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sábado, 22 agosto 2026
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Venezolanos desplazan recreación y descanso por buscar ingresos

El deterioro del poder adquisitivo obliga a venezolanos a renunciar al descanso, generando severas secuelas físicas y emocionales.

  • Especialistas en sociología y psicología advierten que la imposibilidad de disfrutar de vacaciones en Venezuela deriva en desgaste físico, frustración y trastornos del sueño.
  • La necesidad de los venezolanos de obtener ingresos continuos afecta tanto a la fuerza laboral como a la población estudiantil.

Las limitadas condiciones económicas que atraviesa Venezuela sólo dejan nostalgia de las vacaciones que se podían planificar, incluso hacia destinos turísticos para disfrutar durante varios días compartiendo con la familia. Psicólogos y sociólogos coinciden en que a partir del año 2012, el concepto de recreación y descanso se desvirtuó por el bajo poder adquisitivo, al punto que estudiantes de secundaria y universitarios se ven obligados a trabajar para aportar en el hogar o adquirir determinada prenda. Sólo queda el control emocional, evitando riesgos de frustración y cansancio, por el desgaste mental y físico.

Según el sociólogo Dioni Salas, el declive progresivo del poder adquisitivo y que se evidenció de manera contundente desde el año 2015 con la diáspora forzada en busca de calidad de vida en el exterior, «desvirtuó las vacaciones por la inflación e impacto económico, con repercusiones en la comunidad estudiantil que opta por oportunidades a destajo».

Explica que las principales consecuencias en un trabajador que no disfruta ese lapso de descanso, es que reduce su capacidad productiva, física y en general, la vida útil laboral. La necesidad de continuar con un ingreso económico permanente, priva el derecho de todo trabajador.

Es un factor que ubica en el sector privado, cuando establecen un previo acuerdo y se trabajan las vacaciones. «El patrono entiende la necesidad de ingresos, pero las secuelas empiezan por un desgaste muy marcado que puede terminar en enfermedades», advierte Salas, en función de la acumulación de estrés que a largo plazo, terminará descompensando el organismo.

Venezolanos desplazan recreación y descanso por buscar ingresos

Consecuencias emocionales y biológicas

Desde el impacto emocional, el psicólogo Jesús Goyoneche menciona en primer lugar a la frustración y decepción entre las más comunes, con el riesgo que puedan transformarse en tristeza e ira, repercutiendo en el mal genio que impedirá socializar, siendo tan indispensable en el ambiente de trabajo.

Lo define como una implosión, con más consecuencias en casos que pueden juntar más de tres vacaciones, tanto laborando, como por la impotencia de no contar con los recursos para viajar o invertir en un plan específico. «Llegan a preguntarse: ¿Qué hago aquí? y ¡No me está sirviendo!», generando un malestar que bloquea y causa decepción.

Cuando Goyoneche se refiere al efecto biológico más frecuente, hace énfasis en el sacrificio del descanso, con repercusiones físicas y mentales, lo cual empieza a manifestarse con trastornos del sueño, activación de neurotransmisores que alteran la concentración y estar asfixiados en el agotamiento permanente.

En cuanto a los estudiantes, se puede tener dos escenarios, cuando es una situación extrema por limitaciones económicas, con algunos que deben trabajar y así aportar al sustento diario en familias de pobreza extrema, con un solo ingreso económico.

Venezolanos desplazan recreación y descanso por buscar ingresos

Realidades de los Jóvenes Venezolanos

«Cada caso es relativo, porque los padres también deben considerar que no pueden rebotar responsabilidades a menores de edad, independientemente de la precariedad que estén afrontando», aclara, se refiere a los estudiantes que lo ven como una meta, es decir, desean satisfacer determinado «gusto» y optan por trabajar para poder comprar alguna prenda, laptop u otro aparato, así como poder cubrir algún paseo que implica hospedaje con otros gastos de consumo.

La incertidumbre es destacada por el psicólogo Carlos Ramírez, es otra de las manifestaciones que viene acompañada de la desconfianza, incrementando la tensión porque no sales de la rutina, lo cual se le debería cambiar, incluso en esos días de descanso de fin de semana o los compensatorios entre semana, de acuerdo al tipo de trabajo.

Se entiende el grado de dificultades, pero la mentalidad se puede enfocar en buscar algo alternativo, más allá de quedarse atrapados en la hazaña diaria del ingreso mínimo en Venezuela.

De allí, que Goyoneche indica recomendaciones en función de la resiliencia saturada por tantos intentos de «salir adelante», pero teniendo clara la definición de la realidad y percepción sin alterarla. Empezar por no esperar al momento de las vacaciones y administrarse con el ahorro de una cuota mínima durante varios meses, para tener un respaldo que permita planificar alguna actividad diferente.

Otro aporte valioso es romper la rutina, realizando esas pausas que permiten tomar energías positivas, como paseos cortos, compartir con amigos o allegados, ver alguna película o aceptar cualquier invitación agradable.

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