- La Fundación Amigos del Paciente Renal alertó que más de 50 pacientes en Lara sufren por la escasez e inconstancia en la dotación de catéteres.
- Esto los obliga a asumir costos privados de 80 dólares que ponen en peligro su continuidad terapéutica.
Un grupo de pacientes renales manifestó su preocupación ante los retrasos en la colocación gratuita de catéteres para hemodiálisis. La situación es aún más crítica para quienes no disponen de recursos económicos para cubrir este gasto extra, el cual promedia los $80, lo que eleva el riesgo de complicaciones en su salud. Así lo confirmó Héctor Colmenárez, presidente de la Fundación Amigos del Paciente Renal en Lara (Fundaprel), quien lamentó que estos casos se estén repitiendo en varias unidades de diálisis de la entidad.
Explica que este problema se presenta desde inicios de este año 2026, pero que durante los últimos tres meses la situación ha sido más angustiante, ante lo inconstante de la dotación por parte del IVSS.
Conocen poco más de 50 casos que están expuestos a la interrupción del tratamiento de sesiones interdiarias de diálisis. «Un paciente que depende del riñón artificial no puede prescindir de este procedimiento para asegurar la liberación de toxinas y controlar su insuficiencia renal», señala ante la preocupación de un gasto adicional, cuando necesitan de la disponibilidad de dinero para su tratamiento farmacológico y para cumplir determinada dieta.
Este es el drama al que se exponen los pacientes cuando se les daña la fístula. Aunque este tipo de acceso está diseñado para ser definitivo —o durar al menos un año—, cuando es de mala calidad apenas soporta entre dos y tres meses de uso.

Tiene consecuencias para el organismo de los pacientes
Cita entre las principales consecuencias para el organismo, es que el paciente puede desarrollar un proceso inflamatorio, al interrumpir la continuidad de filtrar las toxinas varias veces a la semana.
Además de que son pacientes que no deberían exponerse al desarrollo de infecciones, con cuadros que pueden empezar por el enrojecimiento de la piel, acompañado con dolor constante y con la posibilidad de secreción, al punto de empezar a presentar fiebre.
Ese malestar inicial puede ser sólo el comienzo de una infección bacteriana, cuando esta ingresa al torrente sanguíneo. Llega a un punto en que los escalofríos y el decaimiento general se vuelven insoportables, provocando una descompensación severa. Esta crisis suele ser mucho más intensa que la debilidad física que causa la diálisis, un tratamiento al que los pacientes difícilmente se acostumbran, a pesar de depender de este riñón artificial durante años.
Colmenárez dijo que los pacientes renales sólo exigen el derecho a la calidad de vida.
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