- La actividad de este año ha tenido un epicentro común: el Cinturón de Fuego del Pacífico. De los 11 eventos más significativos registrados, 7 ocurrieron en esta zona de subducción.
El calendario de 2026 quedará marcado en los libros de historia no por la calma, sino por la violencia de sus placas tectónicas. En lo que va del año, el mundo ha sido testigo de una actividad sísmica inusual que ha desafiado las estadísticas: exactamente 11 terremotos han superado la barrera de la magnitud 7,0 Mw, concentrando una liberación de energía que supera la de años completos recientes.
Empecemos analizando el terremoto de Colombia. Eran las 7:34 de la mañana del 10 de agosto cuando el suelo colombiano recordó su fragilidad. Un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sacudió el país con una fuerza que no se sentía en una década. Aunque el sismo ocurrió a una profundidad de 107 a 110 kilómetros, su potencia fue suficiente para derribar edificios en Cali, destruir una torre de la catedral de Manizales y dejar el aeropuerto Matecaña de Pereira en ruinas.

El balance es desolador: más de 294 fallecidos y 3.935 heridos. La furia del temblor no solo afectó viviendas; 18 centros de salud y 50 instituciones educativas sufrieron daños, mientras que el volcán Puracé reaccionó a la sacudida emitiendo nubes de ceniza. Colombia hoy se encuentra en estado de emergencia, recibiendo equipos de rescate internacionales y ayuda humanitaria.
Pero este no es el evento de mayor tragedia que ha sucedido en este 2026. Si bien el sismo de Colombia fue masivo, la tragedia más mortífera de este año ocurrió semanas antes en Venezuela. El 24 de junio, la región capital y parte de la región central del país sufrieron una secuencia sísmica aterradora: dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 con apenas 39 segundos de diferencia.
A diferencia de los sismos profundos de Asia, este segundo evento se originó a tan solo 10 kilómetros de profundidad, cerca de Catia La Mar. Esa escasa distancia de la superficie fue el factor determinante para que el 80% de La Guaira colapsara. Los números son difíciles de procesar: más de 6.300 muertos, casi 61.000 heridos atendidos en hospitales y más de 41.000 edificaciones dañadas. Este fenómeno ha sido calificado como el terremoto más fuerte que ha golpeado a Venezuela en los últimos 125 años.
El Cinturón de Fuego
La actividad de este año ha tenido un epicentro común: el Cinturón de Fuego del Pacífico. De los 11 eventos más significativos registrados, 7 ocurrieron en esta zona de subducción. Para efectos de este reportaje, el equipo periodístico de LA PRENSA clasificó estos eventos no de forma cronológica, sino de acuerdo con el impacto que tuvo en sus respectivos países.
Filipinas (7 de junio): Un sismo de 7,8 Mw en Mindanao inauguró la temporada de grandes desastres, provocando olas de tsunami de un metro y dejando un saldo de 107 víctimas mortales tras intensos deslizamientos de tierra.

En Japón las réplicas son interminables. El 20 de abril, las costas de Miyako sintieron un golpe de 7,4 Mw. Aunque inicialmente los daños fueron leves, un evento posterior de 6,1 Mw el 28 de junio en Hachinohe provocó el colapso de un centro comercial y dejó 38 fallecidos tras registrarse más de 250 réplicas.
En México (17 de julio), un temblor de 7,3 Mw frente a Chiapas generó pánico en Centroamérica, causando daños estructurales severos en Puerto Madero (Puerto Chiapas), aunque afortunadamente no se reportaron víctimas fatales por este evento al sur de México.
Otros gigantes de 7,0+ ocurrieron en Tonga (7,5 Mw), Vanuatu (7,3 Mw) y Malasia (7,1 Mw). Sin embargo, debido a sus profundidades extremas, algunos a más de 600 kilómetros bajo la corteza, pasaron como simples anécdotas en los sismógrafos sin cobrar vidas humanas.
La pregunta que sismólogos y ciudadanos se hacen es si 2026 es un año “fuera de lo común”. Los datos sugieren que sí. En un periodo de apenas 48 días, entre junio y agosto, se registraron cuatro terremotos de magnitud superior a 7,0. Estadísticamente, el planeta promedia 1,25 sismos de este rango al mes; en 2026, la tasa se ha duplicado.
Los expertos aclaran que, aunque México y Colombia comparten la zona de subducción de la placa de Nazca, no hay pruebas de una conexión causal directa entre los eventos de países del continente. La Tierra simplemente está siguiendo su dinámica interna, pero este año ha decidido hacerlo en lugares densamente poblados y a profundidades que no perdonan.
Con más de 346.000 toneladas de escombros aún por remover solo en Venezuela y miles de personas buscando a sus seres queridos en los valles de Colombia, el 2026 ya se perfila como el año que obligó al mundo a repensar su convivencia con un planeta que nunca deja de moverse.

