A pesar de los niveles de pobreza, las familias deben identificar oportunidades y fomentar la superación de adversidades como misión esencial, para impulsar el desarrollo infantil. Se trata de un reto exigente, pues las marcadas desigualdades socioeconómicas vulneran a los hijos. Ante esto, los padres deben actuar como motores de motivación que inviten a superar la resignación, aunque para ello requieren de una red de apoyo —tanto estatal como privada— que respalde y garantice la calidad de vida.
Este Día Internacional de la Familia llama a reflexionar sobre el lema «Familias, desigualdades y bienestar infantil», de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Mientras la realidad venezolana es reflejada en 55% de pobreza multidimensional, con limitaciones en los derechos básicos como salud, educación, vivienda y servicios públicos, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Carla Serrano, socióloga e investigadora de los derechos de niños, niñas y adolescentes, afirma que la estratificación socioeconómica, principalmente influye en la seguridad alimentaria, problemas cognitivos y otras limitaciones para el desarrollo integral del niño.
Tal situación también es resaltada por José Ramón Quero, de la asociación Convite, al expresar que no todos los niños tienen las mismas condiciones para cubrir las necesidades básicas. «Esas deficiencias en alimentación, salud y educación dejan bajo rendimiento académico y generalmente, se exponen a un entorno violento, tanto intrafamiliar como del ambiente», sentenció.
La pobreza puede ser circunstancial
Los hijos deben entender que las dificultades son circunstanciales, por lo que Serrano sugiere ser realista, aceptar que se puede vivir con escasez o dificultad, pero sin resignación. «La pobreza no es una condena al fracaso y se puede trabajar por mejorar más adelante», señala recomendando que los padres deben cuidar el habla, modelar la capacidad de resiliencia. «No hay un túnel sin salida, porque tenemos un futuro por construir y siempre pensando en una salida a las adversidades», señala de un lenguaje responsable.
Otro aspecto importante es que a pesar de los niveles de pobreza, se debe celebrar los esfuerzos y que los hijos aprendan a valorar el proceso, a saber que se puede buscar ayuda cuando sea necesario y que hay que insistir. «La vida no se reduce a posesiones (materiales), sino a estímulos y motivación», recalca Serrano, quien llama a evitar las frustraciones, buscando ayuda.

Las rutinas deben incluir la motivación al logro, hasta en el hogar más humilde, compartiendo tiempo con los hijos, escribiendo sus avances más sencillos, como un ejercicio que va fijando la mentalidad de un niño que valora los logros, sintiéndose seguro con sus padres a su lado. En las conversaciones se debe incluir la memoria familiar, al contarles historias de superación, con familiares, allegados o vecinos que sirven de referencia de constancia y superación. Los errores o fracasos, que sean concebidos como aprendizaje.
«Alcanzar la superación con honestidad será la mejor manera de seguir adelante», precisa Quero de la formación con valores, provenientes de la familia.
Los padres tienen la capacidad de educar, con principios de calidad, según el sociólogo Dioni Salas. Afirma que las niñas son las más vulnerables, producto de la violencia intrafamiliar, como resultado de familias disfuncionales y de una sociedad violenta. Además, cuestiona los casos de varones que salen a trabajar en las calles, como consecuencia del abandono de la protección de sus padres.
«La familia no puede perder el modelo de autoridad, estando tan fracturada que tienen más poder los medios de comunicación o redes sociales», advierte Salas acerca del abuso en el uso de pantallas electrónicas y con el peligro de que los padres pierdan el poder ante el «influencer».
Existe un vacío en el tema de la familia, sin los debidos estudios que permitan conocer las características por regiones. Serrano cuestiona las pocas investigaciones que se hacen, y la falta de recursos para cubrir este vacío y dice que las iniciativas sueltas no tienen un impacto, por las dimensiones del problema en el país.
Conoce de alternativas de comedores comunitarios que quedaron sin capacidad y la falta de programas de becas, como ayuda realmente significativa. «Me encantaría decir que tenemos programas de reunificación familiar, sabiendo de las cifras de personas repatriadas que llegan en vuelos y no hay conocimiento si hay un acompañamiento técnico, del sistema de protección de niños y cómo se reinsertan al sistema escolar», resalta entre tantas interrogantes.

