El Hospital Luis Gómez López se alza, o más bien se sostiene como el segundo en importancia y como el más antiguo centro asistencial de Barquisimeto. El que en otros tiempos fue considerado un símbolo de esperanza y sanación, hoy en día es un monumento a la desidia.
Sus paredes, testigos de décadas de historias médicas, familiares y comunitarias ahora exhiben grietas que parecen cicatrices abiertas, como si el edificio mismo estuviera pidiendo auxilio.
Caminar por sus pasillos es adentrarse en un escenario de posguerra silenciosa: techos ausentes que dejan ver el cielo, no siempre despejado, maleza que brota insolente desde las alturas, como si la naturaleza reclamara lo que una vez le perteneció «adornan» una estructura que, lejos de proteger, expone a quienes buscan en ella refugio y curación.
«Parece de todo, menos un hospital», es la lapidaria sentencia que hace una de las enfermeras de la institución, que no revela su nombre por miedo a ser despedida. La trabajadora señala que, cada vez que llueve, en la edificación se forman lagunas, unas más grandes que otras, y que al final dificultan la movilización de los pacientes. «Es una escena lamentable», concluye.

Un Luis Gómez López en cuidados intensivos
La decadencia física del Luis Gómez López no es un problema aislado, sino la manifestación tangible de una crisis estructural que lleva años gestándose. De acuerdo con estadísticas nacionales, desde el año 2015 el país está sumergido en una crisis humanitaria compleja. Esto se traduce en hospitales decadentes que no tienen cómo dar respuesta a la cantidad de pacientes que, diariamente, visitan a la institución.
La crisis hospitalaria en el Luis Gómez López se grafica de una manera sencilla y es que la institución no cuenta con insumos médicos básicos. Esto no es una simple estadística, sino una sentencia. En la institución no hay suficientes jeringas, los medicamentos escasean con cruel regularidad y los equipos de protección personal brillan por su ausencia.
Al igual que pasa con el resto de instituciones sanitarias en el país, los médicos de este centro asistencial han aprendido a improvisar, reutilizando en muchas ocasiones lo que no deben reutilizar y pidiendo a los familiares que busquen en farmacias lo que el Estado debería proveer.
A esta ausencia de medicamentos hay que sumarle el déficit de personal. Como pasa con las grandes instituciones médicas, la migración masiva en el país hace que cada vez sean menos los profesionales que se quedan para ejercer sus labores. En resumen, el Luis Gómez López no es más que el espejo de la crisis sanitaria que atraviesa el país.

El declive de la atención especializada
Andrea González, ama de casa que se encontraba esperando para ser atendida dentro de la institución, ha notado en primera persona el cambio que ha experimentado el centro médico en los últimos 20 años. La mujer recuerda que, en el pasado, el centro asistencial contaba con diversas especialidades.
«No era necesario pagar una consulta privada porque aquí uno podía ser atendido. Ahora la situación ha cambiado, porque casi no hay especialistas y hay mucha cantidad de personas esperando para ser atendidas», dice.
En la que en teoría es una de las instituciones médicas más importante de Barquisimeto, el panorama es desalentador. Pacientes, médicos y enfermeras coexisten en un espacio que no da seguridad a ninguno de los que allí se encuentra.
El estado de abandono en el que se encuentra este centro de salud es tan evidente que, entre los médicos, pacientes y familiares que transitan diariamente por sus instalaciones existe una población que nadie pidió, pero que han hecho del Luis Gómez López su hogar y es que un nutrido grupo de gatos y perros merodean entre las camillas y consultorios.

Fauna callejera en el hospital
Estos animales, hay que aclarar, no son mascotas del hospital, sino sobrevivientes, como los propios trabajadores.
La presencia de estos animales no es pintoresca, sino el síntomas más visible de una institución que ha perdido el control de sus espacios, de su protocolo.
Trabajadores del centro médico comentan que estos animales llegan de la quebrada que está cerca del Luis Gómez López. Aparentemente, muchas personas aprovechan este lugar para botar a sus animales, algunos en estado de gestación.
Los mismos gatos o perros caminan buscando agua, comida o simplemente compañía, por eso, cuando llegan al hospital, se quedan allí.
«Ahorita hay pocos animales porque la misma gente se los lleva», comenta uno de los trabajadores del lugar. El hombre menciona que muchos familiares de enfermos se enamoran de los gatos y los adoptan, es una forma improvisada de tener control sobre estos animales.
«Una vez vino la gente de Misión Nevado, esterilizaron a los gatos y los volvieron a traer», dijo.
Dentro de este hospital, los perros también son un problema. Aunque en el lugar sólo se pudo confirmar la presencia de una perrita, que dicen tiene años dentro de la institución, los familiares de pacientes señalan que es normal ver a perros que llegan desde afuera en busca de alimentos.
Puntualmente, las personas hablaron de un perro negro, un tanto agresivo, que de vez en cuando se pasea por las instalaciones del Luis Gómez López en busca de alguien que le dé comida.

Crónica de una infraestructura en ruinas
Para efectos de este reportaje, el equipo periodístico del DIARIO LA PRENSA DE LARA realizó un trabajo de investigación entrando a la institución y conviviendo durante un par de horas con los pacientes. La reportería sirvió para evidenciar el estado deplorable en el que se encuentran muchas de estas áreas e incluso, se pudo ver cómo gatos dormían en camillas o escampaban del aguacero entre las paredes.
Una de las imágenes más impactantes que se pudo apreciar está directamente relacionada con la ausencia de techo en algunos espacios. Justo en el pasillo que se encuentra a mano izquierda, luego de entrar, hay un hueco enorme por donde cae agua cada vez que llueve.
Lo impactante de esta situación es que, por este pasillo, muchos de los pacientes que están hospitalizados tienen que pasar, lo que significa que las personas se exponen al agua o a una caída.
Otra de las imágenes que impactó durante este recorrido fue el hecho de ver que, en el santuario improvisado que hay dentro del centro médico, tampoco hay techo. Durante toda la mañana que los periodistas de LA PRENSA estuvieron en el lugar hubo lluvia y era común ver cómo las veladoras o los velones que dejaban a la imagen del Doctor San José Gregorio Hernández se apagaban por el agua que allí caía.
Los niveles de insalubridad que hay dentro de la institución no sólo se ven reflejados en la presencia de animales callejeros, sino también en las condiciones de las camillas. Nuestro equipo tuvo acceso a imágenes que muestran camas manchadas de sangre, sangre vieja de algún paciente, la que nunca fue removida.
Este es el panorama del Luis Gómez López, la segunda institución médica más importante de Barquisimeto que muestra heridas graves que le hacen agonizar junto con los pacientes que allí son atendidos.

