Conocido como un pueblo de ricas tradiciones y de gran promoción artesanal desde 1929, Tintorero se ubica a 25 kilómetros al oeste de Barquisimeto, y retoma fuerzas como una atracción turística del estado Lara que ofrece a sus visitantes variadas artes manuales. En la actualidad, sus creadores luchan por mantener el legado de los oficios que allí se han trasmitido por generaciones.
El arte de tejer, crear piezas de arcilla y tallar la madera son parte de las obras que se gestan en manos de decenas de artesanos en pleno corazón del pueblo y que ofrecen al público, y de cuyas ventas obtienen el sustento familiar, además de la adquisición de materia prima para reponer la mercancía que se elabora con materiales nacionales.
Sin embargo, los artesanos han tenido que hacer frente a diversos desafíos que atentan contra la preservación de la herencia familiar, como son el bajo interés de las nuevas generaciones en aprender los oficios y la baja asistencia de visitantes al pueblo para comprar las artesanías; lo que indica que a ellos les falta aumentar la promoción del lugar.


Testimonios de las familias artesanas
Olivia Sarmiento, tejedora de hamacas desde que estaba muy pequeña, explicó que los saberes sobre el tejido fueron transmitidos inicialmente por el gran Sixto Sarmiento y Juan Evangelista Torrealba quienes propulsaron este oficio que es uno de los más practicados por los habitantes de Tintorero.
«El tejido ha sido la mejor herencia que nos pudieron haber dejado nuestros antepasados, hoy luchamos porque las nuevas generaciones se interesen en aprenderlo, también nos enfrentamos a la adquisición de la materia prima, que aunque el hilo pabilo número 53 no está escaso, tenemos que traerlo de Valencia y se nos dificulta el traslado», apuntó.
El oficio del tejido de hamacas es visto por los pobladores como una práctica familiar, que requiere de la fuerza del hombre para prensar el tejido, la delicadeza y el toque femenino de la mujer en los flecos y el aporte de los niños que se encargan de las cabuyeras. Los tejedores buscan formas para enseñar el paso a paso del oficio, ya sea por medio de cursos en grupo o individualmente, de persona a persona.
El tejedor Carlos Rodríguez detalló que fue su curiosidad, cuando estaba pequeño, la que lo llevó a querer experimentar eso que hacían las personas grandes y que llenaban de colorido las fachadas del mercado de hamacas, cubrecamas y manteles. Se propuso aprender a tejer hamacas, hasta el punto de dedicarse completamente a trabajar y vivir de ello.
«Mis primeros trabajos fueron para comprar el telar y los utensilios, ya que eso requería de gran inversión de dinero que para aquel entonces, hace aproximadamente unos 15 años, no lo tenía. Lleno de dudas y temor empecé recordando los consejos de nuestros abuelos que insistían en ver lo bonito del oficio y de cómo con esto se podría sostener a una familia, siendo ese el valor más rico y eterno que nos toca agradecer», expresó Rodríguez.


Transforman la arcilla
Las manos de los artesanos convierten un montón de barro en piezas que sirven para la decoración o de utilidad en el hogar. Los artífices de la arcilla que hacen vida en Tintorero han llevado el oficio a otro nivel, pasando de las piezas tradicionales a técnicas más sofisticadas como la de gres, que consiste en la fabricación de obras de cerámica utilizando la arcilla como base, a la que se agrega sílice y otros materiales que son sometidos a altas temperaturas de cocción para darles un mejor acabado y perdurabilidad.
La arcilla la consiguen en las montañas de los municipios Jiménez y Andrés Eloy Blanco, y los demás materiales en Barquisimeto. Edinora Sarmiento, quien ha dedicado parte de su vida al quehacer artesanal, dijo que la cerámica de gres se convirtió en tendencia por su dureza y perfectos acabados que permiten una mejor compactación del color.
«Actualmente, el gres no es que haya suplantado la arcilla tradicional, más bien la ha mejorado y son técnicas que vamos aprendiendo de manera empírica, con nuestros conocimientos en artesanía que nos han dejado nuestros antepasados», dijo Sarmiento.


Tallan la madera
Caminar por las calles del pueblo es sentir, con la brisa, el aroma a madera recién trabajada, son piezas que más adelante son exhibidas en los estantes. Se trata de platos, cucharas, morteros, bandejas para pizzas, ensaladeras, pasapaleras, imágenes religiosas, juguetes y adornos para el hogar, todo tallado en madera, hechos con la mayor delicadeza para los clientes.
Ariel Sierra, artesano de la madera, dijo que la vocación de tallar la madera nace del mismo apoyo familiar de quienes se han interesado en que se aprenda del oficio. Sierra señala que luego de las restricciones en el uso de la madera de los árboles como la vera, el cují y el curarí han tenido que migrar a la teca y en muy pocos casos al samán, y han buscado alianzas con aserraderos para tener la madera que proviene desde los llanos venezolanos, como del estado Barinas.
Betty Medina, artesana, explica que el trabajar la madera «es un arte que no a todo el mundo se le da, porque requiere de mucha paciencia y dedicación para lograr las tallas».


Muestras autoctonas
El arte de trabajar la arcilla para crear piezas únicas son una herencia de los indígenas, representaban deidades y elementos de la naturaleza a través de figuras hechas de barro. En Tintorero, el maestro Antonio Francés es uno de esos artesanos que busca recrear esas figuras de ancestros. Él comenta que su deseo es promover la historia a las nuevas generaciones, porque cada pieza en sí representa una anécdota de las primeras tribus que se asentaron en el valle de Quíbor.
«Son piezas que son elaboradas en arcilla y pintadas con materiales netamente naturales, como los óxidos minerales, y para poder lograr ese efecto envejecido, la pieza se sobre quema en el horno», manifestó Francés.


Muchos revendedores en Tintorero
Dentro del pueblo de Tintorero pocas son las personas que comercializan sus obras, gran parte de los establecimientos están llenos de revendedores que les adquieren las piezas, también las compran en Quíbor y los caseríos vecinos como Guadalupe, Cuara y San Miguel.
Angélica Velazco, artesana, sostuvo que muchas veces se vende una concepción errada a los visitantes de un producto que no es hecho en el lugar.
«Antes de que se anunciara que iba a ver feria, este mercado estaba desolado, nada más se supo la noticia, aparecieron los comerciantes; no me parece justo, ellos sólo vienen a vender», dijo Velazco.