En un evento que no se registraba desde mediados del siglo XIX, el calendario global presentó esta semana una coincidencia excepcional: la simultaneidad de las fechas del Año Nuevo Lunar, el Ramadán y la Cuaresma.
Entre la noche del 17 y el 18 de febrero de 2026, estas tres festividades de origen asiático, islámico y cristiano iniciaron con menos de 24 horas de diferencia, marcando un hito que no ocurría de forma simultánea desde el año 1863.
Un fenómeno de calendarios astronómicos
La convergencia de estos ciclos se debe a la naturaleza distinta de los sistemas de medición del tiempo. Mientras que la Cuaresma se rige por el calendario gregoriano solar ajustado a la Luna para determinar la Pascua, el Ramadán sigue el calendario lunar hijri y el Año Nuevo Lunar se basa en un sistema lunisolar.
Al respecto, especialistas en cronología señalan que «la probabilidad de que estos tres ciclos converjan en una misma ventana de tiempo es extremadamente baja», debido a que el calendario islámico retrocede aproximadamente 11 días cada año respecto al solar.


Diversidad y espiritualidad global
Este periodo representa un momento de gran relevancia para miles de millones de personas, cada una viviendo su fe y cultura bajo matices distintos. El Año Nuevo Lunar celebra en Asia la renovación y la continuidad familiar; el Ramadán invita a los musulmanes al ayuno, la oración y la solidaridad; mientras que la Cuaresma marca para los cristianos una etapa de reflexión y penitencia en preparación a la Pascua.
Expertos en estudios culturales han calificado este suceso como un «testimonio de la diversidad y, al mismo tiempo, de la interconexión de las prácticas humanas a través del tiempo».


Rareza estadística y precedentes
Para encontrar un antecedente similar, los historiadores deben remontarse 163 años atrás. La variabilidad de las fases lunares hace que estos encuentros sean esporádicos y difíciles de predecir. Según los registros actuales, este fenómeno de sincronización es tan inusual que no volverá a repetirse sino hasta el año 2189.
Los especialistas subrayan que «este tipo de alineación subraya la complejidad de nuestras tradiciones, mostrando cómo distintos ritmos astronómicos pueden finalmente encontrarse en un punto común tras más de un siglo de separación».


La coincidencia de estas fechas no solo posee un trasfondo espiritual, sino que también tiene repercusiones en la logística global y el turismo. Al celebrarse de forma paralela, comunidades de todo el mundo experimentarán simultáneamente periodos de intensa actividad litúrgica y festiva.
Autoridades civiles han destacado que esta coincidencia ofrece una oportunidad única para «fomentar el respeto mutuo y la comprensión entre distintas visiones del mundo», uniendo a la población global en un periodo de introspección y celebración colectiva.