Aunque los grandes terremotos de magnitud 7,0 Mw han dominado los titulares en 2026, una serie de eventos de magnitud 5 y 6 han demostrado que no se necesita alcanzar los niveles más altos de la escala para causar estragos significativos, especialmente cuando ocurren cerca de zonas pobladas.
A Continuación, presentamos una crónica detallada centrada en estos sismos de magnitud intermedia que han marcado la geografía en este 2026:
Japón ha sido uno de los países más afectados por esta categoría de sismos. El 24 de junio, pocos minutos después de la tragedia en Venezuela, la costa norte japonesa registró un temblor de magnitud preliminar 6,9. Aunque se originó a 50 kilómetros de profundidad y se sintió con fuerza en Tokio, solo dejó algunos heridos sin daños estructurales mayores. No obstante, la situación fue distinta el 28 de junio frente a las costas de Iwate. Un sismo de magnitud 6,1 golpeó la ciudad de Hachinohe con una intensidad de nivel 5 en la escala japonesa. Este evento provocó el colapso de un centro comercial, activó una alerta de tsunami y fue seguido por al menos 259 réplicas, dejando un saldo trágico de 38 personas fallecidas.
Por otro lado, en el sudeste asiático, Indonesia registró un sismo de magnitud 6,7 debido a fallas activas en el complejo sistema de placas de Sulawes. En la misma región se documentó otro evento significativo en la falla de Hinagu, en el extremo occidental del Cinturón de Fuego, con una magnitud de 6,8. Asimismo, en México, tras el gran terremoto del 17 de julio en Chiapas, se reportaron potentes réplicas de magnitud 6,4 que mantuvieron en vilo a la población.

Los sismos de magnitud 5 han sido igualmente letales en regiones con infraestructuras vulnerables. El caso más destacado es el de Perú, donde el 18 de julio la región de Chupaca, en Junín, fue sacudida por un temblor de magnitud 5,1 seguido 17 minutos después por una réplica de 3,7.
A pesar de su magnitud moderada, el balance fue de seis muertos, 30 heridos y diversas afectaciones estructurales Otros registros en el país incluyen eventos de 5,5 y 5,3 Mw asociados a la subducción de la placa de Nazca.
En Norteamérica, el 24 de junio fue un día de actividad global frenética. Antes de los grandes sismos en Venezuela, California registró un temblor de magnitud 5,6 a las 8:10 a.m. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) emitió una alerta amarilla, y aunque el cómputo final indicó “daños leves” como desprendimiento de yeso y desplazamiento de muebles pesados, el miedo fue generalizado en la colectividad. Este evento se atribuyó a zonas de fallas transformantes o complejos volcánicos.

Terremotos de magnitud 5
La lista de sismos significativos de magnitud 5 en 2026 incluye a Papúa Nueva Guinea: Un evento de magnitud 5,5 en la zona de colisión de la placa Australiana, Italia: En Nápoles, un sismo de magnitud 4,7 (cercano al rango de 5) el 31 de julio causó daños estructurales de importancia y dejó 21 personas heridas, es España de 5mw, ocurrido el 15 de agosto.
Finalmente, otro de los grandes terremotos en el mundo ocurrió este 12 de agosto en El Salvador. Uno de los países que más solidaridad ha mostrado con el mundo por los desastres naturales de los últimos días, fue sacudido por un terremoto de magnitud 5.7 y con una profundidad de 57 km.
Las primeras exploraciones sobre este evento indican que el temblor se sintió en todo el territorio nacional pero no hubo muertos relacionados con el sismo. De hecho, datos oficiales confirman que, la última vez que se registraron pérdidas de vidas por un terremoto fue en 2001 cuando se produjeron dos sismos, uno de 7.7 y el otro de magnitud 6.6.
En estos terremotos murieron unas 1.200 personas. Aunque en El Salvador el movimiento sismico es relativamente frecuente, las autoridades explican que, por lo general, los movimientos ocurren a gran profundidad por lo que se podrían considerar normal que estos movimientos pasen desaparcibidos.

Estos datos subrayan que la peligrosidad de un terremoto no depende únicamente de su magnitud, sino de la combinación de su profundidad, la geología local y la preparación de las ciudades.
El mapa sísmico de este año deja al descubierto una realidad incómoda: la magnitud que marca un sismógrafo es apenas una cifra abstracta hasta que choca con la realidad del suelo que habitamos. Mientras que eventos de 7,5 en Tonga o Vanuatu se diluyeron a cientos de kilómetros bajo la litosfera sin romper un solo cristal, sacudidas técnicamente “menores” de 5,1 en los Andes peruanos destruyeron hogares enteros.
Al final, el epicentro no es solo una coordenada geográfica; es también una variable social. La vulnerabilidad de los materiales de construcción, la densidad poblacional y el nivel de respuesta institucional terminan pesando tanto o más que la cantidad de energía liberada en la falla.
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