La pérdida de árboles centenarios en Barquisimeto no ocurre de forma aislada. Detrás de cada ejemplar que desaparece hay decisiones que, según especialistas, se toman con más urgencia que planificación. Traslados fallidos, podas agresivas y talas vinculadas a proyectos urbanos han ido reduciendo una masa arbórea que por décadas formó parte del paisaje.
La arquitecta Alessandra Rangel, docente de la Universidad Central de Venezuela (UCV) núcleo Lara e integrante del equipo de estudio del censo arbóreo de la ciudad, advirtió que el problema no está únicamente en la intervención sobre los árboles, sino en la forma en que se decide intervenirlos.
«Hemos detectado planes en los que ejemplares de gran porte son removidos y supuestamente reubicados en áreas, como el Valle del Turbio sin ningún protocolo técnico», comentó Rangel.
Para Rangel, estos trasplantes suelen fracasar por falta de un manejo adecuado del cepellón, estrés hídrico y falta de seguimiento.
«Se mueven árboles para despejar construcciones, pero terminan muriendo en el olvido porque son planes improvisados que no cuentan con la asesoría de la academia ni de los gremios conocedores», sostuvo la arquitecta.
La docente explicó que los árboles centenarios están en riesgo constante, debido a que las políticas públicas se ejecutan de espaldas a la ciencia.
Indicó que no se hace un llamado a la academia (UCV y UCLA) ni a los expertos en arboricultura urbana.
Rangel resaltó que la normativa se usa muchas veces para justificar talas o trasplantes sin éxito. «Como actualmente lo viene haciendo Corpoelec y las cableras, en lugar de priorizar la conservación in situ», detalló.

Especialistas concuerdan que un árbol centenario no es un objeto que se pueda mover de sitio como un poste de luz, es un sistema biológico complejo.
Pérdida de árboles rompe equilibrio ecológico
El ambientalista Francisco Cañizales comentó que la pérdida de estos ejemplares no sólo cambia el paisaje, sino que rompe equilibrios que tardaron siglos en formarse.
«Estamos hablando de árboles que pueden tener entre 100 y 300 años. No son reemplazables, son los que sostienen el ecosistema, dan sombra, capturan carbono, protegen el suelo y sirven de hábitat para otras especies», dijo Cañizales.
Cañizales detalló que independientemente de que sea un árbol centenario o urbano, la eliminación afecta desde la microfauna del subsuelo hasta reptiles y pequeños mamíferos que dependen de estos espacios.
«Cuando se corta uno de estos árboles, no es solo el árbol es todo lo que está alrededor lo que se pierde», insistió Cañizales.
Cañizales concuerda con Rangel que muchas veces no hay protocolos; es decir, se poda o se tala sin criterios técnicos y eso agrava el daño.
Aunque reconoce que el trasplante puede funcionar, advirtió que eso depende de condiciones muy específicas, Cañizales recordó que en el pasado hubo experiencias exitosas en la ciudad, pero bajo cuidados adecuados.
El pasado mes, vecinos del norte de Barquisimeto denunciaron que una ceiba centenaria fue talada casi por completo en la vía El Trapiche, a la altura de la intersección de la Cachapera. El árbol, con más de 100 años y protegido por régimen de veda en Venezuela, quedó reducido a troncos y ramas esparcidas en el lugar.
Vecinos lamentaron la pérdida de este símbolo natural. Cortar un árbol de esta magnitud no sólo afecta el paisaje.
Para Rangel, el caos generado por la proliferación descontrolada de cableado aéreo de internet y televisión en Barquisimeto degrada el paisaje y pone en riesgo la seguridad urbana. Agregó que el punto crítico es la mutilación sistemática de árboles centenarios.

