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viernes, 2 octubre 2026
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El espejismo de la felicidad: Un análisis sociológico al discurso de Trump sobre Venezuela

Un análisis sobre la realidad cotidiana de los venezolanos contrasta las afirmaciones de Donald Trump sobre una supuesta felicidad nacional.

  • Tras las declaraciones de Donald Trump, un análisis sociológico revela que la percepción de felicidad en Venezuela choca con una dura realidad diaria.
  • Los ciudadanos aún enfrentan severas fallas eléctricas, bajos salarios y escasez de agua que dificultan su recuperación plena.

El pasado miércoles, 30 de septiembre, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, dijo en una rueda de prensa que Venezuela es ahora un país feliz y que las cosas han mejorado de forma considerable luego del 3 de enero.

De acuerdo con lo dicho por el dirigente republicano, luego de que EE. UU. capturara a Nicolás Maduro en una operación militar, las personas viven con una sonrisa porque Venezuela avanza hacia una recuperación económica. Textualmente, Donald Trump dijo:

«Venezuela está muy bien también. Es un país feliz ahora. La gente está feliz en el país. Tienen sonrisas; eran miserables, estaban muriendo de hambre», aseguró el mandatario norteamericano.

En más de una ocasión, Donald Trump ha hecho afirmaciones de este tipo. El 23 de junio de 2026, el dirigente norteamericano dijo que Venezuela se había convertido en un país feliz, previo a esto, Trump aseguró que las personas estaban bailando en las calles.

Una verdad a medias frente a la realidad nacional

El equipo periodístico del Diario La Prensa de Lara, analizó con detalle esta afirmación y tras consultar con expertos en sociología y con personas de a pie, concluye que se trata de una verdad a medias.

Aunque ciertamente la mayoría de venezolanos siente que el país puede enrumbarse a un cambio definitivo, la realidad indica que esto está lejos de suceder. El país no ha recuperado la institucionalidad, las fallas en los servicios públicos continúan y los problemas económicos no se han solventado.

A esta realidad hay que sumar temas como incertidumbre política. En Venezuela, todo el mundo habla de la necesidad de hacer una elección presidencial para empezar a reconstruir el país desde un marco constitucional; sin embargo, no hay una fecha establecida.

Bajo este contexto, Trump pronunció unas palabras que han generado algo de indignación en las personas. Para el venezolano, hablar de una recuperación económica o de una sensación de felicidad no es posible sin que se le solventen la mayoría de problemas que aún les aquejan. «¿Cómo vamos a estar sonriendo si la luz se va a cada rato y no podemos ni trabajar?», era una de las respuestas que, generalmente, daban los consultados.

Para efectos de este análisis, el equipo periodístico de La Prensa revisó algunos de los problemas con los que diariamente tiene que lidiar el venezolano, encontrando un patrón bastante preocupante. El tema de los servicios públicos, por ejemplo, evidencia que la gran mayoría de personas ocupa su tiempo en resolver los problemas que son generados por medio de una crisis sostenida en el tiempo.

El apagón diario que apaga las sonrisas

El apagón diario que también apaga la felicidad

Las denuncias que hacen los medios de comunicación a nivel nacional confirman que, entre 6 y 8 horas pueden estar las personas sin servicio eléctrico. Esto genera no sólo un estado de irritabilidad permanente, sino que puede incluso agravar problemas de salud.

En este punto, los consultados mencionan que hay pacientes que están en cama y se exponen a horas de intenso calor. Otros necesitan nebulizarse con frecuencia y tienen que retrasar sus tratamientos por problemas eléctricos.

En lo laboral, el tener cortes de energía que sean tan prolongados también incide. Las personas que trabajan desde casa tienen que reponer, en muchos casos, las horas que no pueden laborar durante el día en las noches o de madrugada, algo que termina incidiendo de forma directa en su rendimiento.

