- Sienten el orgullo de ser considerados como “Uyama somos todos”, por el sentido de pertenencia que nace desde Los Crepúsculos.
La sensibilidad por el hecho cultural y compromiso de mantener las diversas expresiones de las tradiciones populares es uno de los objetivos cumplidos a lo largo de cuarenta años por la asociación civil Grupo de tamunangue “Uyama”, desde la urbanización Los Crepúsculos. Logro que no se limita a los sones de negros, sino a la formación permanente que cuenta con otras agrupaciones de danza, zanqueros y hasta golperitas.
Dicha visión integral se desarrolla de manera simultánea y teniendo como espacios a la casa comunal, así como la escuela cercana para la preparación y ensayos permanentes. Una motivación que les permite empezar en la agrupación matriz, conformada por más de 60 miembros, quienes sienten tanta familiaridad para incorporarse entre los otros grupos.Una de las metas más preciadas es incorporar a más niños y jóvenes, como un semillero que sigue cultivando el valor de la cultura entre las diversas generaciones y que en estos cuarenta años han superado las mil personas preparadas, desde niños, jóvenes y adultos no sólo de Los Crepúsculos, sino también habitantes de sectores aledaños ansiosos por aprender a bailar, tocar y cantar tamunangue.
Juan Romero, conocido como “Uyama”, encabeza a este grupo de músicos y cultores que trabajan de manera consecutiva desde el 15 de octubre de 1985, además de ser una agrupación musical, se han formado como investigadores. Recuerda que fue una lucha iniciada junto a Jorge Silva, Wilmer Rodríguez, entre otros que confiaron en poder consolidarse a lo largo del tiempo, entre las agrupaciones folclóricas con mayor trayectoria y actualmente están atentos a la programación del Instituto Municipal de Cultura y Arte (IMCA), así como entre las Escuelas de Formación Artística “Jesús Gordo Páez”.

Recuerda que más allá de figurar entre las familias fundadoras del sector II de Los Crepúsculos, siempre tuvieron esa curiosidad por trabajar por la promoción cultural, inicialmente ligados al grupo de tamunangue “Pueblo” del movimiento San Antonio. De hecho, al conformarse formalmente, algunos miembros pasaron al proyecto de Uyama, cuyos primeros años estuvieron divididos entre el tamunangue y tambor, participando en giras por los estados Portuguesa, Trujillo y Mérida. Lo hicieron con tanta responsabilidad que realizaban talleres para mejor dominio de la ejecución, así como las particularidades, según la celebración o región.
“Una de las principales fortalezas es que nos sentimos en familia, con un trabajo en equipo extraordinario”, indica Romero, del entusiasmo de los participantes sin limitarse a los sones de negro como una de las principales manifestaciones, sino que también se interesaron por aprender de otras expresiones, sin abandonar la formación matriz. Agradece que tienen representantes incorporados a las agrupaciones junto a sus hijos, lo cual es mayor motivo de satisfacción.
La comunidad se incorpora e identifica como “Uyama somos todos”, con el interés colectivo en las diversas actividades, bien sea como participantes o para apoyar con la logística, porque es un respeto ganado por la valiosa trayectoria.
La lista se queda corta desde aquella primera participación en el Encuentro Nacional de Niños Indígenas y no Indígenas (La Guaira 1986), entre más de 70 presentaciones, siendo la mayoría de corte nacional.
Una agenda permanente con actividades durante todo el año, tales como La Paradura del Niño, fiestas carnestolendas que arribaron a su vigésima edición en 2026, talleres de bailadores, celebración de la Cruz de Mayo, festividades por San Antonio en escuelas y en comunidad, donde incluyen la novena, velorio, misa central y procesión del patrono.

Explica Romero que lograron conformar la escuela de arte tradicional Andrés “Pipo” Aguilar, donde se dedican a la formación inicial del cuatro y hasta el nivel avanzado, así como música tradicional, principalmente con tamunangue y golpes larenses.
Se ganan respeto
Tanta dedicación y receptividad entre los habitantes fue lo que permitió que mantengan las actividades permanentes entre “Danzas Uyama”, “Zanqueros de la Uyama”, “Uyama y su joropo” y “Las Golperitas de Uyama”, los cuales superan los 10 participantes cada uno.
Romero explica que con los zanqueros, llegaron a tener algunos niños a partir de los cinco años de edad, asumiendo la responsabilidad de su seguridad y enseñándoles la magia del dominio del equilibrio, tal como suelen sorprender en las diversas presentaciones, actos institucionales y desfiles. No tienen un uniforme definitivo, sino que se adaptan al tipo de celebración.
En danza, suelen tener la preparación permanente de los instructores Suseth Hernández y Josuar Pimentel, quienes empiezan por enseñarles a valorar la danza tradicional, así como el respeto por todos sus elementos. Son niñas y jóvenes que sonríen, llevan su cabello recogido y la elegancia va a la par con el ritmo de sus pasos.

Como escuela comprenden que los horarios de formación se ajustan a la disposición de tiempo de los participantes, siendo con turnos generalmente en la tarde y así no les interfiera en los compromisos diarios. Además de también disponer de los días de fin de semana, para poder cubrir con todas las expectativas. Tiempo que puede extenderse en aquellos momentos en que les corresponde ensayos, ante la cercanía de presentaciones locales o nacionales, así como otros compromisos.
La agrupación brinda una gran oportunidad a niñas y adolescentes con la conformación de “Las Golperitas de Uyama” desde el 28 de septiembre de 2022, quienes se inician en los talleres de cuerdas impartidos por el profesor José Santana. Ya dominando la ejecución de cuatro, pasan a las clases de canto tradicional con el profesor Wilmer Rodríguez.
Son 11 participantes con edades comprendidas entre los 12 a los 18 años de edad, que inició con Alejandra Giménez, Luismaibi Nelo, Génesis Pineda, María Barrera, Susej Fernández, María Virginia Cordero, entre otras que se han ido sumando. Tienen el apoyo en la percusión de Ricardo Quero y Brayan Quevedo, miembros del grupo Uyama.
Un grupo que se inspiró de aquellos femeninos como “Expresión Morandina” de El Tocuyo y las golperas de Sanare “Papelón, clavo y olor”. De allí, que “Las Golperitas de Uyama” son niñas que tienen protagonismo con la defensa y promoción del golpe larense, pero que también hacen recorrido con su canto a través de la gravedad de los tambores y hasta con el ritmo del calipso.
A pesar de ser la agrupación más reciente, tienen el terreno ganado porque vienen con la disciplina, de esos primeros pasos que dieron desde el grupo matriz Uyama. Crecieron con la exigencia de Romero, así como del resto de instructores y solamente tuvieron que prestar mayor atención en sus voces como solistas, sin olvidar el lenguaje corporal que enriquece cada una de sus presentaciones.

Asumen compromiso
Romero recalca que entre los principios de la agrupación Uyama, hacen énfasis en el respeto a los padres, por ser uno de los principios de la integridad de todo individuo y partiendo de estos valores familiares es que están preparados para aprender con disciplina. “Aquí no se trata se inscribir al hijo para tratar de evadir sus problemas de conducta, sino de estar consciente de la responsabilidad que están asumiendo”, dice.
También les exigen a los participantes que continúen con sus estudios y tengan excelente rendimiento académico, porque el hecho cultural siempre va acompañado de proyecciones y con miras de culminar una profesión.
Sienten el orgullo de ser considerados como “Uyama somos todos”, por el sentido de pertenencia que nace desde Los Crepúsculos.
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