- Entre los principales problemas que enfrentan las comunidades de Quíbor, municipio Jiménez, además de la insalubridad del cauce del río pequeño y deterioro del puente metálico, que urge ser reconstruido.
El asfalto está quedando sólo en las calles principales, porque ha ido desapareciendo de las transversales y más aún en aquellas más cercanas a la quebrada que comunica a las comunidades Reinaldo Martínez y Getsemaní, con alrededor de 200 familias de estos sectores de la parroquia coronel Mariano Peraza del municipio Jiménez, al este de Quíbor. Es uno de los principales problemas que enfrentan, además de la insalubridad del cauce del río pequeño y deterioro del puente metálico, que urge ser reconstruido, para la calidad de vida de los habitantes.
El cronista, Harry Lozada, explica que se trata de comunidades populosas en esta parroquia que rinde honor al militar Peraza, cuyos habitantes se mantienen en pie de lucha negados a resignarse al abandono que ha causado estragos y afecta con más intensidad a aquellas familias en pobreza extrema, que construyeron sus viviendas con adobe o bahareque.

«El asfalto se fue perdiendo y el deterioro en la vialidad es tan inminente, que prácticamente se limita a las calles principales», precisa Lozada, comentando que se trata de comunidades que van creciendo y demandan servicios públicos, en especial electricidad y agua. La comunidad más antigua de la parroquia es la Reinaldo Martínez y luego surgió Getsemaní, dividida en sectores I y II.
Cuando se dejan atrás las calles principales y se adentra en las transversales, lo más evidente es la quebrada, esa que divide a estas dos comunidades. Allí, algunos vecinos optan por amarrar vacas, cabras y hasta un burro, aprovechando lo alto de la maleza que crece rápido durante el período de lluvia.
«Nosotros nos la pasamos vigilando a los vecinos de otros sectores que vienen a echar la basura en la quebrada. Eso le reduce la capacidad del cauce y cuando crece, suele desbordarse, siendo una bomba de tiempo para las familias que viven en sus orillas», expresa José Viera, quien confiesa que se mantienen atentos para gritar a quienes pretenden lanzar los desechos, pero últimamente lo hacen de noche o durante la madrugada, a fin de no ser vistos.
Vecinos temen desborde de cloacas
Roselis Boada también se molesta porque temen que vuelva el desborde de cloacas en la quebrada, el agua negra permanecía en el lecho del pequeño río, la fetidez les dificultaba respirar y se formó un criadero de plagas, dejándolos a riesgo de contraer dengue.

Otro problema es que están a punto de quedar incomunicados, porque el puente metálico está tan corroído por el óxido que se han ido desprendiendo varios escalones, lo que obliga a los vecinos a tener que saltar. Cuando terminan de subir, el piso también está tornándose como un «colador» con tantos orificios, que aunque diminutos, se van uniendo y termina ocasionando un gran hueco.
«Ya estamos a punto de que las motos no puedan transitar por el puente, porque corren el peligro de un accidente», exclama Viera, recordando que la comunidad, en varias oportunidades, se han organizado y han soldado trozos de hierro, así como una placa de cemento para que no se terminara de hundir.
Lamentan que los problemas se están escapando de sus manos, urge la recuperación del puente, por lo que necesitan del apoyo gubernamental.
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