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domingo, 15 febrero 2026
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Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar «Cometa»

La mesonera, que tenía 32 años y trabajaba en un bar en Yaracuy, salió con un cliente y no regresó en un crimen que estremeció a la comunidad en la década de los noventa.

María Elisa Pinto tenía 32 años de edad y una rutina nocturna marcada por el cansancio y la necesidad. Era mesonera en el bar «Cometa», uno de los locales nocturnos más famosos de Chivacoa, estado Yaracuy. La noche del 17 de enero de 1990 salió con un cliente y no regresó.

La joven complementaba sus ingresos ejerciendo el trabajo sexual. Esa noche, decidió salir con un cliente que frecuentaba el bar, se montaron en un Jeep y salieron, aunque creyeron que nadie los vio, una compañera sí se percató y sólo pensó que iba a trabajar.

El hombre llevó a María Elisa hasta la casa de su amigo, a quien había llamado previamente para pedirle prestada la vivienda. Los dos ingresaron a la casa, donde en intimidad pasaron la noche y parte de la madrugada.

Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar "Cometa"

Poco antes del amanecer, el hombre del Jeep, para pagar al amigo por haberle prestado la casa, lo citó y él llegó. Justo en ese momento logró que la dama estuviera con su amigo y dos hombres más, ella accedió porque era parte de su trabajo.

Las horas pasaron y ya el sol se asomaba por la ventana, la joven decidió arreglarse para irse a su casa para descansar, porque en la noche continuaba su trabajo en el bar «Cometa».

Los cuatro hombres permanecían en la vivienda, estaban en la sala conversando, mientras que María Elisa se terminaba de vestir.

Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar "Cometa"

Cuatro hombres contra una mesera

María Elisa volvió a hacer lo que siempre hacía, exigir el pago por su trabajo y más que se trataba de cuatro personas, pero dos de ellos ya se habían ido. Sólo quedaba el hombre del Jeep y el dueño de la casa, esta vez, ninguno quiso responder.

La discusión comenzó de inmediato, ella le exigía al par de hombres su pago, pero ellos se negaban. Ella agarró su cartera y sacó una filosa navaja para amenazarlos, pero esto fue suficiente para que la violencia se desatara.

Los hombres se le fueron encima a María Elisa y comenzaron a golpearla, la sometieron y le arrancaron el cinturón que llevaba puesto, con eso intentaron estrangularla.

La dama estaba muy débil no se podía mover, los hombres ya no sabían qué hacer con ella. Uno de ellos sacó un arma y sin que le temblara el pulso disparó directo a la cabeza.

Tras cometer el crimen, los hombres no sabían qué hacer con la víctima. Uno decidió envolver el cuerpo con una sábana y el otro lo ayudó. Entre los dos cargaron el cadáver y lo montaron en el Jeep y se fueron hasta el caserío Tartagal (Yaracuy).

Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar "Cometa"

Para despistar

Una vez estando en el caserío, justo en una calle solitaria, decidieron lanzar el cuerpo y rociar gasolina sobre este, en segundos le prendieron fuego.

Lo que querían los dos hombres era borrar todo tipo de evidencias y evadir las responsabilidades. Creían haber cometido el crimen perfecto.

Al regresar a la casa limpiaron y dejaron todo «intacto» como si nada hubiese pasado. Al principio creyeron que nadie los podía descubrir.

Pero en el «Cometa» se hablaba de María Elisa. ¿Dónde está?, ¿por qué no ha llegado? era algunas de las interrogantes que tenían las compañeras de la joven.

Aunque algunos trabajadores del bar no la vieron salir, hubo una testigo y quien inmediatamente dijo que ella había salido con un cliente esa noche.

Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar "Cometa"

La compañera de la joven temía por su vida, porque ella era una persona que no faltaba a su lugar de trabajo.

Fue a las 72 horas que pudieron dar aviso a las autoridades policiales sobre la desaparición de María Elisa. Los funcionarios de la Policía Técnica Judicial (PTJ) iniciaron las investigaciones, interrogaron a todo su círculo cercano, los que visitaban con frecuencia el bar y hasta dieron aviso a policías de Barquisimeto para que estuvieran al tanto por si había pistas en tierras larenses.

Conectan puntos

El 24 de enero, el hallazgo de un cuerpo carbonizado estremeció a Yaracuy y dejó al descubierto no sólo el asesinato, sino la saña con la que se cometió.

Los funcionarios, al llegar al sitio, sospecharon que se podría tratar de la dama reportada como desaparecida.

Aunque su ropa estaba en parte consumida por las llamas, la prenda de vestir fue reconocida por otras mesoneras, compañeras de trabajo.

El jefe de la región centroccidental de la PTJ dirigió las investigaciones y una de las piezas claves era la testigo que vio a la víctima salir con el cliente que frecuentaba el bar.

Fue así como fueron atando cabos para determinar quien era el hombre y quienes eran sus cómplices.

Zona del Crimen: La última noche de la mesonera del bar "Cometa"

El cuerpo de la víctima fue sometido a estudios y aunque hubo sospechas de que el tiro que recibió la dama se lo pudieron haber dado minutos antes de quemar su cuerpo, la prueba de luminol, técnica forense utilizada para detectar rastros de sangre invisibles o limpiados en escenas del crimen, reveló que fue dentro de la vivienda donde le dispararon.

Capturados

No fue sino hasta el 01 de febrero que la PTJ, actualmente Cicpc, dio como resuelto el caso. Identificó a los dos hombres, uno de 19 años de edad, quien era el conductor del Jeep y quien contrata los servicios, mientras que el otro tenía 26 años y era el dueño de la casa donde se cometió el hecho sangriento.

Los homicidas, quienes no pagaron por satisfacer sus deseos sexuales, tuvieron que pagar con cárcel por haber matado a la chica del «Cometa».

Los dos hombres fueron sentenciados por el homicidio y se cree que quedaron en libertad al cumplir la mitad de la pena.

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