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jueves, 4 junio 2026
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Clave en voz alta: La normalización del riesgo bancario en Venezuela

El venezolano ha normalizado dictar su clave bancaria en público por costumbre, descuidando una seguridad personal que la tecnología y la ley intentan proteger.

La escena del cliente entregando la tarjeta, el cajero solicitando la clave y ésta se dice en voz alta, como si se tratara parte de un precio, se repite en panaderías, abastos o cualquier caja improvisada en Venezuela. Entre la «rapidez» y la costumbre, la privacidad dejó de ser una prioridad.

Quien está detrás escucha la clave y el que pasa cerca también. Durante una década, el venezolano ha terminado por ceder su seguridad bancaria en público. Lo que comenzó como una salida rápida ante fallas en los puntos de venta, por lo que el cliente dictaba el pin o clave, se convirtió en una práctica normalizada.

«Hoy en día repetir la clave frente a desconocidos ya no genera incomodidad, sino que forma parte de la rutina, pero nos mantenemos firmes al decirle a los ciudadanos que eso no se debe normalizar y que debemos resguardar nuestros datos», comentó Claudio Rivas, secretario de la Federación de Trabajadores Bancarios y Afines (Fetrabanca).

Clave en voz alta: La normalización del riesgo bancario en Venezuela

El origen de dictar la clave en público

Rivas explicó que a mediados del año 2016, cuando comenzó la escasez de dinero en efectivo empezó la violación a la seguridad. Fue un alto riesgo que todos los venezolanos tomaron, porque personas de la tercera edad no sabían usar un punto de venta.

El secretario de Fetrabanca sostuvo que a la falta de dinero se unieron las fallas de los equipos para pasar la tarjeta. «Eso es rapidito, dime la clave», frase que se ha escuchado por una década en los comercios y del otro lado, la respuesta llega sin titubeos. El cliente dicta sus datos personales.

«Poco a poco ese accionar quedó sembrado en la gente y en el año 2020, cuando inició la pandemia por la covid-19 se afianzó; porque no se quería que tocaran los equipos para no contagiarse», recordó Rivas.

Luego, las divisas comenzaron a distribuirse en gran parte de Venezuela, pero el ciudadano continuó usando la tarjeta de débito, y fue así como según Rivas, se afianzó lo de hacer vox populi la clave bancaria.

«Al final uno se acostumbra. Antes me daba temor porque podían robar mis datos, pero no pasó y el problema siempre estará presente, porque no sabemos quién está al pendiente», comentó Carmen Torres, usuaria.

La documentación bancaria es personal, por eso Rivas insistió en que las personas no deberían dar sus claves en voz alta y en que deben solicitar al cajero que sea el cliente el que marque los dígitos en el punto de venta digital.

Rivas destacó que es importante volver a la cultura de resguardar la seguridad. Hizo un llamado a que no es dejar de usar las tarjetas, sino a retomar medidas básicas que se han ido perdiendo con el tiempo.

El problema es que la tecnología avanza más rápido que los hábitos.

Clave en voz alta: La normalización del riesgo bancario en Venezuela

El miedo a lo nuevo

Mientras en otros países pagar sin introducir la tarjeta ya es rutina, en Venezuela todavía hay resistencia. Los usuarios desconfían de las tarjetas sin contacto, temen cargos «fantasmas», cobros sin autorización o que «les pasen un punto» sin darse cuenta.

Estas tarjetas sin contacto permiten pagar con sólo acercarlas al punto sin entregarlas ni decir la clave, lo que reduce el riesgo de exposición. Sin embargo, también requieren otro tipo de cuidado, porque se pudiesen leer los datos a corta distancia.

Es por eso que crece más el miedo de los venezolanos, porque el mecanismo resulta ajeno para muchos.

Rafael Núñez, director de ciberseguridad de la Cámara Venezolana de Comercio Electrónico (Cavecom-e), explicó que, aunque las tarjetas NFC (sin contacto) dificultan el clonaje, existen dispositivos especializados que aún representan un riesgo si no se toman las precauciones.

«Antes estábamos acostumbrados a las tarjetas magnéticas que podían clonarse con dispositivos especiales. Actualmente, con la NFC eso es más difícil», dijo Núñez.

Para reducir los riesgos, el experto en ciberseguridad recomendó medidas como mantener la tarjeta a la vista en todo momento y usar carteras Secure ID, que evitan que los datos de estas tarjetas sean leídos sin autorización.

El especialista sostuvo que estas tarjetas se usan en otros países hace muchos años; sin embargo, en Venezuela llegó en 2023.

Núñez indicó que los usuarios pueden establecer límites de compra para reducir el riesgo de fraude.

En Venezuela, los pagos contactless se pueden hacer de forma rápida y segura, hasta por el equivalente a 20 dólares. Se podrá manejar el uso de PIN a partir de ese monto.

Las transacciones fraudulentas y no reconocidas aplican para la devolución de fondos. Los puntos de venta son únicos y son rastreables a los comercios.

En el país, los «arrebatones» de carteras han disminuido, pero sí se han presentado casos y es porque los delincuentes saben que algunas personas tienen la clave de la tarjeta escrita en un papel.

Aunque en Venezuela existen leyes que regulan el uso de tarjetas, en la práctica muchas de esas normas se pierden en la rutina diaria de los comercios.

Según el artículo 26 de la Ley de Tarjetas de Crédito, Débito y demás medios de pago electrónico, el tarjetahabiente tiene el deber de resguardar su tarjeta y no mostrar ni confiar a nadie claves de acceso.

El artículo 33 establece que el tarjetahabiente víctima o afectado por cualquier delito previsto en la ley podrá ejercer las acciones civiles para exigir la reparación de los daños y perjuicios causados por el prestador del servicio.

La ley establece sobre la protección del PIN, la responsabilidad no es sólo del usuario. Las normas de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban) exigen que los bancos implementen mecanismos de seguridad, garanticen la atención al cliente y cuenten con un defensor del usuario bancario.

Para Fran Monroy, periodista especialista en telecomunicaciones, la clave está en retomar los hábitos básicos de protección.

«La tarjeta contactless tiene más de 10 años en el mercado de otros países y es segura. Hay quienes compran las carteras antirrobos, pero a mí parecer eso no es necesario», resaltó Monroy.

En el caso de las tarjetas de débito que requieren de una clave, sí recomendó que la persona debe exigir al cajero que sean ellos los que coloquen los dígitos de su PIN.

Especialistas coinciden en que en un entorno en el que la tecnología avanza, la educación financiera lo hace más lento y la seguridad termina dependiendo de decisiones personales.

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