El secuestro virtual abre paso en Venezuela a una nueva amenaza en el entorno digital, una modalidad que no requiere armas ni cautiverio, pero que logra el mismo objetivo, dinero bajo presión.
A diferencia del secuestro tradicional, esta modalidad se ejecuta a través de llamadas telefónicas y plataformas digitales. Los delincuentes simulan situaciones de peligro para generar miedo en la víctima o sus familiares, logrando que actúen bajo presión sin verificar la información.
En medio de este aumento de casos, Douglas Rico, director del Cicpc a nivel nacional y el Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas), han advertido sobre esta práctica, señalando que se trata de una modalidad de extorsión que se apoya en el uso de datos obtenidos en redes sociales y en la manipulación emocional, para lograr transferencias de dinero en cuestión de minutos.
Luis Izquiel, abogado y profesor de criminología, resaltó que este tipo de delito no es nuevo y se han registrado en otros países latinoamericanos, pero comienza a tomar fuerza en el país como una evolución del secuestro tradicional.

«Es una modalidad menos riesgosa y más rentable para el delincuente. En estos secuestros virtuales, los criminales nunca capturan a la víctima, sino que engañan a sus familiares y tratan de cobrar un rescate», indicó Izquiel.
El también experto en seguridad ciudadana, explicó que en muchos casos utilizan información obtenida en redes sociales o aprovechan cuando la víctima no tiene comunicación con otras personas para pedir auxilio, para hacer más sólido el engaño.
Los hampones operan bajo un esquema planificado, seleccionan a personas que ofrecen artículos en Marketplace (plataforma de Facebook) y muestran interés en ellos, logran concretar la entrega en puntos aislados o zonas con poca afluencia, para vigilar a las víctimas sin ser detectados.
La dinámica es precisa, luego de aislar a la víctima realizan una llamada de un número internacional y bajo amenazas de muerte y coacción psicológica, obligan a la víctima a permanecer en línea mientras obtienen datos de sus familiares bajo engaño.
Según el comisario Rico, mientras los amenazan contactan a los familiares para simular un «secuestro exprés» y les exigen pagos urgentes a través de cuentas internacionales o nacionales.
Secuestro virtual en crecimiento
La aparición del secuestro virtual se da en medio del crecimiento de otros delitos digitales, como el hackeo de cuentas de WhatsApp, estafas a través de redes sociales, suplantación de identidad y fraudes en plataformas de compra y venta.
En este escenario, el secuestro virtual destaca por su capacidad de combinar información personal, contacto inmediato y manipulación psicológica.
Un caso reciente en Lara evidencia cómo esta modalidad se traslada del entorno digital al contacto controlado con la víctima. En marzo, la extorsión contra trabajadores de una ambulancia encendió las alarmas, lo que llevó a funcionarios del GAES, adscritos al Conas, a iniciar las investigaciones.

El hecho ocurrió el 22 de marzo, los trabajadores fueron amenazados de muerte si no entregaban una suma de dinero en divisas a través de transferencias. En medio de esas amenazas, el copiloto asustado salió corriendo y buscó ayuda, denunciando el supuesto secuestro.
Una fuente ligada a las investigaciones contó al Diario de Lara, LA PRENSA, que este caso ocurrió al igual que otros, los delincuentes seleccionaron a la víctima y solicitaron un «servicio» de un traslado hacia el municipio Palavecino.
La fuente detalló que primero los delincuentes llamaron de un número nacional y les pidieron que fueran hasta una zona ubicada en el asentamiento campesino La Mata, en Palavecino.
Cuando iban llegando al punto de encuentro, los delincuentes les indicaron que debían detenerse y que los estaban vigilando. En cuestión de segundos recibieron una nueva llamada, pero esta vez de un número internacional, de alguien que hablaba con acento colombiano.
Los delincuentes comenzaron a exigirles dinero a cambio de no «hacerles nada». Las amenazas fueron a través de llamadas.
Luego de conocer todo el caso, los funcionarios detectaron que este sería un nuevo modus operandi hacia los prestadores de servicio.
Este delito no sólo se ha detectado en Lara, fuentes policiales indicaron que en Táchira, Aragua y Caracas también se han registrado. Hasta ahora, sólo hay dos personas detenidas que prestaban sus cuentas bancarias para recibir las sumas de dinero.
Controlan la mente
Funcionarios de seguridad y especialistas destacaron que el verdadero control no está en la llamada, sino en la mente de la víctima y es así como los delincuentes se preparan para ejercer presión psicológica y que caigan en sus redes.
La psicóloga, Bárbara Cerón, explica que, ante una amenaza de este tipo, el cerebro activa mecanismos automáticos de defensa. El miedo libera cortisol, coloca a la persona en estado de alerta y reduce su capacidad de análisis.
Para Cerón, el miedo puede hacer que alguien actúe sin verificar la información y esto puede nublar el estado de conciencia, produciendo así respuestas poco estructuradas y se vuelven impulsivas. Es decir, no se trata de inteligencia, sino de una reacción biológica que el cuerpo prioriza antes de razonar.

Ese mismo proceso lo detalló la psicóloga, Sugehy Arambarrio, y agregó que muchas veces los delincuentes dan un corto tiempo para que la víctima haga lo que están exigiendo y eso impide que el sistema nervioso se autorregule y hace difícil tomar una decisión.
«El miedo intenso activa una respuesta de huida; es decir, hay una distorsión cognitiva y muchas veces escuchas ruidos o llantos y entras en pánico», comentó Arambarrio.
Arambarrio explicó que el pánico y los pensamientos catastróficos pueden convencer a la persona que de verdad es algo malo lo que le está ocurriendo al familiar.
Los delincuentes conocen ese mecanismo y lo explotan. No permiten que la víctima cuelgue, la saturan con amenazas y «el tiempo limitado impide que el sistema nervioso se autorregule», dijo Arambarrio.
Para las autoridades, los criminales migran hacia espacios digitales porque el riesgo es menor y la «ganancia» puede ser inmediata. En el secuestro virtual no hay contacto físico ni rostro del perpetrador.
Secuelas después de una llamada extorsiva
El secuestro virtual no deja heridas visibles. No hay golpes, no hay encierro, no hay rastros físicos del delito. Sin embargo, especialistas advirtieron que sus efectos pueden ser igual a los de un secuestro real.
La psicóloga, Sugehy Arambarrio, explicó que, tras este tipo de experiencias, el cerebro puede quedar en un estado de alerta permanente. «El estrés postraumático, la hipervigilancia y la ansiedad pueden aparecer después de una situación así», dijo.

La persona, que ha vivido este momento, comienza a sentir que algo malo puede ocurrir en cualquier momento, incluso cuando ya todo pasó.
También dijo que aparece la culpa y es que muchas víctimas se cuestionan por qué creyeron en la llamada, por qué reaccionaron así, o por qué no lo detectaron a tiempo. Esa autocrítica afecta la autoestima.

