- Durante los primeros seis meses de 2026, la imprudencia del peatón y el desconocimiento de las normas básicas causaron 71 muertes por atropello.
- Especialistas instan a retomar la educación vial y exigen mayor responsabilidad ciudadana en las calles.
Peatones distraídos o confiados en que la responsabilidad sólo recae en conductores, es la situación común en las principales calles de la ciudad, muchas veces por descuido, ignorar nociones básicas de seguridad vial y -sin proponérselo- induciendo a los niños al irrespeto de la norma. Un escenario con 71 muertos y 92 lesionados, registrados por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) durante el primer semestre del año 2026, por la falta de ciudadanía con educación vial e imprudencia que olvida su vulnerabilidad.
Rosibel González, coordinadora del OSV, señala la falta de convivencia vial evidenciado en estas 71 víctimas arrolladas, en un año que inició con el mes de enero con 52 arrollados, de los cuales murieron 13 personas y entre febrero y marzo sumaron 27 decesos. Los adultos mayores encabezaron esta lamentable lista del trimestre.
«La baja percepción del riesgo por falta de fiscalización, los lleva a ignorar lo vulnerable que son frente al ecosistema vial», señala González, en un ambiente que generalmente se asocia con la imprudencia y el exceso de confianza. Son casos tan comunes que se aprecian cuando no atraviesan la calle por el rayado peatonal, ni siquiera estando a poca distancia y por comodidad, evitan cumplir con la norma.
Otras referencias comunes es cuando no se respetan las señales del semáforo y algunos se atraviesan, teniendo el carro a poca distancia. Algunos intentan correr y tratan de adelantar, pero hay una mayoría de excepciones que ni siquiera voltean para calcular la distancia ganada por el auto o motocicleta. No les importa y son transeúntes en el errado entendido de que los conductores deberían frenar, incluso hasta detenerse.

Obstáculos en la vía y la vulnerabilidad del peatón
Un riesgo que no entiende de posibilidades que el chofer se encuentre entretenido respondiendo una conversación por un chat, hablando por teléfono, discutiendo con el acompañante o pierda el control, impidiéndole frenar debido a una falla mecánica. Son circunstancias tan diversas que pueden terminar en un accidente.
De hecho, tampoco justifica cuando los peatones bajan de la acera, debido a que dicho espacio está invadido por los vendedores de la economía informal, así como productos o mercancía de comerciantes. «No hay necesidad de caer en el descuido, porque las personas deben estar en alerta frente al peligro, considerando que deben tratar de bordear el obstáculo», precisó.
En ese particular, cuando también se peca de imprudencia, Lucia Linares, especialista en seguridad vial, recuerda que está prohibido reservarse espacios en la vía pública, porque dependiendo de las dimensiones obligaría a caminar por la calle y expone al peligro a personas con discapacidad visual, que pueden tropezar y terminar -prácticamente- encima de los vehículos.
Pero como ciudadanos, está la responsabilidad de acatar las reglas y no afectar el orden urbano. Linares no entiende cómo es que todavía hay algunos transeúntes ignorando los semáforos en la avenida 20, en pleno centro de Barquisimeto.

Llamado a la conciencia vial y la prevención
«Se acude al mínimo sentido común, relacionando con la prudencia y el peligro, exigiendo el cumplimiento de normas tan simples como cruzar por el rayado peatonal, respetar las indicaciones del semáforo y no atravesarse», recalca Linares, sin olvidar lo inoperativas que terminan siendo las pasarelas, cuando las personas tienen la premura de tiempo o simplemente, no desean subir tantos escalones, aunque significa la seguridad en vías muy transitadas, tales como avenidas principales e intercomunales. Son muy útiles, cercanas a planteles educativos y asegurar la integridad de los estudiantes.
Tal contexto, podría contrarrestarse con la reactivación de brigadas de tránsito, como una campaña informativa y de sensibilización permanente, para orientar no sólo a los conductores sino también recordar el grado de responsabilidad de los transeúntes. Con orientación más allá de charlas, sino también con habladores u otras alternativas para motivar la conciencia en seguridad vial.
Finalizan cuestionando que las infracciones no se pueden normalizar y los padres o adultos no pueden inducir a los niños al desacato de las reglas, lo cual puede exponer la vida y vulnerar los derechos en la infancia.
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