidental de Venezuela Ascardio (1970-2000), del doctor Federico Arteta, médico neumólogo y doctor en historia.
Con su ímpetu y vocación de servicio, Finizola Celli pudo ampliar el servicio de cardiología en Duaca, al punto que en 1973, entre las alianzas estratégicas alcanzadas con la UCLA, se incorporaron los estudiantes de medicina para hacer sus pasantías de medicina rural en ese centro de salud.

