Un hedor insoportable corrompe el aire en la urbanización Barici, al este de Barquisimeto. Desde hace más de un mes, sus habitantes conviven con la insalubridad y el caos vial provocados por una reparación inconclusa de la red de aguas servidas. El colapso no sólo amenaza la salud pública, sino que aumenta el riesgo de accidentes al reducir la circulación de vehículos a un solo canal.
Marlin Cuello expresó que el problema de cloacas tenía varios meses y la cuadrilla de la hidrológica empezó a realizar los trabajos de reparación en el mes de abril, dejando una abertura de aproximadamente ocho metros de largo y varios metros de profundidad, donde se aprecia una especie de laguna de aguas negras en la calle E entre carreras 5 y 6, justo en la cuadra frente a la iglesia Nuestra Señora de Fátima.
«Ya hasta se desprendió la cinta amarilla de seguridad y los escombros obligan a los conductores a realizar maniobras, porque apenas les queda un canal disponible», dice Cuello y recalca que hay ciertas horas con más tránsito cuando se forma un gran caos vial, sobre todo en las mañanas, los mediodías y al final de las tardes, cuando la gente va a trabajar, a dejar a los hijos en el colegio, regresan a almorzar y al culminar la jornada laboral. Dijo que también por allí transitan algunos camiones con material de construcción, hacia urbanizaciones cercanas.

Urb. Barici con reparaciones inconclusas
En la iglesia se aprecian varios tubos, los cuales fueron dejados al resguardo de la parroquia, porque, aparentemente, faltaban otros materiales para poder reparar la filtración. Explica Juan Cabrera, quien es servidor del templo, que hasta una máquina permaneció allí, aunque por poco tiempo. Luego, los de la cuadrilla no regresaron a finalizar la reparación.
Los vecinos han tenido que auxiliar a algunos conductores accidentados, tras espicharse un caucho debido a los escombros, algunos con restos de objetos filosos. Además, hablan de lo incómodo de tener que retroceder, cuando algún vehículo intenta pasar, pero se consiguen que viene otro de frente. No queda espacio, en una esquina está el pavimento abierto para reparar la tubería y hacia el otro extremo están varias montañas de escombros que también obstaculizan el paso vehicular. Peatones deben caminar por la acera oeste.
«¡No entendemos qué están esperando, será que suceda un accidente grave!», exclama Carlos Lameda, y lamenta escuchar el chirrido de los frenazos que puede sorprenderles durante las noches, ante un descuido o un conductor que desconozca el estado actual de la zona.
Lo peor es la contaminación, todos los días, pero la fetidez es mayor durante las horas de mucho sol, las altas temperaturas provocan que se esparza más el hedor de las aguas residuales. «Cuesta respirar, nos expone a más cuadros virales, a deficiencias respiratorias e incluso a enfermedades de la piel», indica Cabrera.
Los más afectados son aquellos que no cuentan con planta generadora de electricidad durante el racionamiento eléctrico, porque no pueden tener algo de ventilación para contrarrestar un poco ese mal olor que los afecta a toda hora, de día y de noche.

