La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una «emergencia de salud pública de importancia internacional» frente al reciente brote de ébola detectado en la República Democrática del Congo y Uganda. Esta medida representa el segundo nivel de alerta sanitaria más alto a nivel global, según el actual Reglamento Sanitario Internacional.
A través de un comunicado oficial emitido en Ginebra, la entidad aclaró que, si bien la situación exige atención mundial inmediata, el brote causado por el virus de Bundibugyo «no cumple con los criterios» para ser catalogado como una pandemia.
El principal obstáculo de este decimoséptimo brote registrado en el Congo radica en la naturaleza específica del virus. A diferencia de las epidemias causadas por la cepa Zaire, contra la cual ya existen vacunas y terapias efectivas, esta variante no cuenta con medidas profilácticas.
El ministro de Salud congoleño, Samuel-Roger Kamba, fue categórico al advertir que «la cepa Bundibugyo no tiene vacuna y no tiene tratamiento específico». El ébola genera una fiebre hemorrágica altamente contagiosa tras un período de incubación que puede durar hasta 21 días.

Reportes de la OMS sobre el Ébola
Hasta mediados de mayo, la OMS reportó en la provincia de Ituri ocho casos confirmados, 246 sospechosos y 80 posibles decesos, sumado a contagios aislados en Kinshasa y en viajeros en Uganda. Paralelamente, la agencia sanitaria de la Unión Africana estima cifras aún mayores: 336 casos sospechosos y 88 muertes.
Lamentablemente, el constante movimiento minero y la violencia armada en la región de Ituri dificultan el acceso de los equipos médicos, limitando drásticamente el análisis de muestras de laboratorio.
«Desde hace dos semanas vemos morir a la gente», declaró Isaac Nyakulinda, representante de la sociedad civil de la ciudad de Rwampara, añadiendo que «no hay ningún lugar para aislar a los enfermos. Mueren en sus casas y sus cuerpos son manipulados por los miembros de sus familias».
Históricamente, el virus ha causado más de 15.000 muertes en África en 50 años. El Congo ya había padecido un brote reciente entre agosto y diciembre de 2025 que dejó 34 fallecidos, recordando los trágicos estragos de la epidemia de 2018 que cobró la vida de casi 2.300 personas.