Para la gente que tiene que ir diariamente a laborar en una empresa, el problema es similar. Muchas personas, al no poder descansar correctamente, bajan su rendimiento y se exponen a accidentes laborales. De hecho, en el último informe presentado por la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), se denuncia que en los últimos meses la cantidad de accidentes laborales han aumentado de forma considerable, porque los trabajadores se quedan dormidos mientras cumplen con sus labores.

Académicamente hablando, los estudiantes también bajan su rendimiento. Al no contar con fluido eléctrico constante, las horas que dedican a sus estudios son menores y la formación se ve afectada en todos los niveles.

El espejismo de la felicidad: Un análisis sociológico al discurso de Trump sobre Venezuela

Escasez de agua y un panorama sin cambios radicales

Pero los problemas con los servicios públicos no se limitan únicamente al tema eléctrico. Desde que arrancó el año, las personas han denunciado de forma recurrente el hecho de no contar con un servicio de agua constante que pueda abastecer a las familias.

Encuestas nacionales mencionan que sólo 3 de cada 10 hogares, en promedio, recibe un servicio de agua de forma regular. Esto también genera irritabilidad. De hecho, muchas de las protestas que se han registrado en el año están relacionadas con el servicio irregular del agua.

«La realidad de los venezolanos no ha cambiado mucho. Ciertamente, a principios de 2026 hubo mucha expectativa por lo que ocurrió el 3 de enero y muchos esperaban un cambio radical, pero la realidad es que los problemas continúan e incluso se han acrecentado. El tema de la energía eléctrica, por ejemplo, está mucho más fuerte ahora», menciona el psicólogo Andrés León.

Para el especialista, en Venezuela no se puede hablar de un cambio radical porque las personas no lo ven de esa manera. El discurso político ha cambiado, pero los actores siguen siendo los mismos.

«La gente de a pie no entiende mucho lo que está pasando. No hay presión en las calles porque se abra un proceso electoral y eso es porque las personas están concentradas en sus propios problemas», dijo vía telefónica.

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Desesperanza aprendida y cruda brecha económica

Este patrón social se conoce como «desesperanza aprendida» y es algo común en los países que se encuentran sumidos en una profunda crisis económica, un tema que, justamente, preocupa de forma especial a los venezolanos.

Basta con revisar las estadísticas nacionales para darse cuenta de la diferencia que hay entre lo que ganan los trabajadores en el país y lo que cuesta cubrir la canasta alimentaria. Los últimos reportes indican que, para poder cubrir las necesidades básicas, una persona necesita, en promedio, 755,36 dólares, pero la mayoría de trabajadores gana entre 200 y 300 dólares mensuales.

En términos prácticos, ¿qué significa esto? La respuesta es simple: mala alimentación. Voceros del Gobierno nacional han dicho abiertamente que los niveles de abastecimiento en el territorio nacional alcanzan el 97% y esto también es una verdad a medias.

Ciertamente, en los mercados no hay desabastecimiento, pero los mismos productores aclaran que esto se debe a que las personas no tienen cómo comprar alimentos en cantidad. 

Los consultados mencionan que, en muchos casos, deben recurrir a las remesas para poder cubrir sus necesidades básicas. Aplicaciones digitales que dan crédito para comprar alimentos o medicamentos, han sido una herramienta útil para poder llegar a final de mes, pero es un arma de doble filo, porque muchos terminan endeudados.

Esta realidad también genera estrés en la colectividad. El hecho de tener que hacer malabares para resolver la alimentación de los hijos o la suya propia, termina generando amargura y no felicidad. Sondeos nacionales mencionan que el 80% de los venezolanos piensa en cómo resolver el tema de la alimentación de su familia. 

Otra de las frases que dijo Trump y que son cuestionables está relacionada con el hecho de que las personas se estaban muriendo de hambre y esto también es una verdad a medias.

Las personas no se alimentan de forma correcta y hay gente en situación de extrema pobreza, pero la evidencia indica que desde el 2017 las cosas han ido cambiando. Según Encovi, en 2025 la pobreza extrema afectaba al 31,7% de los venezolanos, una cifra menor a la registrada en 2024 cuando, la misma encuesta, decía que el 36,5% de los venezolanos estaba en esta condición.

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