La incomodidad debido a cortes eléctricos por el racionamiento energético durante las noches interrumpe el ciclo del sueño, tanto en adultos como en niños. Especialistas en salud mental advierten que los riesgos en la infancia no escapan de sufrir secuelas como la ansiedad, irritabilidad y terminar comprometiendo su desarrollo, principalmente en retraso del crecimiento, así como limitando el rendimiento escolar.
Según algunos informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la falta del descanso reparador influye en amenazas de sufrir enfermedades cardiovasculares, obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2 y debilitamiento inmunológico.
De allí, que el psiquiatra, Marco Tulio Mendoza, precisa las etapas de profundización y lo significativo del sueño REM (de movimiento ocular rápido), siendo el lapso en que se liberan más sustancias protectoras del cuerpo, con una profunda actividad cerebral que fortalece la memoria y aprendizaje.
«Interferir en las etapas de profundización del sueño deja consecuencias directas en el sistema nervioso», explica de un ciclo, que al convertirse en crónico puede influir en alteración mental grave con alucinaciones en adultos. Una de las maneras más impactantes del daño a nivel neurológico que se presenta en adultos.

Impacto neurológico y secuelas en el comportamiento infantil
La reacción de los niños es más inquietante, empezando por negarse a acostarse, condicionar a dejar un bombillo o ventilador encendido, para saber el momento en que llega la electricidad. Algunos buscan la manera de ocuparse, ubicando algún juego en el teléfono celular y así les transcurra el tiempo más rápido. Otros se fastidian de dar vueltas en la cama, sintiendo que el calor es más insoportable.
La psicóloga, Verónica Ortiz, señala que los padres deben empezar por entender que es una situación incontrolable y así no recargar con lamentos la posible frustración en sus hijos. «Los primeros dos años de vida de un niño necesitan más sueño, para su neurodesarrollo», señala de implicaciones en la comprensión y hasta en habilidades motoras complejas, sin olvidar que pueden tener limitaciones de crecimiento.
Explica que la privación del sueño en los niños les afecta directamente con una conducta más irritada, su llanto es fácil ante situaciones de poca relevancia. También pierden el apetito y puede ser producto de la somnolencia que inicia con la dificultad para despertarse temprano para ir a la escuela y aún estando en clases no prestará atención. Allí se aprecian sus problemas de memoria y con rasgos físicos tan distintivos, como las ojeras oscuras alrededor de sus ojos, denotando la fatiga.
Ortiz sugiere adelantarse a lo incontrolable y procurar mejores condiciones para apaciguar la fatiga por calor o ataque de insectos. De allí, que las familias pueden pensar en la posibilidad de adquirir un mosquitero en la habitación y así proteger de los zancudos. También lo útil de un ventilador recargable, que pueda refrescar el dormitorio.
Los padres y demás adultos deben evitar conversaciones o comentarios de impotencia ante dicho momento que sólo dejan molestia en los niños. Otro aspecto importante es ser comprensivos, ante la exigencia de rendimiento en las actividades extracátedras.

