- Algunos de los videos de las cámaras de seguridad de los comercios son publicados en redes sociales, como una manera de advertir sobre el modus operandi.
- Con la retina densa y precisa, como la vista de un águila, así debe mantenerse todo el personal. Comerciantes de Barquisimeto implementan cámaras y personal de seguridad ante inseguridad.
Entrar a establecimientos comerciales en la avenida 20 es sentir el peso de las miradas y en ocasiones el seguimiento de quienes se desesperan por atender. En realidad, así les toca protegerse de «clientes» que hurtan mercancía, lo cual es más frecuente en este año 2026, al punto de ser común en la denuncia pública en redes sociales y que obliga a incrementar costos con personal sólo para observar, así como invertir en sistema de seguridad. Lo confirman en la Cámara de Comercio de Lara, con esta situación que atraviesa el gremio en el centro de Barquisimeto.
«De acuerdo a las posibilidades, optan por incorporar cámaras de seguridad y ubicar en lugar legible. Además del personal extra que solamente estará observando en la entrada de la tienda y otro caminando por los pasillos», señala Simón Salas, presidente de la Cámara de Comercio, lamentando lo que representa ese recargo en nómina con observadores.
Explica que en cuanto al peso de la denuncia, algunos se limitan por ser artículos de bajo valor, pero que siendo reiterativo al final de un mes se estarían hablando de varias piezas, prendas, equipos o productos que inciden en la ganancia. También reconoce que algunos de los videos de las cámaras de seguridad son publicados en redes sociales, como una manera de advertir sobre el modus operandi de este tipo de personas, siempre buscando aprovecharse de lo ajeno.

«Aprendemos a tener malicia y lamentablemente a desconfiar, siendo lo que recordamos a diario a nuestro personal, para que eviten distraerse», dice Wilmer Mora, propietario de una tienda de ropa, allí han llegado al punto de no solamente llevarse un juego de ropa interior, sino teniendo la habilidad de doblar muy bien un pantalón, que en cuestión de segundos lo ajustan en sus prendas de vestir.
Admite que no revisan las carteras ni tienen espacios para guardar bolsas, porque era una molestia para muchos que empezaban a reclamar, sintiéndolo ofensivo. Por eso, mantienen a un joven en la puerta y a otro señor (quien es más analítico y percibiendo cada movimiento con el lenguaje corporal) que se desplaza por los pasillos, incluso haciéndose pasar por otro cliente.
Comerciantes atentos a cualquier acto sospechoso
Mora confiesa que están atentos cuando llega una embarazada, más aún, cuando son mujeres que aprovechan el volumen de la barriga y la ropa materna, ideal para esconder lo sustraído y en el entendido de lo vulnerable que pueda sentirse en el estado de gestación.
También desconfían cuando llegan en pareja o un trío, con la estrategia de que alguno se dispone a distraer al personal y en ese momento es que la otra persona sirve de barrera, bloqueando la visual hacia ese tercero que está ocultando mercancía en su cuerpo.

«Hay que estar pendiente en cualquier momento, porque lo ideal es encararlos antes que salgan de la tienda. Así se le explica que si no devuelven lo sustraído, se revisarán las cámaras y será la evidencia del delito», cuenta Mora, admite que cuando atacan «las mecheras», es como si se sintieran intocables, aún siendo vista infraganti, con el producto o la prenda escondida en alguna parte de su cuerpo.
El testimonio de Marlin Briceño, encargada de un local que vende bisutería, lentes y otros artículos, coincide en esa preocupación. De hecho, su local no es tan espacioso y por eso cuentan con tres damas atendiendo, mientras otra se encuentra rondando y un joven no se mueve de la entrada, incluso estando al pendiente de alguna señal de sus compañeras, cuando observan una conducta sospechosa.
«¡Uno no entiende cómo pueden ser tan descarados!», exclama recordando que no pueden confiarse ni siquiera en el momento en que van a cancelar. Recuerda que recientemente, frente a sus ojos y con una naturalidad como si nada estuviera pasando, por poco una persona se lleva un candado que estaba entre los diversos artículos en caja. Se confían que el personal está concentrado en la cuenta y en «un abrir y cerrar de ojos», ya lo habían escondido.
En ese momento se enfrentan a lo difícil de la negación del involucrado, al punto de intentar irse, con la excusa de difamación. Pero los obligan a devolver lo sustraído, por ser una de las formas más prácticas de evitar que regrese al poco tiempo o envíe a un conocido para tales fines.
Scarlet Gallardo está al frente de una tienda de ropa íntima, explica que generalmente son seis chicas atendiendo y que en temporada alta (suele ser a final de año) cuentan hasta con nueve jóvenes. También empiezan con las indicaciones de estar atentas en cualquier momento, observar mucho y desconfiar ante movimientos o situaciones extrañas.
Cuando pasa algo sospechoso, notifican a los dos chicos que se encuentran en la puerta principal. Siempre con malicia y con respeto, porque recalcan que no pueden generalizar, sembrando la sospecha en todos los clientes.
Con la retina densa y precisa, como la vista de un águila, así debe mantenerse todo el personal. Conscientes de que no deben limitarse al descubrimiento en cámara de seguridad, sería a destiempo.
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