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lunes, 8 junio 2026
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Adolescentes en riesgo: Crece la vulnerabilidad en jóvenes de Lara

En los prostíbulos del estado Lara cada vez llegan más mujeres a ofrecer servicios sexuales.  De acuerdo con lo explicado por dueños y administradores de estos locales, lo llamativo no es que esto ocurra, sino las edades en las que quieren iniciar en el mundo de la prostitución y es que, según testimonios, algunas adolescentes de 15 o 16 años muestran identificaciones falsas para tratar de ingresar en nómina.

“Hay que estar pendiente. Yo mando a revisar las cédulas con los cuerpos de seguridad para estar segura”, comenta Marina, administradora de uno de los locales más populares de Barquisimeto. La mujer señala que, en el pasado, una muchacha de 16 años empezó a trabajar en su establecimiento y hubo problemas legales.

“La necesidad las empuja. Vienen de todos lados y de todas las edades a buscar trabajo”, señala.

Los administradores de estos espacios señalan que, por mes, al menos una o dos mujeres con identificaciones falsas son detectadas tratando de ingresar a los establecimientos. Cuando son descubiertas, muchas de estas adolescentes se van a las calles y ofrecen su servicio de forma independiente.

¿Por qué las mujeres siguen viendo la prostitución como una actividad que puede generar ingresos? La respuesta está en la cantidad de clientes que siguen llegando a estos establecimientos. Aunque ciertamente la crisis económica hace que la cantidad de hombres que van a estos locales disminuya, las trabajadoras sexuales mencionan que en una buena jornada de trabajo pueden tener hasta ocho clientes.

No hay una tarifa estándar para medir la cantidad de ingresos que puede recibir una trabajadora porque, generalmente, el servicio cuesta 50 dólares pero hay casos en los que la tarifa baja a $40 o incluso $30, esto va a depender por completo de cómo vaya el día de trabajo.

Para efectos de este reportaje, el equipo periodístico del Diario de Lara, LA PRENSA, conversó con varias trabajadoras sexuales dentro de los mismos establecimientos. La investigación confirma que muchas de estas mujeres trabajan por la necesidad de mantener a sus hijos o padres. Incluso, en estos locales hay hasta profesionales trabajando.

Este medio de comunicación pudo conversar con una mujer a la que la conocen como “La Enfermera”, el apodo se debe a su profesión. Ella estudió y ejerció durante algún tiempo en centros públicos, pero al ver que el dinero no le alcanzaba y tomando en cuenta que tiene que mantener a tres niños, la dama empezó a vender su cuerpo.

La enfermera aclara que no es de Barquisimeto. Por referencia de una amiga escuchó que en la capital larense hay locales en donde puede trabajar vendiendo su cuerpo y, por medio de las redes sociales, se puso en contacto con Marina.

“Soy de Yaracuy”, dice cuando se le pregunta si no siente miedo a que alguien la reconozca trabajando. Al ser consultada sobre lo que la llevó a vender su cuerpo, la profesional relata que con la carga familiar que tiene no puede vivir con el bono de guerra que da el gobierno.

Dentro del mismo establecimiento trabaja “Lucero”, una mujer de 26 años que se vino de San Cristóbal cuando terminó su matrimonio en diciembre de 2025. Ella comenta que esta es su segunda pasantía trabajando dentro de prostíbulos, es algo que había dejado de hacer hace años, pero al tener que mantener a sus dos hijos viene cada dos semanas a Lara.

Los dueños de locales mencionan que en estos lugares trabajan mujeres de todo el país y muy pocas son del estado Lara. Al ser un tema tabú para muchas familias, las que son de Barquisimeto y deciden dedicarse a este oficio se van a otros estados.

Adolescentes y mayores se ofrecen en redes sociales

Otra de las formas que han encontrado algunas mujeres para ofrecer sus servicios sexuales son las redes sociales. En Telegram hay cuentas que se dedican únicamente a vender fotos, videos o una salida para tener relaciones. ¿Cómo promueven estos servicios en la plataforma? La respuesta es sencilla: se unen a grupos y hacen visible sus perfiles.

En grupos de gasolina o de tiendas en línea, por ejemplo, es común ver a usuarios que, como foto de perfil, tiene la imagen de una mujer desnuda. Al no haber restricciones dentro de la plataforma, las mujeres pueden fijar estados de fotografías en lencería que terminan siendo el gancho definitivo, en sus perfiles se identifican como “vendedoras de contenido”.

Aquí es donde aparecen las opciones que ofrecen a los clientes. De acuerdo con lo explicado por una de estas trabajadoras, los hombres tienen varios “paquetes” a los que pueden acceder. Si sólo quieren un cúmulo de fotos y videos, se hace una transferencia que varía entre los cinco y 10 dólares.

Si el hombre quiere una videollamada, el monto va desde los 15 a los 30 dólares, dependiendo de lo que el cliente quiera hacer. En algunos casos, las mujeres ofrecen suscripciones a canales privados. En este punto, la “mensualidad” a este espacio puede costar entre cinco y 10 dólares.

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