El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles celebra su 50° aniversario, recordando que el núcleo Barquisimeto fue el segundo en fundarse en el país. Esta tierra de creadores, también fue pionera hace 30 años con el Programa de Educación Especial, una verdadera propuesta de inclusión. Hoy, con más de 9.000 participantes distribuidos en 16 núcleos por todos los municipios, El Sistema sigue transformando vidas a través de la educación musical, tocando corazones con una sensibilidad que abraza desde las piezas populares hasta las más exigentes obras académicas.
Como lo sublime del canto de las aves, así viaja la musa en cada ejecutante, en el canto y hasta en los noveles directores de orquestas que tienen como su referencia más cercana al maestro Gustavo Dudamel, director musical y artístico de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Un sueño de grandeza, porque la satisfacción es indescriptible en esos niños que crecen en el programa de iniciación, con un valor aún mayor entre las sonrisas de inocencia de quienes viven en caseríos y en el calor del semiárido, la música los lleva por la calidez de las melodía, que no conocen límites cuando se enfrentan a la exigencia de afamados compositores universales.
«Tenemos que reconocer a la capital musical de Venezuela, por su excelencia y por la presencia de El Sistema, luego del núcleo en Caracas (que inició en 1975). Hay un compromiso moral de seguir con ese trabajo del maestro José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel», señaló Francisco Ces, director nacional de núcleos, resaltando que la filosofía siempre ha sido la práctica colectiva de la música.
Se refiere a la transformación de la vida, cuando un niño comienza a practicar, a estudiar hasta que alcanza el objetivo común de lograr una obra. Un proceso complejo y exigente, cargado de disciplina, respeto y silencios para compenetrarse, lo cual tiene como aliado al semillero del programa Simón Bolívar a nivel nacional, incorporado a planteles educativos. Anima desde el aula de clases a familiarizarse con el cuatro, canto coral y demás posibilidades de integración a El Sistema. «A todo niño y adolescente le cambia la vida con un instrumento musical en la mano», finalizó Ces.

Desde el 28 de mayo del año 1976 se han sumado infinidad de motivos para celebrar. Así lo destacó Omar Torrelles, gerente regional del sistema, al recordar la iniciativa de Luis Giménez de promover el primer núcleo en el interior del país, bajo la misma premisa del gran José Antonio Abreu: un modelo pedagógico que va ‘Tocando, cantando y luchando’. A este esfuerzo se sumaron de inmediato músicos, como los recordados Rodolfo Saglimbeni y José Felipe Saglimbeni, junto a Alfredo D’Addona, Eduardo Manzanilla y Tarcisio Barreto, entre otros. Por su parte, el reconocido oboísta y director chileno Hernán Jerez propició el primer núcleo en Carora, mientras que Héctor Gutiérrez Cortinas encabezó el grupo fundador en El Tocuyo.
Torrelles calificó de vertiginoso el crecimiento de El Sistema en Lara, como un árbol de fuertes raíces que reafirman el sentido de pertenencia. Sólo en el municipio Iribarren hay cinco núcleos. Complacido por el respeto a la misión del maestro Abreu, aplaude la inclusión social y el acercamiento a la academia, que se creía elitesco.
Con este movimiento orquestal se rompió el viejo paradigma y la música comenzó a percibirse como una profesión formal. Ahora casas de estudios ofertan carreras en esta área, tales como la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), la Universidad de Los Andes (ULA), la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Universidad Central de Venezuela (UCV).
El Sistema fomenta la inclusión
La magia de la transformación social de El Sistema en Lara se complementa con el trabajo consecuente del programa de educación especial, el cual motivó la inclusión a nivel nacional y abrió una vitrina de oportunidades a niños y adolescentes que crecen entre el aprendizaje formal del canto, de los instrumentos y las partituras. Emocionan a la audiencia hasta en las presentaciones más sencillas.
El programa cumple 31 años en julio, bajo la tutela de Lisbeth Rodríguez, quien de sus tres décadas como especialista en educación especial lleva 20 años en la formación musical. Son 137 participantes a partir de los seis años de edad distribuidos en 12 agrupaciones. Alrededor del 98% de la comunidad es neurodivergente, los demás tienen discapacidad visual, auditiva o motora.

Rodríguez explica que siempre se enfrentan a la confusión de la mayoría de padres que piensan que esta formación académica se trata de una terapia, sin medir el riesgo de imponerla, de generar frustración en el niño o adolescente.
«Son experiencias muy enriquecedoras, en las que toca aprender haciendo y aprovechar las competencias de estos alumnos», dice. Afirma que la primera valoración trasciende la referencia de neuropediatras, para valorar el desempeño individual y grupal del estudiante.
Trabajan con la inclusión, sin falsas expectativas que sólo terminan dañando a estos niños. El grupo de docente se mantiene en constante actualización, entendiendo el universo de cada participante, respetando sus distancias o silencios, pero valorando esos cálidos abrazos de quienes lo hacen con la pureza de un profundo agradecimiento e inigualable gesto de cariño.
Una selección de 60 de estos niños y adolescentes se suman a los 5.718 participantes de los nueve municipios que ofrecerán el megaconcierto aniversario este sábado a las 3:00 p.m. en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez.
Música sin fronteras
El orgullo es incontenible cuando se habla de núcleos que se consolidan en los municipios foráneos y no conocen de distancias ni excusas, porque es mayor el amor por la música. Son niños sorprendidos por el sentir nacional de compositores como Antonio Carrillo y lo asombroso de imaginarse en escenarios de Europa, cuando tienen obras de grandes como Ludwig van Beethoven. Apenas es una aproximación a lo que sienten los 330 músicos en los 12 años del Sistema Orquestal en Siquisique, del municipio Urdaneta.

Rodolfo Viloria es quien acompaña a estos soñadores, quienes aprenden en la sede central en Siquisique y tienen los módulos de extensión en Baragua, Aguada Grande y Moroturo en los sectores La Vega de Santa Inés y Santa Inés. Ellos dedican las tardes a la música.
Hay especial mención para los residentes del caserío La Florencia, frontera con el estado Falcón, quienes llegan tras un largo camino de tierra, siendo un recorrido de dos horas y media en moto junto a sus padres, hasta llegar a Baragua. Ellos tampoco saben de dificultades, porque es más fuerte la atracción y asumen la música como parte de su estilo de vida.

