- Más de 4.000 protestas se han registrado en Venezuela en lo que va de 2026, tan sólo en el mes de agosto se registró un promedio de 22 protestas diarias, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS).
- La falta de electricidad constante está entre las principales causas de protestas, con cortes que en algunas zonas ya superan las 10 horas continuas.
La intensificación de las fallas en los servicios públicos no sólo acarrea complicaciones en la vida cotidiana del venezolano, sino que lleva consigo un desgaste emocional. Psicólogos advierten sobre un repunte de casos tratados en consulta como consecuencia de los prolongados cortes eléctricos y las fallas en el suministro de agua por tuberías, desencadenando problemas de insomnio, estrés y ansiedad.
Profesionales coinciden en que esto puede definirse como un “agotamiento”, considerando la cantidad de necesidades pendientes por resolverse de manera individual, más la carga familiar. La lista empieza desde las más básicas, como la higiene, alimentación, vestimenta y pasa a complicarse con las ocupaciones laborales, educación, entre otras, siendo más difíciles de cubrir sin electricidad o agua potable, causando una carga a nivel físico y psicológico.
Omar Quintero, licenciado en Psicología y maestrante en Gestión Pública y Seguridad Sanitaria por la Unesco, explica que las necesidades toman un orden esperado de prioridad, que en condiciones típicas esto las vuelve factibles de afrontar; sin embargo, al encarar los cortes eléctricos que son inesperados, las necesidades no son controlables, y la persona está constantemente pensando en que la electricidad puede faltar en cualquier momento.

“El venezolano no solamente está agotando sus recursos psicológicos en afrontar que el sueldo no rinde y necesita uno o dos trabajos para sustentar a sus familias, tienen que afrontar la crisis de transporte, la situación de vivienda y los cambios climáticos, ahora también tiene que hacer frente a la situación añadida de los servicios básicos, como la electricidad y el agua de los cuales depende. ¿Cuándo se prepara para poder descansar en todo ese momento de tensión?, por eso se está hipervigilante, estresado en algo que no puede resolver porque no depende de ti”, dijo Quintero en una entrevista para el Diario de Lara, La Prensa, enfatizando en la sobreexigencia diaria del ciudadano.
“La persona ya viene agotada constantemente de cubrir sus necesidades cotidianas y ahora se le sobreexige por la situación energética. Entonces, desarrolla un agotamiento y, por ende, unos problemas psicológicos que no estaban contemplados en su vida, como la ansiedad, el estrés, insomnio, entre otros trastornos desadaptativos como el mal humor, predisposición, porque justamente los recursos psicológicos están siendo priorizados en otras instancias”.
Ante este mar de pensamientos, la persona busca lo que se conoce como un mecanismo de afrontamiento para reducir la tensión, entre ellos, el psicólogo Daniel Durán, maestrante en terapia de la conducta, nombra a la manifestación ciudadana como una estrategia para canalizar la molestia y el estrés.
“Protestar te ayuda a dos cosas, a la autorregulación, canalizar el enojo y poder expresarse. Es sensorial, lo que también permite tener cierto control, ¿por qué?, porque no se puede tener el control de la electricidad, pero sí el control de alzar la voz, porque es válida la voz personal”, expresó Durán.

Otro de los mecanismos es la evasión, porque al revelarse en la protesta permite evadir la realidad tan cruel que es vivir en medio de la deficiencia de servicios públicos. Recordó que entre tantos cambios es normal que una persona sienta un desgaste. “El cambio a nivel mental o psicológico requiere mucha energía”, enfatizó.
Precisa que el estrés es la sensación de que las cualidades son insuficientes para afrontar los problemas del día y eso genera ansiedad, porque la persona desconfía de su capacidad. Recomienda que a pesar de lo difícil que pueda ser, una de las mejores acciones desde el punto de vista psicológico es priorizar el descanso.
Coincidiendo con el psicólogo, Omar Quintero, quien dice que se deben marcar límites claros priorizando el bienestar, el descanso y la regulación emocional.
¿Una tortura?
María Alejandra Díaz, abogada y docente, explica que en el caso de los “apagones”, cuando dejan de ser incidentes aislados y se convierten en una constante durante meses o años, dejan de ser únicamente un problema técnico. Sus consecuencias alcanzan la salud, la estabilidad emocional, la economía familiar y la dignidad humana.
“Cuando nadie sabe cuándo podrá cocinar, descansar o comunicarse, planificar el futuro se vuelve casi imposible”, dice en un video publicado en sus redes sociales.
Reflexiona sobre frases dichas por ciudadanos como: “Los apagones también son una forma de tortura, de control social, de violencia estructural”, señalando que aunque jurídicamente, no toda interrupción eléctrica constituye tortura, cuando la privación es deliberda, prolongada y produce sufrimientos graves, o expone a la población a condiciones incompatibles con su dignidad, pueden surgir responsabilidades por tortura o por tratos crueles.
Repunte de protestas por fallas en sevicios
Más de 4.000 protestas se han registrado en Venezuela en lo que va de 2026, tan sólo en el mes de agosto se registró un promedio de 22 protestas diarias, según datos publicados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS). La falta de electricidad constante está entre las principales causas, con cortes que en algunas zonas ya superan las 10 horas continuas.

La cifra es 39% superior a todas las manifestaciones que se registraron durante el año 2025, cuando se documentaron 160 protestas. Pero en comparación con agosto del año pasado, el incremento fue de más de 200%, según el observatorio.
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