The Walt Disney Company ha anunciado la creación de nuevas versiones de tres de sus secuencias musicales más reconocidas, adaptadas íntegramente a la lengua de signos. Este proyecto abarca los temas ‘Lo que hay que hacer’ de Frozen 2, ‘No se habla de Bruno’ de Encanto y ‘Más alla’ de la reciente Moana 2.
A diferencia de una traducción convencional, estas piezas han contado con una reestructuración completa de sus coreografías y letras para ajustarse al lenguaje visual.
La dirección del proyecto estuvo a cargo de Hyrum Osmond, veterano animador de la compañía con trayectoria en títulos como Zootopia y Tangled. Osmond lideró a un equipo de más de 20 especialistas que trabajaron sobre referencias de señas diseñadas específicamente para estas canciones.
El cineasta explicó que no se trató de una simple superposición: «En la mayoría de los casos, creamos animaciones completamente nuevas. Tuvimos que hacer muchos ajustes para que la animación fuera fiel a la intención original».


Colaboración estratégica y técnica de Disney
Para garantizar la precisión y el valor artístico de las piezas, Disney colaboró estrechamente con el Deaf West Theater. Su director artístico, DJ Kurs, junto a la coreógrafa especializada Catalene Sacchetti, se encargaron de rediseñar los movimientos. El enfoque de esta alianza no consistió en transcribir palabra por palabra, sino en centrar la expresión en los conceptos y las emociones subyacentes de cada composición musical.
Kurs destacó la relevancia de esta unión para la representación global, señalando que «las historias de Disney son el lenguaje universal de la infancia» y que llevar su idioma a dicho entorno representa «una oportunidad histórica para llegar a un público global». Esta integración permite que la narrativa visual de la animación se fusione con la naturaleza kinésica de la lengua de señas de forma orgánica.


Una motivación personal tras la pantalla
El compromiso de Hyrum Osmond con esta iniciativa tiene raíces personales, debido a que su padre es una persona sorda. El animador confesó que, durante su infancia, no aprendió la lengua de signos, lo que generó una brecha comunicativa en su entorno familiar.
Según sus palabras, esta lengua es «una de las formas de comunicación más hermosas del mundo» y su aplicación en el cine busca evitar que otros atraviesen barreras similares.
«Esta reinvención de los números musicales de Disney Animation ayuda a derribar barreras y nos permite conectar de una manera especial con nuestro público en la comunidad sorda», puntualizó Osmond. Con este lanzamiento, el estudio busca no solo ampliar su alcance, sino validar la lengua de signos como una herramienta narrativa poderosa dentro de la industria de la animación contemporánea.


